divinos, para dar una nueva forma, un modo de vida todo nuevo a la criatura, y poder recibir, no
obras de ella, sino en cada acto suyo, vida formada en nuestra misma Vida. Esta es la causa
de mi tanto hablar sobre mi Voluntad, la fuerza de mi palabra creadora las dispondrá, les dará
el deseo, cambiará la voluntad humana, y sabiendo que quiero abrir las puertas, tocarán, y Yo
rápido les abriré a fin de que Yo mismo quede satisfecho, y tenga mi pueblo afortunado que me
dará a cambio de mi Vida que he dado por ellos, su vida a cambio de la mía. Jamás he hablado
sin obtener nada, o en vano, hablé en la Creación, y mi palabra sirvió para formar las cosas
admirables de todo el universo, hablé en la Redención, y mi palabra, mi Evangelio, sirve de guía
a mi Iglesia, sirve de luz, de sostén, se puede decir que mi palabra es la sustancia y mi Vida
palpitante en el seno de la Iglesia. Ahora, si he hablado y hablo todavía sobre mi Divina
Voluntad, no será en vano, no, sino que tendré sus admirables efectos, y la Vida de mi Voluntad
conocida, obrante y palpitante en medio a las criaturas. Por eso déjame hacer y Yo dispondré
las cosas de modo que mi palabra no será palabra muerta, sino viva, que dará vida con todos
sus admirables efectos. Mucho más, que estos nuestros campos y mares celestiales harán de
madre a las almas afortunadas que quieran vivir en ellos, las educarán en modo divino, las
nutrirán con alimentos exquisitos tomados de la mesa celestial y las crecerán de manera noble
y santas, que en todos sus actos, pasos y palabras se verá claramente escrito: ‘Son similares
a su Creador’. Dios oirá la melodía de su voz en la palabra de ellas, su potencia en sus obras,
su dulce movimiento de los pasos que corren junto a todos porque los quiere consigo, en los
pasos de ellos, y como raptado dirá: ‘¿Quién es quien me asemeja? ¿Quién sabe imitar mi voz
dulce, armoniosa y fuerte de poder sacudir Cielo y tierra? ¿Quién tiene tanta fuerza de raptarme
en sus obras para hacerme obrar junto con ella? ¿Quién es? ¿Quién es?’ ¡Ah! es quien vive
en nuestros campos divinos, es justo que nos asemeje en todo, por cuanto a criatura es posible,
es nuestra hija, y basta, dejémosla que nos imite, que nos asemeje, será nuestra gloria de
nuestra obra creadora, la suspirada de su Padre Celestial, estas almas formarán la nueva
jerarquía en la patria celestial, donde hay un puesto reservado para ellos, que a ningún otro es
dado ocupar”.
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30-9
Diciembre 25, 1931
Deseo de Jesús de la compañía de la criatura. Extrema necesidad del
niño Jesús de ser amado con amor divino por su Madre Celestial.
(1) Me siento como inundar por el mar de luz de la Divina Voluntad, ¡oh! cómo quisiera ser en
verdad el pececito en este mar, de modo de no ver mas que luz, tocar, respirar, vivir de luz, ¡oh!
cómo sería feliz de oírme decir que soy la hija del Padre Celestial. Pero mientras esto y otras
cosas pensaba, mi querida vida, el dulce y soberano Jesús, visitando mi pequeña alma, hacía
ver que de dentro de su adorable persona salían mares de luz interminable, y de dentro de ella
salían almas que poblaban la tierra y todo el Cielo, y Jesús llamándome me ha dicho:
(2) “Hija mía, ven en esta luz, aquí te quiero, la virtud de mi luz, su movimiento como fuente
de vida, no hace otra cosa que hacer salir de dentro de su seno de luz almas, es decir, vida de
criaturas, su potencia es tanta, que conforme se mueve hace salir almas, y Yo quiero a mi amada
junto Conmigo, en el seno de mi luz, es decir de mi Voluntad, porque conforme las almas vengan
formadas y salgan fuera, no quiero estar solo, quiero tu compañía a fin de que reconozcas el
gran portento de la creación de las almas, nuestro amor excesivo, y como te quiero en mi
Voluntad quiero ponerlas en ti, confiártelas, no dejarlas solas mientras peregrinan la tierra, quiero
1819 sig