y a un acto solo, y esta es la más grande maravilla de nuestro Ser Supremo, formar, poseer, ver
todos los actos posibles e imaginables en un solo acto. Así todos los actos hechos por la criatura
en nuestra Voluntad se reducen a un acto solo; ahora, para tener virtud de encerrar todos los
actos en un solo acto, debe formar y poseer en sí el amor continuo, mi Voluntad perenne, la cual
dará principio y hará partir todos los actos desde dentro de la virtud de un solo acto. Mira
entonces, todo lo que has hecho en mi Voluntad se ha unificado junto en un acto solo, y forman
tu cortejo, tu sostén, tu fuerza, tu luz que jamás se apaga, y te aman tanto, que haciéndose
brazos te custodian como la amada predilecta de mi Fiat, porque en Él han sido formadas y han
recibido la vida; por eso no te oprimas, goza los frutos de mi Querer, y si vez que tardo en venir,
espérame con amor paciente, y cuando menos lo pienses Yo te sorprenderé y haré mi
acostumbrada visita, y seré feliz de encontrarte en mi misma Voluntad siempre en acto de
amarme”.
(3) Después de esto ha agregado:
(4) “Hija mía, nuestro Ser Divino es grande, inmenso, potente, etc., esto no despierta tanta
maravilla porque todas estas nuestras cualidades divinas son en naturaleza, las cuales forman
todo el conjunto de nuestro Ser Supremo. Así que en naturaleza somos inmensos en la
potencia, inmensos en el amor, en la belleza, en la sabiduría, en la misericordia, y así de lo
demás, y como somos inmensos en todas las cosas, todo lo que sale de Nosotros queda en las
redes de nuestras inmensas cualidades divinas. Ahora, lo que despierta la más grande
admiración, es ver al alma que vive en nuestra Divina Voluntad, la cual encierra en su pequeño
acto el acto poderoso e inmenso de su Creador, ver como ordenados en los pequeños actos del
ser finito el amor inmenso, la sabiduría inmensa, la belleza infinita, la misericordia sin límites, la
santidad interminable de Aquél que la ha creado. Lo pequeño encerrar a lo grande es más
maravilloso que lo grande que encierra a lo pequeño; a nuestra grandeza le es fácil abrazar
todo, encerrar a todos, no se requiere arte ni ingenio, porque de nuestra inmensidad ninguno
puede huir, pero que lo pequeño encierre a lo grande, se requiere un arte especial, un ingenio
divino que sólo nuestra potencia y nuestro grande amor puede formar en la criatura; si no
ponemos de lo nuestro, por sí sola no podría hacerlo, por eso el vivir en nuestro Fiat Divino es
la maravilla de las maravillas, es el más grande de los prodigios; el alma se hace tan hermosa,
que es un encanto verla, se puede decir que en cada pequeño acto suyo concurre un milagro
nuestro, de otra manera no podría ser que lo pequeño encierre a lo grande, y nuestra bondad
es tanta, que toma sumo placer y espera con tanto amor que la criatura le dé la ocasión de
hacerle hacer este arte divino de milagros continuos. Por eso el vivir en nuestro Querer te debe
importar más que todo, así estarás tú más contenta, y Nosotros más contentos de ti, y serás en
nuestras manos creadoras nuestro campo de acción y nuestro trabajo continuo. Si supieras
cuánto nos agrada nuestro trabajo en las almas que viven en nuestro Querer, estarías más
atenta a no salir jamás de Él”.
(5) Después seguía mi abandono en el Fiat, pero acompañada de una tristeza por tantas
cosas que afligen y que se acumulan en mi pobre mente, pero no es necesario poner sobre el
papel ciertos secretos íntimos, es justo que los sepa sólo, sólo Jesús; y mi amado Jesús ha
repetido con un acento ternísimo:
(6) “Hija mía, tú debes saber que así como la naturaleza tiene la noche y el día, así el alma
tiene su noche, la aurora, el despuntar del día, el pleno mediodía, y su ocaso. La noche llama
al día, y el día a la noche, se puede decir que se llaman recíprocamente. Ahora, la noche del
alma son mis privaciones, pero para quien vive en mi Voluntad son noches preciosas, no de
reposo perezoso, de sueño inquieto, no, no, sino noches de reposo activo, de sueño pacífico,
porque en cuanto ve que se hace de noche se abandona en mis brazos para apoyar su cabeza
cansada sobre mi corazón divino y sentir en él mis latidos para tomar en su sueño nuevo amor
y decirme durmiendo: ‘Te amo, te amo, ¡oh! mi Jesús’. El sueño de quien me ama y que vive
en mi Voluntad, es como el sueño de la pequeña que en cuanto siente que sus ojos se cierran
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