La cuerda de la criatura es mi amor, que conforme corre esta cuerda celestial, late el corazón,
circula la sangre, forma el respiro, se pueden llamar las horas, los minutos, los instantes del reloj
de la vida de la criatura, y al ver que si no hago correr la cuerda de mi amor, no pueden vivir, y
no obstante que no soy amado, mi amor continúa su curso, pero poniéndose en actitud de amor
doloroso y delirante. Ahora, ¿quién nos quitará este dolor y endulzará nuestro delirio amoroso?
Quien tendrá por vida nuestra Divina Voluntad. Ella como vida formará la cuerda en el latido,
en el respiro y así de lo demás de la criatura, formará el dulce encuentro con nuestro amor, y
nuestra cuerda y la de ellas caminarán juntas. Nuestro tic continuo será seguido del tac de ellas,
y nuestro amor no estará más solo en el correr, sino que tendrá su curso junto con la criatura.
Por eso no quiero otra cosa, que Voluntad mía, Voluntad mía en la criatura”.
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30-10
Enero 3, 1932
Certeza de la venida del reino de la Divina Voluntad a la tierra. Todas
las dificultades se derretirán como nieve frente a un sol ardiente.
La voluntad humana es la estancia oscura de la criatura.
(1) Mi abandono continúa en el Fiat Divino, pero me sentía preocupada por el pensamiento,
¿cómo podrá venir este reino de la Voluntad Divina? El pecado abunda, los males empeoran,
las criaturas me parecen indispuestas para recibir un bien tan grande, tanto, que no hay alma,
por cuan buena fuera, que verdaderamente quiera ocuparse en hacer conocer lo que respecta
a la Divina Voluntad. Si Dios no obra un prodigio de su Omnipotencia, el reino del Fiat Divino
podrá estar en el Cielo, pero para la tierra es inútil pensarlo. Mientras esto y otras cosas
pensaba, mi amado Jesús haciendo su acostumbrada visita a mi alma me ha dicho:
(2) “Hija mía, todo es posible para Nosotros. Las imposibilidades, las dificultades, los
obstáculos insuperables de las criaturas, se disuelven ante nuestra Majestad Suprema como
nieve frente a un sol ardiente; todo está en si Nosotros queremos, todo lo demás es nada. ¿No
sucedió así en la Redención? El pecado abundaba más que nunca, apenas un pequeño núcleo
de gente suspiraba al Mesías, y en medio de este núcleo, cuántas hipocresías, cuántos pecados
de todas las especies, frecuentemente idolatraban, pero estaba decretado que Yo debía venir a
la tierra, y frente a nuestros decretos, todos los males no pueden impedir lo que queremos hacer.
Un acto solo de nuestra Voluntad nos glorifica más de lo que nos ofenden todos los males y
pecados que cometen las criaturas, porque nuestro acto de Voluntad es divino e inmenso, y en
su inmensidad abraza toda la eternidad, todos los siglos, se extiende a todos; por eso no es de
nuestra infinita sabiduría el no dar vida a un solo acto de nuestra Voluntad por los males de las
criaturas, Nosotros nos ponemos de nuestro lado divino y hacemos lo que debemos hacer, y a
las criaturas las dejamos en el lado humano, y haciendo de Soberanos, señoreamos todo y a
todos, aun sobre el mal, y ponemos fuera nuestros decretos.
(3) Ahora, así como fue decreto nuestro mi venida sobre la tierra, así es decreto nuestro el
reino de nuestra Voluntad sobre la tierra, más bien se puede decir que el uno y el otro es un solo
decreto, y que habiendo cumplido el primer acto de este decreto, nos queda por cumplir el
segundo. Es verdad que nos sujetamos a la buena disposición de las criaturas para dar el gran
bien que puede producir un acto de nuestra Voluntad, y por eso, a lo más tomamos tiempo y
nos abrimos camino en medio a sus males para disponerlos. Es verdad que los tiempos son
tristes, los mismos pueblos están cansados, se ven cerrados todos los caminos, no encuentran
caminos de salida, aun para los necesarios medios naturales, las opresiones, las exigencias de