a quien la debe adquirir; y quien debe adquirirla es necesario que dé los anticipos, haga los
compromisos relevantes para comprometer a aquél que debe ceder la propiedad, a fin de que
no pueda retractarse.
(3) Ahora, hija bendita, queriendo dar el reino de mi Divina Voluntad, es necesario que tú gires
en sus propiedades divinas, y Yo, llevándote de la mano, te hago conocer sus mares
interminables, los bienes, los prodigios, las maravillas sorprendentes, las alegrías, las
felicidades, cosas todas de valor infinito que posee, a fin de que tú conociéndolo lo ames, y te
enamores tanto, que no sólo no sabrías vivir si él, sino que darías la vida para adquirir un reino
tan santo, pacífico y bello. Pero no es todo aún, se requiere tu parte, tus garantías, tus anticipos
y compromisos. Y nuestro amor y bondad es tanta, que quieren dar nuestra Voluntad como
propiedad que le pertenece a la criatura, que pone a su disposición lo que Ella ha hecho, a fin
de que se sirva de ello como garantías y compromisos equivalentes para recibir un don tan
grande. Ahora, cuando tú giras en la Creación y ves el cielo y te regocijas al ver la bella bóveda
azul tapizada de estrellas, el sol rebosante de luz, y reconozcas y sientas al Fiat Divino palpitante
todavía, que lo ha creado por amor de las criaturas, y tú haciendo salir de tu corazón tu pequeño
amor, ama a Aquél que tanto te ha amado, tu amor se sella en el acto del cielo, en la luz del sol,
y nos da como prenda el cielo, por anticipo las estrellas, por compromiso el sol, porque fue
creado para ti, y basta que poseas como vida tuya nuestra Voluntad, y ya todo es tuyo y puede
ser el válido compromiso para obtener su reino. Y así conforme gires en todas las otras cosas
creadas, las reconozcas y nos ames, y cuantas veces repitas tus giros, tantas veces repites las
prendas, haces los compromisos, y nos comprometes a disponer las cosas, a dar gracias,
ayudas, para dar como reino el gran don del Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra.
Nosotros sabemos que la criatura no tiene qué darnos, y nuestro amor se impone para darle
nuestros actos como si fueran suyos, poniendo en sus manos nuestras obras como moneda
divina, para que tenga medios suficientes para poder contratar con nuestro Ser Supremo. Pero
si no tiene nada, tiene su pequeño amor, desprendido del nuestro en el acto de crearla, por eso
tiene una partecita del amor infinito de Dios, y cuando la criatura nos ama, pone el infinito en
actitud, sentimos la fuerza magnética de la partecita de nuestro amor infinito, que haciéndose
sentir nos ama en ella, se eleva, se extiende, llega hasta Nosotros y quiere entrar en el infinito
de donde salió, ¡oh! cómo nos rapta, y en el ímpetu de nuestro amor decimos: ‘¿Quién puede
resistir a la fuerza de nuestro amor infinito que sale de la criatura y nos ama?’ Dar cielos y tierra
nos parece poco para corresponderla por su pequeño amor, que si bien es pequeño, posee la
partecita del infinito, y esto nos basta. ¡Oh! cómo es dulce y querida la preciosa prenda del amor
de la criatura, y como no hay cosa que en el giro de los siglos no haya salido de nuestra Voluntad,
tu girar en la creación del hombre es una visita que le haces, para conocer lo que obró, y conocer
en qué mares de gracias, de santidad, de amor fue puesto en el acto de ser creado, y tú quisieras
hacer todo tuyo aquel amor para amarnos, y nos comprometes con los mismos actos con los
cuales creamos al hombre. Y así cuando giras en la creación de la Virgen, en sus mares de
gracias, en mi venida a la tierra y en todo lo que Yo hice y sufrí, tú pones por compromiso a la
Reina del Cielo, mi misma Vida y todos mis actos. Mi Voluntad es todo, y para darse a la criatura
quiere ser reconocida, quiere tener qué hacer, quiere contratar con ella, y cuanto más la visites
en sus actos, tanto más se encuentra empeñada y comprometida y comienza el desembolso de
su capital; todas las verdades, los conocimientos que te he dado sobre la Divina Voluntad, ¿no
ha sido acaso capital que he puesto en tu alma? Y es tan exuberante, que puede llenar de luz,
de amor, de santidad, de gracias, de paz, todo el mundo entero, ¿y no ha sido acaso después
de un giro que has hecho en sus actos, que ya te esperaba con todo amor para darte sus prendas
y anticipos de que su reino habría venido sobre la tierra? Tú dabas tus prendas y mi Fiat te daba
las suyas, se puede decir que cada verdad y palabra que decía respecto a Él, eran disposiciones
que tomaba de cómo formar este reino, leva que llamaba para formar su ejército, capital que
desembolsaba para mantenerlo, alegrías y delicias para atraerlos, fuerza divina para vencerlos,
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