de ella nada vacila, sino todo es firmeza y fortaleza insuperables, por eso no queremos otra cosa
sino que se haga nuestra Divina Voluntad, para encontrar en el fondo de su alma nuestro
sagrario divino, el fogón que siempre arde y jamás se apaga, la luz que forma el día divino y
perenne. Y como nuestra Voluntad cuando reina en la criatura se desembaraza de todo lo que
es humano, por eso sucede que del centro de su alma nos da actos divinos, honores divinos,
oraciones y amor divino, que poseen fuerza invencible y amor insuperable, tanto, que conforme
tú en mi Querer querías abrazar todas las obras de aquellos que están en el Cielo, y de las
criaturas que están en la tierra, para que todas pidieran que se haga la Divina Voluntad como
en el Cielo así en la tierra, todas las obras quedaban marcadas por el gran honor de pedir que
mi Fiat sea la vida de cada criatura, y que en ellas reine y domine, y nuestra Divinidad recibía el
honor más grande, que todas las obras pidieran la vida, el reino de la Divina Voluntad. Ningún
reescrito de gracia es concedido por Nosotros si no está firmado con la firma de oro de nuestro
Querer, las puertas del Cielo no se abren sino a quien quiere hacer nuestra Voluntad, nuestras
rodillas paternas no se adaptan a tomar en nuestros brazos, para hacerla reposar en nuestro
seno amoroso, sino a quien viene como hija de nuestro Querer. He aquí por esto la gran
diferencia que nuestro Ser Supremo tuvo al crear el cielo, el sol, la tierra y lo demás, con el crear
al hombre; en las cosas creadas puso un basta, de modo que no pueden ni crecer ni decrecer,
si bien les puso toda la suntuosidad, belleza y magnificencia de obras salidas de nuestras manos
creadoras, en cambio al crear al hombre, debiendo tener nuestra sede en él, y por tanto nuestra
Voluntad dominante y obrante, no puso un basta, no, sino le di virtud de hacer multiplicidad de
obras, de pasos, de palabras, pero una diferente de la otra. Nuestra Voluntad en el hombre
quedaría obstaculizada si no le diera virtud de hacer obras siempre nuevas, no sujeto a hacer
una sola obra, de decir la misma palabra, de caminar sobre un mismo camino, él fue creado por
Nosotros como rey de la creación, porque debiendo habitar en él su Creador, el Rey de reyes,
era justo que aquél que formaba la habitación a nuestro Ente Supremo, debía ser el pequeño
rey que debía dominar las mismas cosas creadas por Nosotros, y él mismo por amor nuestro
debía tener el poder de hacer no una sola obra, sino muchas obras nuevas, ciencias para poder
iniciar cosas nuevas, también para dar honor a Aquél que lo habitaba dentro, y que
entreteniéndose con él en familiar conversación, le enseñaba tantas cosas bellas que hacer y
que decir. Por eso nuestro amor al crear al hombre fue insuperable, pero tanto, que debía
arrollar todos los siglos para dar amor y pedir amor, y formar en él el reino de nuestra Divina
Voluntad. No tenemos otra mira sobre las criaturas, ni pedimos otro sacrificio, sino que hagan
nuestra Voluntad, y esto para darle el derecho de rey de sí mismo y de las cosas creadas, y para
poder habitar en él con nuestro decoro y honor como nuestra fortaleza y palacio real que nos
pertenece”.
(3) Después de esto, continuando mi abandono en el Querer Divino, mi amado Jesús ha
agregado:
(4) “Hija mía buena, tú debes saber que nuestra Voluntad tiene su Vida, su dominio, su sede,
su centro, en nuestro Ser Divino, forma una sola cosa con Nosotros y nuestra misma Vida, de
su centro emanan sus rayos plenos de su Vida que llena Cielo y tierra. Ahora quien vive en
nuestro Querer, sus actos vienen formados en el centro de su Vida, es decir en nuestro Ser
Divino, en cambio quien hace sólo nuestra Voluntad, hace también el bien, pero no vive en Ella,
sus actos son formados en los rayos que emanan de su centro. Hay diferencia entre quien
pudiera obrar en la luz que el sol expande del centro de su esfera, y entre quien pudiera subir a
su centro de luz, ésta sentiría la consumación de su ser y el resurgimiento de su ser en aquel
centro de luz, de modo que le resultaría difícil separarse de dentro de aquella esfera de luz, en
cambio los otros que obran en la luz que llena la tierra, no sienten la fuerza intensa de la luz que
los consume, ni la fuerza de resurgir en la misma luz, a pesar de que hace el bien, permanece
tal cual es. Tal es la diferencia entre quien vive y quien hace mi Voluntad; por tanto, cuantos
actos hace en Ella, tantas veces resurge a Vida Divina, y consume y muere a lo que es humano.