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Diciembre 6, 1931
El bien de la prolijidad del tiempo. Dios cuenta las horas y los minutos
para llenarlos de gracias. Quien hace la Divina Voluntad rompe el velo
que esconde a su Creador. Baño de luz que da la Divina Voluntad.
(1) Me sentía oprimida por las privaciones de mi dulce Jesús y como cansada de mi largo
exilio, y pensaba entre mí: “Jamás lo habría creído, una vida tan larga. ¡Oh! si hubiera sido más
breve, como tantas otras, no habría pasado tanto, pero ¡Fiat! ¡Fiat!” Sentía que mi mente quería
desatinar, por eso he rogado a Jesús que me ayudara y le he jurado que quiero hacer siempre
su Voluntad adorable. Y el Soberano Jesús alejando las tinieblas que me circundaban, ha hecho
su visita a mi alma y me ha dicho con ternura indecible:
(2) “Hija buena, ánimo, como tu Jesús te quiere dar más y recibir más de ti, permito la prolijidad
del tiempo. No hay comparación posible entre quien me ha dado pruebas por pocos años, y
quien por largos años. Un tiempo prolongado dice siempre de más: Más circunstancias, más
ocasiones, más pruebas, más penas, y mantenerse fiel, constante, paciente en tantas
circunstancias, y no por poco sino por largo tiempo, ¡oh! cuántas cosas dice de más. Tú debes
saber que cada hora de vida bajo el imperio de mi Divina Voluntad, son nuevas Vidas Divinas
que se reciben, nuevas gracias, nuevas bellezas, nuevas ascendencias hacia Dios,
correspondientes a nueva gloria. Nosotros medimos el tiempo por lo que damos, y esperamos
la correspondencia del acto de la criatura para dar de nuevo; y a la criatura le es necesario el
tiempo para digerir lo que le hemos dado, y así hacerla dar otro paso hacia Nosotros; si nada
agrega a lo que le hemos dado, Nosotros no damos súbito, sino que esperamos su acto para
dar de nuevo. Por eso no hay cosa más grande, más importante, más aceptable ante Nosotros,
que una vida larga, santamente vivida, ya que cada hora es una prueba más de amor, de
fidelidad, de sacrificio que nos ha dado, y Nosotros contamos también los minutos, a fin de que
ninguno de ellos no sea llenado de gracias y de nuestros carismas divinos. A una vida breve,
pocas horas podemos contar, y no le podemos dar gran cosa, por eso déjame hacer, y quiero
que quedes contenta de lo que Yo hago, y si quieres estar contenta piensa que cada hora de tu
vida es una prenda de amor que me das, la cual servirá para empeñarme en amarte de más,
¿no estás contenta?”.
(3) Después de esto estaba siguiendo mis actos en la Divina Voluntad y sentía sobre mí el
imperio, su inmensidad que toda me arrollaba dentro, y mi amado Jesús ha agregado:
(4) “Hija amada de mi Voluntad, el vivir en Ella significa reconocer su Paternidad, y sintiéndose
hija quiere estar abrazada, estrechada sobre las rodillas de su Padre, y vivir en su casa, y con
derecho, porque se reconoce como parto suyo, que con tanto amor lo ha generado y dado a la
luz, y mira todas las otras cosas como extrañas, y sin el dulce vínculo, ni de Paternidad ni de
filiación; por eso ve con claridad que saliendo de la casa de su Padre, será una hija extraviada
que no tendrá ni siquiera un nido donde poder formar su habitación. Quien hace y vive en mi
Querer Divino rompe los velos de nuestra potencia, y encuentra que su Creador potentemente
la ama y atrae con su potencia a su criatura para hacerse amar potentemente, desgarrando el
velo encuentra el sagrario de la potencia divina y no teme más, porque si es potente, es potente
para amarla y para hacerse amar, y amando con amor potente, se hace osada y rompe el velo
de la sabiduría divina, de la bondad, de la misericordia, del amor y de la justicia, y encuentra
como tantos sagrarios divinos que sabiamente la aman, y con una bondad ternísima y excesiva,
unida a misericordia inaudita, la aman, encuentra el amor rebosante, que inmensamente la ama,
y siendo el Ser Divino orden, la ama con justicia, y la criatura pasando de un sagrario a otro, no
fuera sino dentro de estos velos, siente los reflejos de su Creador y lo ama sabiamente, con