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Noviembre 16, 1931
Cada acto humano es un juego, una prenda para vencer las
gracias celestiales. El acto humano es tierra donde el Querer
Divino pone su semilla. Cómo el amor constituye un derecho.
(1) Me siento en poder de la Divina Voluntad, pero no forzada, sino voluntaria, y siento la viva
necesidad de lograr también yo una presa que me haga feliz en el tiempo y en la eternidad, y
por eso en todos mis actos trato de tomar presa a la luz de la Divina Voluntad, a su santidad, a
su misma Vida. Por eso la llamo, la tomo para raptarla en mis actos, para encerrarla en ellos y
poder decir: “Cada acto mío es una presa y una conquista que hago”. Presa y conquista de
Voluntad Divina, mucho más, que habiendo apresado la mía, sin voluntad no puedo vivir, por lo
tanto es justo y derecho, que yo haga presa de la suya, y en este tomarnos como presa
recíprocamente me parece que mantenemos la correspondencia, el juego, y el amor de ambas
partes se enciende más. Ahora, mientras esto pensaba, mi dulce Jesús parecía que se
complacía al oír mis desatinos, y yo decía entre mí: “Además soy pequeña y recién nacida
apenas, si digo desatinos no es gran cosa, más bien hay que compadecerme, porque los
pequeños es fácil que digan desatinos, y muchas veces el amado Jesús se deleita de los
desatinos hechos por puro amor, y toma ocasión de ellos para dar una leccioncita, como de
hecho lo ha hecho”. Visitando mi pequeña alma me ha dicho:
(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, es cierto que todo lo que pasa entre el Creador y la criatura,
los actos que ella hace, y lo que recibe de Dios, sirve para mantener la correspondencia, para
conocerse más, para amarse más y para mantener el juego entre uno y otro, para conseguir el
intento de lo que quiere Dios de la criatura, y de lo que ella quiere de Dios. Así que cada acto
es un juego que se prepara para hacer las más bellas victorias y tomarse en prenda
recíprocamente. El acto sirve como materia para jugar y como prenda para tener qué dar a
quien vence. Dios con dar pone su prenda, la criatura con hacer su acto pone la suya y
organizan el juego, y nuestra bondad es tanta, que nos hacemos débiles para hacer vencer a la
criatura, otras veces nos hacemos fuertes y vencemos Nosotros, y esto lo hacemos para ponerla
en el punto de que haciendo más actos, ponga más prendas y así poder vencer para rehacerse
de la derrota. Además, ¿cómo se podría mantener la unión si nada debíamos dar, y nada debía
darnos la criatura? Mira entonces, cada acto es un empeñarnos para dar gracias mayores, y
una correspondencia que abres entre el Cielo y la tierra, y un juego donde llamas a tu Creador
a entretenerse contigo. Mucho más que cada acto hecho por la Divina Voluntad en el acto de
la criatura, es una semilla divina que germina en ella, el acto prepara la tierra donde mi Voluntad
arroja su semilla para hacerla germinar en planta divina, porque de acuerdo a la semilla que se
arroje en el seno de la tierra, esa planta nace; si la semilla es de flores, nacen flores; si la semilla
es de fruto, nace el fruto. Ahora, mi Divina Voluntad en cada acto de criatura arroja una semilla
diferente, dónde arroja la semilla de la santidad, dónde la semilla del amor, en otros la semilla
de la bondad, y así de lo demás, cuantos más actos hace en Ella, tanta más tierra prepara donde
mi Querer pone su semilla distinta para llenar la tierra de estos actos humanos. Entonces, quien
se hace dominar por mi Voluntad Divina es bella, es hermosa, cada acto suyo conteniendo la
variedad de semillas divinas, es una nota de su Creador: Un acto dice santidad, otro
misericordia, otro justicia, sabiduría, belleza, amor, en suma, se ve una armonía divina, con tal
orden que señala el dedo de Dios obrante en ella. ¿Ves entonces la necesidad del acto de la
criatura para poder encontrar la tierra dónde poner nuestra semilla divina? De otra manera,
¿dónde la pondríamos? Nosotros tierra no tenemos, por eso nos la debe formar con sus actos,
para poder con nuestras semillas germinar nuestro Ser Divino en la criatura. Por eso quien hace