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Enero 24, 1932
Cada visita de Jesús es portadora de verdades celestiales. Quien vive
en la Divina Voluntad está bajo la lluvia del acto nuevo de Dios.
Ejemplo de la flor. Cada acto hecho en la Divina Voluntad
es un escalón. Oficio de madre.
(1) Me sentía toda pensativa sobre las tantas verdades que Jesús bendito me ha dicho sobre
su Divina Voluntad, y mientras sentía en mí el sagrado depósito de sus verdades, sentía al
mismo tiempo un santo temor del cómo las custodiaba en mi pobre alma, y muchas veces
malamente expuesto, sin la atención que conviene a verdades que contienen valor infinito, y ¡oh!
cómo quisiera imitar a los bienaventurados, que mientras conocen tanto de la Divina Voluntad,
no dicen nada a ninguno de los pobres viadores, se las tienen todas con ellos, se beatifican, se
felicitan, pero de allá arriba no mandan ni siquiera una palabra para hacer conocer una sola
verdad de las muchas que conocen. Pero mientras esto pensaba, mi amable Jesús, visitando
mi pequeña alma, todo bondad me ha dicho:
(2) “Hija mía, cada palabra que te he dicho sobre mi Divina Voluntad, no han sido otra cosa
que tantas visitas que te he hecho, dejando en ti la sustancia del bien que cada una de mis
palabras contiene, y no fiándome de ti, porque tú eres incapaz de custodiar una sola palabra
mía, me dejaba Yo en custodia del valor infinito de mis verdades que ponía en tu alma. Por eso
tus temores no son justos, estoy Yo en guardia de todo, son verdades celestiales, cosas de
Cielo, desahogos de amor reprimidos de mi Voluntad, y de tantos siglos. Y antes de decidirme
a hablarte, ya me había decidido a quedarme en ti para custodiar lo que ponía en ti, tú entras en
el orden secundario, el primer custodio soy Yo. Ahora, siendo estas mis visitas portadoras de
cosas celestiales, te las llevarás contigo a la patria celestial como triunfo de mi Voluntad, y como
garantía de que su reino no sólo vendrá sobre la tierra, sino que ha establecido el principio de
su reinar. Aquellas que quedarán sobre el papel quedarán como memoria perenne de que mi
Voluntad quiere reinar en medio a las humanas generaciones, y serán estímulos, incitaciones,
súplicas divinas, fuerza irresistible, mensajeros celestiales, conductores del reino de mi Fiat
Divino, y también reproches potentes a quien debería ocuparse en hacer conocer un bien tan
grande, y que por indolencia y por vanos temores no las dejarán girar por todo el mundo, a fin
de que lleven la jubilosa nueva de la era feliz del reino de mi Voluntad. Por eso abandónate en
Mí y déjame hacer”.
(3) Después continuaba mis actos en la Divina Voluntad, en la cual todo lo que ha hecho en
la Creación está todo en acto, como si ahora la estuviera creando, para darlas como desahogo
de su amor a la criatura, y como soy demasiado pequeña no puedo tomarlas todas juntas, y voy
poco a poco hasta donde puedo llegar; y el divino amor me espera en cada cosa creada para
repetir y duplicar el acto creante y decirme: “Mira cuánto te amo, para ti las creé, por ti conservo
el acto creante en acto, para decirte no sólo con palabras, sino con los hechos: ‘Te amo’, te
amo tanto que estoy ahogado de amor, ansío, deliro, porque quiero ser amado, tanto, que con
crear la Creación antes que a ti, te preparaba el camino todo de amor, con mantener el acto
creante en acto, te digo a cada instante te amo y quiero amor”. Por eso yo recorría las cosas
creadas, para no dejar doliente al artífice amoroso por no haber yo recibido su amor que había
puesto en cada cosa creada, y que lo había puesto por mí, y habiendo llegado al acto exuberante
del amor de la creación del hombre, yo me sentía bajo la lluvia de este amor intenso, y mi
siempre amable Jesús me ha dicho: