tener junto Conmigo quién me las proteja y defienda. ¡Oh! cómo es dulce la compañía de quien
tiene cuidado de las vidas salidas de Mí, me es tan grato, que hago, a quien vive en mi Voluntad,
depositaria de la creación de las almas, canales por los cuales las hago salir a la luz, y canales
para hacerlas entrar de nuevo a nuestra patria celestial. Todo quiero dar a quien quiere vivir en
mi Fiat, su compañía, necesidad a mi amor, a mis desahogos y a mis obras, que quieren ser
reconocidas; hacer y no ser reconocidas, son como obras que no saben producir triunfo, ni
cantar victoria y gloria. Por eso no me niegues tu compañía, negarías un desahogo de amor a
tu Jesús, y a mis obras les faltaría el cortejo y el contento de la criatura, y quedarían como obras
aisladas, y mi amor contenido se cambiaría en justicia”.
(3) Después de esto estaba pensando en el nacimiento del Niñito Jesús, especialmente en el
acto cuando salió del seno materno, y el celestial Infante me ha dicho:
(4) “Hija queridísima, tú debes saber que en cuanto salí del seno de mi Mamá sentí la
necesidad de un amor y afecto divinos. Yo dejé a mi Padre Celestial en el Empíreo, que nos
amábamos con amor todo divino, todo era divino entre las Tres Divinas Personas: Afectos,
santidad, potencia, y así de lo demás. Ahora, Yo no quise cambiar modos viniendo a la tierra,
mi Divina Voluntad me preparó la Madre Divina, de modo que tuve Padre Divino en el Cielo, y
Madre Divina en la tierra, y en cuanto salí del seno Materno, sintiendo extrema necesidad de
estos afectos divinos, corrí a los brazos de mi Mamá para recibir, como el primer alimento, el
primer respiro, el primer acto de vida a mi pequeñita humanidad, su amor divino, y Ella hizo salir
de Sí los mares de amor divino que mi Fiat había formado en Ella, y me amó con amor divino,
como me amaba mi Padre en el Cielo. Y ¡oh! cómo estuve contento, encontré mi paraíso en el
amor de mi Mamá. Ahora, tú sabes que el verdadero amor jamás dice basta, si pudiera decir
basta perdería la naturaleza del verdadero amor divino, y por eso, desde los brazos de mi Madre,
mientras tomaba el alimento, el respiro, el amor, el paraíso que Ella me daba, mi amor se
extendía, se hacía inmenso, abrazaba los siglos, buscaba, corría, llamaba, deliraba, porque
quería las hijas divinas, y mi Voluntad para tranquilizar a mi amor, me presentó a mis hijas
divinas, que en el transcurso de los siglos me habría formado, y Yo las miré, las abrasé, las amé
y recibí el respiro de sus afectos divinos, y vi que la Reina Divina no habría quedado sola, sino
que habría tenido la generación de mis y sus hijas divinas. Mi Voluntad sabe cambiar y dar la
transformación y formar el noble injerto de humano en divino. Por eso cuando te veo obrar en
Ella, me siento dar y repetir el paraíso que me dio mi Mamá cuando de niño me recibió en sus
brazos. Quien hace y vive en mi Divina Voluntad, hace surgir y forma la dulce y bella esperanza
de que su reino vendrá sobre la tierra, y Yo me deleitaré en el paraíso de la criatura que mi Fiat
ha formado en ellas”.
(5) Y mientras mi mente continuaba pensando en lo que Jesús me había dicho, con un amor
más intenso y tierno ha agregado:
(6) “Mi buena hija, nuestro amor corre continuamente hacia la criatura, nuestro movimiento
amoroso que no cesa jamás corre en el latido del corazón, en los pensamientos de la mente, en
el respiro de los pulmones, en la sangre que circula, corre, corre siempre y vivifica con nuestra
nota y movimiento de amor el latido, el pensamiento, el respiro, y quiere el encuentro del amor
palpitante, del respiro amante, del pensamiento que recibe y nos da amor, y mientras nuestro
amor corre con rapidez inalcanzable, el amor de la criatura no se encuentra con el nuestro, se
queda atrás, y no sigue la carrera de nuestro amor que corre sin jamás detenerse, y no
viéndonos ni siquiera seguir mientras continuamos a girar en el latido, en el respiro, en todo el
ser de la criatura, delirantes exclamamos: ‘Nuestro amor no es conocido, ni recibido, ni amado
por la criatura, y si lo recibe es sin conocerlo’. ¡Oh! cómo es duro amar y no ser amado. Sin
embargo si nuestro amor no corriera, cesaría al instante la vida de ellas; sucedería como al reloj:
si tiene cuerda hace oír su tic tac, y admirablemente señala las horas y los minutos, y sirve para
mantener el orden del día, el orden público, si termina la cuerda, el tic tac no se oye más, queda
detenido, como sin vida, y puede haber muchos desordenes por causa del reloj que no camina.