Celestial Visitante se retira, comienza su golpear de nuevo, y mi pobre alma se siente toda ojos,
toda oídos, quién sabe si pudiera verlo y oírlo de nuevo, y ansiosa espera y sigue esperando a
Aquél que habiéndome herido, sólo Él tiene el poder de cicatrizar la herida que me ha hecho,
¡ay de mí! demasiado dolorosa. Pero mientras desahogaba mi dolor, mi dulce Jesús ha
regresado y abrazando mi pobre alma me ha dicho:
(4) “Hija, estoy aquí, abandónate en mis brazos y repósate en Mí, tu abandono en Mí llama a
mi abandono en ti y forma mi dulce reposo en tu alma. El abandono en Mí forma la dulce y
potente cadena que me ata tanto al alma, que no puedo desvincularme de ella, hasta volverme
su amado y dulce prisionero. El abandono en Mí da a luz la verdadera confianza, y ella tiene
confianza en Mí, y Yo tengo confianza en ella, tengo confianza en su amor que jamás disminuirá,
tengo confianza en sus sacrificios que no me rechazará jamás nada de lo que quiero, y tengo
toda la confianza de que puedo cumplir mis designios. El abandono en Mí dice que me da
libertad y soy libre de hacer lo que Yo quiero, y Yo confiándome a ella le manifiesto mis más
íntimos secretos. Por eso hija mía, te quiero toda abandonada en mis brazos, y cuanto más
abandonada en Mí, más sentirás mi abandono en ti”.
(5) Y yo: “Amor mío, ¿cómo puedo abandonarme en ti si me huyes? Y Jesús ha agregado:
(6) “El abandono sólo es perfecto cuando viéndome huir te abandonas más, esto no me da
lugar para dejarme huir, más bien me ata más”.
(7) Después ha agregado: “Hija mía, la vida, la santidad, consisten en dos actos: Dios en dar
su Voluntad, y la criatura en recibirla, y después que ha formado la vida en sí de aquel acto de
Voluntad Divina que ha recibido, darlo de nuevo como acto de su voluntad, para recibirla de
nuevo, dar y recibir, recibir y dar, en esto está todo. Dios no podría dar de más que su acto
continuo de su Voluntad a la criatura; la criatura no podría dar de más a Dios, por cuanto a
criatura es posible, que su Voluntad Divina recibida en ella como formación de Vida Divina. En
este modo, dar y recibir, recibir y dar, mi Fiat Divino toma el dominio y ahí forma su reino, y todo
el interior de la criatura forma como el pueblo del reino de la Divina Voluntad: La inteligencia,
pueblo fiel que se gloría de ser dirigida por el Soberano Comandante del Fiat Divino, y la multitud
de los pensamientos que se estrechan en torno y ambicionan conocer siempre más y amar al
gran Rey que se sienta como en un trono en el centro de la inteligencia de la criatura; los deseos,
los afectos, los latidos que salen del corazón, aumentan el número al pueblo de mi reino, y ¡oh!
cómo se juntan alrededor de su trono, están todos atentos para recibir las órdenes divinas, y
poner aun la vida para seguirlas; qué pueblo obediente, y ordenado, es el pueblo del reino de
mi Fiat, no hay discusiones, no divergencias, sino toda esta multitud de pueblo del interior de
esta afortunada criatura quieren una sola cosa, y como ejército aguerrido se ponen en la
fortaleza del reino de mi Querer Divino. Entonces, cuando el interior de la criatura se convierte
todo en pueblo mío, sale fuera del interior y aumenta el pueblo de las palabras, el pueblo de las
obras, de los pasos, se puede decir que cada acto que forma este pueblo celestial, contiene la
palabra de orden escrita con caracteres de oro: ‘Voluntad de Dios’. Y cuando esta multitud de
pueblo se mueve para ejercitar cada uno su oficio, ponen enfrente la bandera con el emblema
Fiat, seguido de las palabras escritas de viva luz: ‘Pertenecemos al gran Rey del Fiat Supremo’.
Ve entonces, cada criatura que se hace dominar por mi Querer forma un pueblo para el reino de
Dios”.
Siempre Deo Gratias
y bendita la Divina Voluntad.
1802 sig