y vive en nuestro Querer Divino, se puede llamar aquél que reproduce a su Creador, y alberga
en ella a Aquél que la ha creado”.
(3) Después continuaba mis actos en el Divino Querer, y mi pequeñez quería abrazar todo en
mi abrazo de amor, para poder hacer correr mi pequeño amor en todas las cosas y por todas
partes. Pero mientras esto hacía, mi dulce Jesús ha continuado:
(4) “Hija mía, amar significa poseer y querer hacer suya a la persona o al objeto que se ama.
Amar significa vínculo, o de amistad o de parentesco o de filiación, de acuerdo más o menos a
la intensidad del amor. Así que si entre la criatura y Dios no hay ningún vació de amor divino, si
todos sus actos corren hacia Dios para amarlo, si del amor tienen principio y en el amor terminan,
si mira todas las cosas que pertenecen al Ser Supremo como suyas, esto dice amor de hijo
hacia su Padre, porque en este modo no se sale ni de las propiedades divinas ni de la habitación
del Padre Celestial, porque el amor verdadero constituye un derecho en la criatura, derecho de
filiación, derecho de participación de bienes, derecho de ser amado. Cada acto suyo de amor
es una nota vibrante que late en el corazón divino y con su sonido dice ‘te amo, y ámame’, y el
sonido no termina si no escucha la nota de su Creador, que haciendo eco al sonido del alma le
responde, ‘te amo oh hijo’. ¡Oh! cómo esperamos el ‘te amo’ de la criatura para hacerla tomar
su lugar en nuestro amor, para tener el dulce gusto de poderle decir, ‘te amo, oh hijo’, y así
poderle dar mayor derecho de amarnos y de hacerlo pertenecer a nuestra familia. Un amor
interrumpido y que no hace suyas nuestras cosas, ni las defiende, no se puede llamar amor de
hijo, a lo más podrá ser amor de amistad, amor de circunstancia, amor de interés, amor de
necesidad, que no constituye un derecho, porque sólo los hijos tienen derecho de poseer los
bienes del Padre, y el Padre tiene el sacrosanto deber, incluso con leyes divinas y humanas de
hacer poseer los bienes a sus hijos. Por eso ama siempre, a fin de que encuentres en todos tus
actos el amor, el encuentro, el beso de tu Creador”.
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30-4
Noviembre 29, 1931
Arrojo e imperio de los actos hechos en la Divina
Voluntad. Intercambio de vida entre Creador y criatura.
Dulce murmullo en el Ser Divino.
(1) Siento el santo deber, la fuerza irresistible, la necesidad extrema de vivir en la habitación
dada a mí por el Celestial Jesús, esto es, su adorable Voluntad, y si alguna vez hago las
pequeñas salidas, ¡oh! cuánto me cuestan, siento que todos los males me llueven encima, y
sintiendo el gran contraste que hay entre el vivir en mi querida habitación donde el amado Jesús
me ha dado mi lugar, y fuera de ella, me vuelvo a tomar mi lugar que Él me ha asignado, y
bendigo a Aquél que me ha dado una habitación tan feliz y me ha dado el gran bien de hacerme
conocer su Santísima Voluntad.
(2) Pero mientras mi pequeña inteligencia navegaba el gran mar del Fiat Supremo, mi amado
Bien Jesús se ha hecho oír en mi pobre alma, y me ha dicho:
(3) “Hija mía, estar en la habitación de mi Divina Voluntad es estar en su puesto de honor,
dado por Dios cuando la criatura fue puesta fuera a la luz del día, y a quien está en su puesto
Dios no le hace faltar nada, ni santidad, ni luz, ni fuerza, ni amor. Es más, pone a disposición
de la criatura lo que quiere tomar de dentro de la fuente divina, así que vive en la abundancia
de todos los bienes, todos los actos hechos en la Divina Voluntad tienen la virtud operativa de