sustancia de estas almas era mi Vida palpitante y mi amor externado, apoyado y obrante en
ellas. Ahora, en este siglo te hemos escogido a ti como centro de toda la Creación, para hacer
el gran bien de hacer conocer con más claridad qué significa hacer nuestra Voluntad, a fin de
que todos la suspiraran y la llamaran a reinar en medio a ellos, así los centros separados se
unirán al único centro para formar uno solo. La Creación es parto salido de la potencia de mi
Divina Voluntad, y es justo y necesario que todos reconozcan quién es esta Madre que con tanto
amor los ha parido y puesto fuera a la luz del día, a fin de que todos sus hijos vivan unidos con
la Voluntad de su Madre, y teniendo una sola Voluntad resultaría fácil formar un solo centro,
donde esta Madre Celestial haría palpitar nuestra Vida Divina y nuestro amor obrante. Mucho
más que el vicio predominante de este siglo, el ídolo de muchos, es el querer humano, aun en
el mismo bien que hacen, y por eso se ve que de dentro del bien salen muchos defectos y
pecados, esto indica que la fuente por la cual era animado el bien, no era pura sino viciosa,
porque el verdadero bien sabe producir frutos buenos, y en esto se conoce si es verdadero o
falso el bien que se hace. Por eso hay una extrema necesidad de hacer conocer mi Divina
Voluntad, vínculo de unión, arma potente de paz, reparadora benéfica de la sociedad humana”.
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29-44
Octubre 26, 1931
Los actos buenos hechos en la Divina Voluntad se cambian en luz.
Efectos admirables del abandono en los brazos de Jesús. Quien se
hace dominar por la Divina Voluntad se convierte en pueblo de su reino.
(1) Estoy siempre en los brazos de la Divina Voluntad, la cual forma su día de luz en mi
pequeña alma, y si bien alguna nube se asoma en este día, la potencia de su luz la fija, y la nube
viéndose fijada escapa, se disipa, y parece que dice: “Se ve que no hay lugar para mí en este
día que forma la Voluntad Divina en la criatura”. Y Ella parece que le responde: “Donde estoy
Yo no hay lugar para ninguna, porque de la criatura quiero hacer un acto solo de mi Voluntad,
la cual no admite nada que a Mí no pertenezca”. ¡Oh! Voluntad Divina, cómo eres admirable,
potente y amable, y sumamente celosa donde Tú reinas, ¡ah! ponme siempre en fuga mis
miserias, las debilidades, las nubes de mi voluntad, a fin de que mi día sea siempre perenne, y
el cielo de mi pequeña alma sea siempre sereno. Pero mientras esto pensaba, mi amable Jesús
me ha dicho:
(2) “Hija mía, el bien es luz, y si este bien se hace en mi Divina Voluntad, se forman tantos
rayos por cuantos actos buenos se hacen, y mi Fiat fija estos rayos de luz en la circunferencia
de su luz eterna. Así que estos actos toman lugar en nuestros actos y hacen doble oficio, de
alabanza, de adoraciones, de amor perenne hacia nuestra Majestad adorable, y de defensa, de
misericordia, de ayuda, de luz hacia el género humano, de acuerdo a las circunstancias en que
se encuentra. Por el contrario si los actos buenos no son hechos en mi Voluntad y con su
potencia, por cuanto son luz, no tienen la fuerza de extenderse para fijarse en la circunferencia
de nuestra luz, y quedan sin sostén y como rayos divididos, y por eso no tienen vida perenne, y
faltando la fuente de la luz hay peligro de que poco a poco se extingan”.
(3) Después de esto, siguiendo mi abandono en el Querer Divino, me sentía toda afligida por
la privación de mi dulce Jesús, su privación es como un martillo que siempre golpea para
recrudecer mayormente el dolor, y sólo cesa de golpear cuando el Huésped Divino sale de su
escondite para hacer su visita a su amada criatura; su dulce presencia, su trato amable, hace
resurgir del mismo dolor la alegría, y el martillo detiene su trabajo cruel; pero en cuanto el