hizo y hace mi Voluntad en la Creación, y lo que hizo en la Redención, y Yo seré magnánimo y
nada te negaré de lo que te hago conocer. Es más, debes saber que si no me detengo ahora
para hacerte de maestro, para hacerte conocer tantas otras cosas que me pertenecen, es porque
quiero darte todavía lo que te hago conocer. No quedaría contento si no tuviese qué dar, y
siempre cosas nuevas para dar a mi hija, por eso espero con ansia que pongas en su lugar en
tu alma lo que has conocido, a fin de que lo tengas como cosa tuya, y mientras las pones en su
lugar, para ayudarte a ordenarlas te voy acariciando, modelando, fortificándote, ensancho tu
capacidad, en suma renuevo lo que hice en la creación de la primera criatura. Mucho más que
siendo cosas mías que tú has conocido y que quiero ponerlas en ti, no quiero fiarme de ninguno,
ni siquiera de ti, quiero ser Yo mismo, con mis mismas manos creadoras preparar el lugar y
ponerlas en ti, y para tenerlas seguras las circundo con mi amor, con mi fuerza y pongo por
guardia mi luz. Por eso sé atenta, no dejes escapar nada, y así me darás el campo para poderte
hacer las más bellas sorpresas”.
(3) Después de esto, mi pequeña inteligencia continuaba navegando el mar interminable de
la Divina Voluntad, y mi sumo Bien Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, Nosotros tenemos campos y mares divinos interminables, que están llenos de
alegrías, de bienaventuranzas, de bellezas encantadoras de toda especie, y poseen la virtud de
hacer surgir alegrías siempre nuevas y bellezas tales, que una no asemeja a la otra, pero en
estos nuestros mares y campos divinos, aunque hay cosas y bienaventuranzas innumerables,
no tenemos vidas que palpiten, mientras que Nosotros somos vida y latido de todo, también de
nuestras alegrías; nos falta el latido de la criatura que palpite en el nuestro y como vida llenen
estos nuestros campos y mares innumerables. Ahora, ¿quieres tú saber quién nos da su vida,
no una cosa nueva, pues tenemos tantas? Quien viene a vivir en nuestra Voluntad, porque Ella,
desbordando de Nosotros nos forma nuestros campos y mares divinos, llenos de todas las
felicidades posibles e imaginables, y la criatura viene a ellos como vida, y tenemos el gran
contento y la gran gloria que nos puede dar una vida, y si bien esta vida ha salido de Nosotros,
pero es libre de estar o no estar en nuestros campos divinos, y ella pierde, sacrifica su libertad
humana, y en nuestra Voluntad toma la libertad divina, y como vida vive en nuestros campos y
mares sin confines. Y ¡oh! cómo es bello ver esta vida que agranda su puesto en medio a los
apretados grupos de nuestras felicidades y alegrías, y en ellas arroja su semilla, su grano de
trigo, imagen de su voluntad que ahí forma su espiga, tan alta, pero como realidad, y no
aparente, de la vida palpitante y obrante en nuestro campo celestial, o bien como pececito,
símbolo también de su voluntad, que como vida palpita, nada en nuestro mar, vive y se nutre,
se entretiene, nos hace miles de bromas y recrea, no como alegría sino como vida, a su Creador.
Hay gran diferencia entre aquellas que nos pueden dar nuestras alegrías, y aquellas que nos
puede dar una vida. Y por esto podemos decir: ‘Nuestros campos están desiertos, nuestros
mares están sin peces’. Porque falta la vida de las criaturas para llenarlos, para poder dar y
recibir vida por vida, pero vendrá el tiempo que estarán llenos, y tendremos el pleno contento y
la gran gloria de tener en medio a nuestras muchas alegrías, multitudes de vidas que vivirán
dentro de estos campos y nos darán vida por vida.
(5) Ahora, tú debes saber que estos nuestros campos y mares están a disposición de aquellos
que viven en la tierra y que quieren hacer vida en nuestra Divina Voluntad, no para aquellos que
viven en el Cielo, porque ellos no pueden agregar ni siquiera una coma de más de lo que han
hecho, estos son las vidas gozosas en nuestros campos divinos, no las vidas obrantes, se puede
decir de ellos: ‘Lo que ha hecho ha hecho’. En cambio, son las vidas obrantes y conquistantes
de la tierra las que suspiramos, y que mientras están en la tierra entren en estos nuestros
campos y obren y hagan de conquistadoras en modo divino, mucho más, que desde que el
hombre pecó, salió de nuestra Voluntad, y le fueron, con justicia, cerradas las puertas de estos
nuestros campos. Ahora queremos abrir estas nuestras puertas, después de tantos siglos, a
quien quiera entrar, no forzarlas, sino libremente, para hacerlos poblar estos nuestros campos