que no son otra cosa que los reflejos de nuestros pensamientos, de nuestras acciones, y así de
lo demás, que ha formado la variedad de nuestros colores divinos, y nuestra Voluntad que hace
alarde de luz en los actos de la criatura, que con su dulce encanto nos rapta y nos hace
espectadores de nuestros actos, y ¡oh! cómo esperamos con todo amor la repetición de estas
escenas tan bellas y deleitables”.
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30-11
Enero 7, 1932
La Divina Voluntad puede ser querida, ordenada,
obrante y cumplida. Ejemplo: La Creación.
(1) Continúo siguiendo al Querer Divino, lo siento siempre sobre de mí, en acto de encerrase
en mis actos para tener el contento de decirme: “Tu acto es mío, porque dentro está mi Vida
que lo ha formado”. Me parece que con una paciencia invicta, pero paciencia amorosa, dulce,
amable, que rapta mi pobre alma, numera, observa cuando debo obrar, dar un paso y lo demás,
para encerrar su Vida obrante y el mover su paso en el mío, como si se quisiera encerrar en mi
acto, si bien permanece inmensa cual es. ¿Pero quién puede decir lo que experimento y siento
bajo el imperio de la Divina Voluntad? Soy siempre la pequeña ignorante que apenas sé decir
el a, b, c, de la Divina Voluntad. En muchas cosas me faltan las palabras, mientras que mi
mente está llena y quién sabe cuántas cosas quisiera decir, pero hago por decirlo y no encuentro
las palabras para expresarme, y por eso sigo adelante. Después, mi dulce Jesús,
sorprendiéndome me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Voluntad tiene modos sorprendentes y diferentes de obrar, y obra según las
disposiciones de las criaturas. Muchas veces hace conocer lo que Ella quiere, pero deja a
decisión de las criaturas el hacerlo o no hacerlo, y ésta se llama Voluntad querida. Otras veces,
al querer agrega la orden, y da gracias duplicadas para hacer que se cumpla dicha orden, y esto
es de todos los cristianos, el no hacer esto significa no ser ni siquiera cristianos. El otro modo
es obrante, en éste, desciende en el acto de la criatura y obra como si el acto de la criatura fuera
acto suyo, y por eso como acto suyo pone en él su Vida, su santidad, su virtud operativa; pero
para llegar a esto, el alma debe estar habituada a la Voluntad querida y ordenada, éstas
preparan el vacío en el acto humano para recibir el acto obrante del Fiat Divino, pero no se
detiene ahí, el acto obrante llama al acto cumplido y completo, y éste es el acto más santo, más
potente, más bello, más refulgente de luz que puede hacer mi Divina Voluntad, y siendo su acto
completo, todo lo que ha hecho viene encerrado en este acto, de modo que se ve correr y
encerrado en él: El cielo, el sol, las estrellas, el mar, las bienaventuranzas celestiales, todo y
todos”.
(3) Y yo como sorprendida: “¿Pero cómo puede ser que un solo acto pueda encerrar todo?
Parece increíble”.
(4) Y Jesús ha agregado: “¿Cómo que increíble? ¿No puede acaso mi Voluntad hacer todo
y encerrar todo, tanto en el grande como en el más pequeño acto? Tú debes saber que en los
actos cumplidos de mi Voluntad, entra la inseparabilidad de todo lo que ha hecho y hará, de otra
manera no sería un acto solo, sino que estaría sujeto a sucesión de actos, lo que no puede ser,
ni en nuestro Ser Divino, ni en nuestra Voluntad, y la Creación es un ejemplo palpable: Todas
las cosas creadas son inseparables entre ellas, pero distintas una de la otra, mira el cielo, acto
cumplido del Fiat, el cual por la parte de arriba sirve de escabel a la patria celestial, donde corren
todas las felicidades y alegrías, ocupado por todos los ángeles y santos y donde formamos
1823 sig