celestial, no terrenal. Mientras esto pensaba, mi dulce Jesús haciéndome su pequeña visita me
ha dicho:
(2) “Hija mía, por cada acto que haces en mi Divina Voluntad, tantos pasos das hacia Dios, y
Dios hace sus pasos hacia ti. El paso de la criatura es la llamada que mueve el paso divino para
irle al encuentro, y como no nos dejamos jamás vencer ni superar por sus actos, si ella da un
paso, Nosotros damos cinco, diez, porque nuestro amor siendo más grande que el suyo, acelera,
multiplica los pasos para hacer más rápido el encuentro y sumergirse el uno en el otro. Es más,
muchas veces somos Nosotros que movemos el paso para llamar al paso de la criatura para
venir a Nosotros; queremos a nuestra criatura, queremos darle cualquier cosa de lo nuestro,
queremos que nos asemeje, queremos hacerla feliz, y por eso hacemos sonar el paso para
llamarla, y quien está en nuestra Voluntad, ¡oh! en cuanto escucha el dulce golpeteo de nuestros
pasos, corre para venir a Nosotros, para recibir los frutos de nuestros pasos. ¿Pero quieres
saber cuáles son estos frutos? Nuestra palabra creadora; en cuanto sucede el encuentro, la
criatura se arroja en el centro de nuestro Ser Supremo, Nosotros la recibimos con tanto amor,
que no pudiendo contenerlo, la ensimismamos, y con nuestra palabra vertemos sobre ella
nuestros conocimientos, haciéndole parte de nuestro Ser Divino. Así que cada palabra nuestra
es un desahogo que hacemos sobre la criatura, y por cuantos grados de conocimiento adquiera
por medio de nuestra palabra, tantos grados de participación de más recibe de su Creador. Ve
entonces, cada acto hecho en mi Divina Voluntad es el camino que te formas para mover el paso
para formarte toda de Voluntad Divina, y mi palabra te servirá de formación, de luz y de
participación de nuestra Divinidad”.
(3) Después de esto mi abandono en el Fiat Divino continuaba, y mi amado Jesús ha
agregado:
(4) “Mi pequeña hija de mi Querer, tú debes saber que la finalidad única de la Creación fue
nuestro amor, que saliendo de Nosotros formaba su centro, donde mostrándose debía
concentrarse para desarrollar la finalidad por la cual nuestro amor había salido de Nosotros, así
que nuestro centro era la criatura, donde fijándose debíamos hacer sentir nuestra Vida palpitante
y nuestro amor obrante en ella. Y toda la Creación debía ser la circunferencia de este centro,
casi como rayos solares que debían circundar, embellecer, sostener este centro, que fijándose
en Nosotros debían darnos campo para exteriorizar siempre nuevo amor, para hacer más bello,
más rico, más majestuoso el centro donde nuestro amor se apoyaba, para hacer de él una obra
digna de nuestras manos creadoras. Ahora, todas las criaturas debían formar unidas el lugar
de centro de nuestro amor externado, pero muchas se dispersaron del centro, y nuestro amor
quedó suspendido, no tenía donde fijarse para concentrarse, para tener su finalidad primaria, el
por qué había salido. Ahora, el orden de nuestra sabiduría, la vida obrante de nuestro amor
externado, no podía tolerar el fracaso de nuestra finalidad, he aquí el por qué en todos los siglos
ha estado siempre alguna alma que Dios ha formado como centro de toda la Creación, y en ella
nuestro amor se apoyaba y nuestra Vida palpitaba y obtenía la finalidad de toda la Creación; es
por medio de estos centros que es mantenida toda la Creación, y la razón de que el mundo
exista todavía, de otra manera no tendría ninguna razón de existir, porque faltaría la vida y la
causa de todo. Por eso no ha habido siglo, ni habrá, en que no elijamos almas queridas por
Nosotros, más o menos portentosas, que formarán el centro de la Creación, en las cuales
tendremos nuestra Vida palpitante y nuestro amor obrante, y según las épocas, los tiempos, las
necesidades, las circunstancias, se han ofrecido para bien de todos, se han dado a todos, han
defendido a todos, han sido sólo ellas las que han sostenido mis sacrosantos derechos y me
han dado campo para mantener el orden de mi sabiduría infinita. Ahora, tú debes saber que
estas almas han sido escogidas por nuestro Ser Divino en cada siglo como centro de toda la
Creación, de acuerdo a lo que Nosotros queríamos, al bien que queríamos hacer, y lo que
queríamos hacer conocer, y también de acuerdo a las necesidades de los centros desunidos, y
esta es la causa de la diversidad de su modo, del decir y del bien que han hecho, pero toda la