por eso agradécele por sus tantos cuidados maternos, y agradece a Dios que ha dado a todas
las generaciones una Madre tan santa, amable, y que ama tanto, que llega a ser la que recoge
todos los actos de ellos para cubrirlos con los suyos, y para suplir a lo que en ellos falta de bello
y de bueno”.
(4) Después continuaba mi acostumbrado giro en las cosas creadas, para seguir lo que había
hecho la Divina Voluntad en ella, y ¡oh! cómo me parecía bella y encantadora, cada vez que giro
en ella encuentro sorpresas que me raptan, noticias que antes no había entendido, el antiguo y
el nuevo amor de Dios que jamás se cambia. Pero mientras mi mente se extendía en los
horizontes de la Creación, mi amable Jesús sorprendiéndome ha agregado:
(5) “Mi pequeña hija de mi Querer, cómo son bellas nuestras obras, ¿no es verdad? Todo es
solidez, equilibrio perfecto, inmutabilidad que no está sujeta a cambiarse ni puede mudarse.
Mira, toda la Creación dice y revela nuestro Ser Divino, nuestra firmeza en nuestras obras,
nuestro equilibrio es universal en todas las cosas, y por cuantas cosas agradables y
desagradables pueden suceder, nuestra inmutabilidad está siempre en su puesto de honor.
Nada hemos cambiado del cómo fue creada, y si la criatura ve y siente tantos y múltiples
cambios, es ella que se cambia, se cambia a cada circunstancia, y como está dentro y fuera de
ella el cambiarse, siente como si nuestras obras se cambiaran para ella, son sus cambios que
la rodean los que tienen fuerza para alejarla de nuestra inmutabilidad. Todo es continuado y
equilibrado en Nosotros; lo que hicimos en la Creación continúa todavía, y como todo fue hecho
para quien debía vivir de nuestra Voluntad, en cuanto la criatura se pone en orden con Ella,
nuestra obra creadora desarrolla en ella su acto continuado, y siente la vida de nuestra
inmutabilidad, el perfecto equilibrio de nuestras obras, nuestro amor que la ama siempre sin
jamás cesar. Donde encontramos nuestra Voluntad continuamos la obra de nuestra Creación,
no porque la nuestra sea interrumpida, porque no se hace nuestra Voluntad, no, no, no hay
peligro, es porque falta en ellos la causa por la que fueron creados, cual es el hacer nuestra
Voluntad, y por tanto no tienen ojos para ver nuestro perfecto equilibrio, que está sobre ellos
para equilibrar sus obras y hacerlos inmutables junto con nuestra inmutabilidad, ni oídos para
escuchar qué cosa dicen nuestras obras, ni manos para tocarlas y recibir nuestro amor
continuado que les ofrecemos, por eso ellos mismos se hacen como extraños en la casa de su
Padre Celestial, y nuestros actos continúan, hacen su curso, pero para ellos quedan como
suspendidos y sin efectos”.
+ + + +
30-7
Diciembre 14, 1931
Quien hace la Divina Voluntad es llevada entre los brazos
de su inmensidad. El hombre fortaleza de Dios. Diferencia
entre quien vive y entre quien hace la Divina Voluntad.
(1) Estoy siempre de regreso en el Querer Divino. Mi pequeña alma me parece que toma su
vuelo en su luz para consumirse y perder mi vida en ella, ¿pero qué? Mientras me consumo
resurjo a nuevo amor, a nueva luz, a nuevo conocimiento, a nueva fuerza, a nueva unión con
Jesús y con su Divina Voluntad. ¡Oh! feliz resurrección que tanto bien lleva a mi alma, me parece
que mi alma en la Divina Voluntad, está siempre en acto de morir para recibir la verdadera vida
y formar poco a poco la resurrección de mi voluntad en la suya. Después mi sumo Bien Jesús,
visitando mi pequeña alma me ha dicho:
(2) “Hija mía, nuestra Voluntad es el punto primero y el apoyo irremovible e inquebrantable de
la criatura, ella es llevada entre los brazos de nuestra inmensidad, de modo que dentro y fuera