(2) “Hija bendita, ánimo, no te aflijas demasiado, por ahora quiero que tu Cielo sea mi Divina
Voluntad, Ella será tu patria celestial en la tierra, y no dejará de felicitarte y de darte las puras
alegrías de allá arriba; donde Ella reina tiene múltiples modos para dar nuevas sorpresas de
alegrías, de contentos, para hacer que el alma que la posee pueda gozar su paraíso en la tierra,
y por eso ahora toma modos dominantes, y su dominio se extiende en la mente, en la palabra,
en el corazón, en todo el ser de la criatura, hasta en el más pequeño movimiento, y ¡oh! cómo
es dulce su dominio, es dominio y vida, es dominio y fuerza, es dominio y luz que se hace
camino, y su luz aleja las tinieblas, quita las barreras que pueden impedir el bien, y su dominio
pone en fuga a los enemigos, en suma, la criatura se siente llevada por el dominio de la Divina
Voluntad, y mientras es dominada queda dominadora de sí misma, de sus actos y de la misma
Divina Voluntad que mientras domina e impera, es tanta su suavidad, fuerza y dulzura, que se
funde con la criatura y quiere que domine junto, porque su dominio es pacífico, y a todos los
actos que hace la criatura da su beso de paz dominante. Este beso, suavidad y dulzura raptan
la voluntad humana en la Divina y extienden el dominio juntos para formar el reino divino en el
fondo del alma. No hay cosa más bella, más querida, más grande, más santa, que sentir correr
el dominio de mi Voluntad en todos los actos, y en todo el conjunto de la criatura, podría decir
que el Cielo queda atrás ante el dominio de mi Voluntad en el corazón de la criatura viadora,
porque en los santos no tiene nada qué agregar, no queda otra cosa que hacerlos felices
continuamente; en cambio en el alma viadora hay obras que puede hacer, nueva vida que puede
infundir, nuevas conquistas que puede adquirir para agrandar y extender mayormente su
dominio. El dominio total de mi Voluntad Divina en la criatura es nuestra victoria continuada, por
cada acto suyo que hace en ella con su dominio, tantas victorias hacemos, y la criatura queda
vencedora de mi Divina Voluntad en sus actos; en cambio en el Cielo no tenemos nada qué
vencer, porque todo es nuestro, y cada bienaventurado cumple su trabajo en el acto de expirar,
por eso nuestra obra conquistante es sobre la tierra, en las almas viadoras, no en el Cielo; en el
Cielo no tenemos ni qué perder ni qué adquirir.
(3) Ahora, cuando mi Divina Voluntad se ha asegurado su total dominio en la criatura, toma
su modo hablante, tú debes saber que cada palabra suya es una creación, donde Ella reina no
sabe estar ociosa, y como posee la virtud creadora no sabe hablar si no crea, ¿pero qué cosa
crea? Quiere crearse a Sí misma en la criatura, quiere hacer desahogo de sus cualidades
divinas, y lo hace palabra por palabra, casi como hizo en la Creación del universo, en que no
dijo una sola palabra, sino tantas palabras por cuantas cosas distintas quiso crear. El alma nos
cuesta más que todo el universo, y cuando está segura de su dominio, no ahorra sus palabras,
más bien, conforme la criatura recibe el acto de su palabra creadora, así ensancha su capacidad
y prepara otra. Así que habla y crea la luz, habla y crea la dulzura, habla y crea la fuerza divina,
habla y crea su día de paz, habla y crea sus conocimientos, cada palabra suya es portadora de
creaciones del bien que Ella posee y revela; su palabra se hace anunciadora de los bienes que
quiere crear en el alma. ¿Quién puede decirte el valor que posee una sola palabra de mi Divina
Voluntad? ¿Y cuántos cielos, mares de riquezas, variedad de bellezas pone en la afortunada
criatura que posee su dulce y feliz dominio?
(4) Ahora, después del trabajo surge la alegría, la felicidad. Mi Voluntad por su naturaleza
está llena de alegrías innumerables, Ella ve a la criatura que se ha prestado a recibir la creación
de sus palabras y, ¡oh! cómo se siente feliz, porque ve que cada creación recibida da a luz una
alegría y felicidad sin fin, y Ella pasa del modo hablante al modo felicitante, y para hacer que la
criatura goce de más, no se aparta, no, sino que se felicita junto, y para hacerla gozar más, le
va explicando la naturaleza y diversidad de las alegrías que ha creado en su alma sólo porque
la ama y quiere verla feliz, y como las alegrías, la felicidad, en la soledad no son plenas, parece
que mueren, por eso me deja junto contigo para poderte felicitar siempre y preparar las nuevas
alegrías con el trabajo de mi palabra creadora. Por eso nuestra única fiesta y felicidad que
tenemos sobre la tierra, es el alma que se hace poseer por el dominio de mi suprema Voluntad,