eternizar nuestro aliento en el Cielo, transportamos nuestra Vida formada en ella, nuestro acto
completo, a nuestra patria celestial como triunfo de nuestra Creación. No hay cosas más bellas
que estas vidas y actos completos nuestros en la celestial morada, ellas son las narradoras de
nuestra potencia, del ímpetu de nuestro amor, son voces que hablan de nuestro aliento
omnipotente, que era el único que podía formar la Vida Divina, nuestro acto completo en la
criatura. ¿Pero sabes tú dónde podemos formar esta Vida y este nuestro acto completo, por
cuanto a criatura es posible e imaginable de recibir de su Creador? ¡Ah! sólo en el alma que
vive en nuestra Divina Voluntad y se hace dominar por Ella, sólo en ella podemos formar la Vida
Divina y desarrollar nuestro acto completo; nuestro Querer dispone a la criatura a recibir todas
las cualidades y colores divinos, y nuestro aliento jamás interrumpido, como pincel expertísimo
pinta con maestría admirable e inimitable los más bellos matices y forma las copias de nuestro
Ser Supremo; si no fuera por estas copias no habría sido una gran cosa la obra de la Creación,
ni una gran obra de la potencia de nuestras manos creadoras; crear el sol, el cielo, las estrellas
y todo el universo habría sido una bella nada para nuestra potencia, por el contrario, toda nuestra
potencia, el arte de nuestras artes divinas, el indescriptible exceso de nuestro intenso amor, es
hacer nuestro acto completo en la criatura, con formar nuestra Vida en ella, y es tanta nuestra
complacencia, que Nosotros mismos quedamos raptados en nuestro acto que desarrollamos.
Para Nosotros hacer un acto completo es la gloria más grande, que más nos glorifica; es el amor
más intenso, que más nos ensalza; es la potencia que nos alaba continuamente. Pero ¡ay de
Mí! Para quien no vive en nuestro Querer, cuántos actos nuestros interrumpidos, sin
cumplimiento, cuántas Vidas Divinas nuestras apenas concebidas, o a lo más nacidas, sin
crecer. Interrumpen la continuación de nuestro trabajo y nos atan los brazos sin poder seguir
adelante, nos ponen en la impotencia de un señor que tiene su terreno y le es impedido por sus
siervos ingratos hacer el trabajo que se requiere en su terreno, de sembrarlo, de sembrar las
plantas que quiere, pobre señor, tener el terreno estéril sin el fruto que podría recibir, por causa
de sus siervos inicuos. Nuestro terreno son las criaturas, y el siervo ingrato es el querer humano,
que oponiéndose al nuestro nos pone en la impotencia de formar nuestra Vida Divina en ellas.
Ahora tú debes saber que en el Cielo no se entra si no se posee nuestra Vida Divina, o al menos
concebida o nacida, y tal será la gloria, la bienaventuranza del bienaventurado, por cuanto
crecimiento ha formado de nuestra Vida en él. Ahora, ¿cuál será la diferencia de quien apenas
ha sido concebida, nacida, o crecida en pequeñas proporciones, con quien nos ha hecho formar
Vida completa? Será tanta la diferencia que se vuelve incomprensible a la criatura humana.
Aquellos serán como el pueblo del reino celestial, en cambio nuestras copias serán como
príncipes, ministros, la corte noble, el ejército real del gran Rey. Por eso quien hace mi Divina
Voluntad y vive en Ella, puede decir: Hago todo y pertenezco aun desde esta tierra a la familia
de mi Padre Celestial”.
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29-43
Octubre 20, 1931
Encuentro de pasos entre Dios y la criatura. Dios
ha formado a la criatura como centro de la Creación.
(1) Mi pequeña existencia gira siempre en el Santo Querer Divino, siento que me atrae siempre
más a Sí, y cada palabra suya, luz o conocimiento de Él es una nueva Vida que me infunde, una
alegría insólita que siento, y una felicidad sin fin, que no pudiendo contener más porque soy muy
pequeña, me siento como si me quisiera estallar el corazón de alegría y de felicidad divina. ¡Oh!
Voluntad Divina, hazte conocer, poseer y amar, para que todos sean felices, pero de felicidad
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