a la criatura en el bien, en el amor, en la misma Vida de su Creador, y el Creador queda
confirmado en la criatura, por tanto se da la inseparabilidad entre uno y el otro; con este don la
criatura sentirá cambiada su suerte: De pobre, rica; de enferma, perfectamente curada; de
infeliz, sentirá que todas las cosas se cambian para ella en felicidad. Hay gran diferencia entre
vivir en nuestra Voluntad como don, y entre hacerla, lo primero es premio y nuestra decisión de
vencer a la criatura, y con una fuerza invencible e irresistible llenar la voluntad humana con la
nuestra en modo sensible, de modo que tocará con la mano y con claridad el gran bien que le
viene, y que sólo un loco podría huir de tanto bien, porque mientras el alma es viadora, no se
cierran las puertas detrás del don, sino que quedan abiertas para que libremente, no forzada,
pueda vivir en nuestro don; mucho más que este don no lo hará nuestra Voluntad por necesidad,
sino porque la ama y es toda suya. En cambio el hacer nuestra Voluntad no es premio, sino
deber y necesidad, porque quiera o no quiera debe someterse, y las cosas que se hacen por
deber y por necesidad, si se pueden rehuir se rehuyen, porque en ellas no entra el amor
espontáneo que hace amar y reconocer nuestra Voluntad como digna de ser amada y conocida,
la necesidad esconde el bien que contiene, y hace sentir el peso del sacrificio y del deber. En
cambio el vivir en nuestro Querer no es sacrificio sino conquista, no es deber sino amor, siente
en nuestro don a sí misma perdida en Él, y lo ama no sólo como Voluntad nuestra, sino también
porque es exclusivamente suya, y no dándole el primer lugar, el régimen, el dominio, no se
amaría a sí misma.
(5) Ahora hija mía, es esto lo que queremos dar a las criaturas, nuestra Voluntad como don,
porque mirándola y poseyéndola como cosa propia, resultará fácil el hacerla formar su reino.
Este don fue dado al hombre en el Edén, e ingrato nos lo rechazó, pero Nosotros no cambiamos
Voluntad, lo teníamos en reserva, y lo que uno nos rechaza, con gracias más sorprendentes lo
tenemos preparado para darlo a los otros, no nos preocupa el tiempo, porque los siglos para
Nosotros son como un solo punto. Sin embargo se necesitan grandes preparaciones por parte
de las criaturas, conocer el gran bien del don para suspirarlo, pero tiempo vendrá en que nuestra
Voluntad será poseída como don por la criatura”.
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29-40
Octubre 4, 1931
Las dudas, los temores, son heridas al amor. La Divina Voluntad es un
solo acto. La más grande de las maravillas. La noche y el día del alma.
(1) Me sentía oprimida por las privaciones de mi dulce Jesús, que clavo desgarrante que
ninguno puede quitar ni endulzar para dar un pequeño alivio a tanto martirio. Sólo su regreso,
su amable presencia puede destruir como por encanto el clavo y el dolor, y hace surgir las
alegrías más puras que sólo Jesús sabe dar con su amable presencia. Entonces no hacía otra
cosa que abandonarme en los brazos de la Divina Voluntad, rogándole que me develara a Aquél
que tanto suspiraba; y mientras esto hacía, mi amable Jesús como relámpago ha alumbrado mi
pobre alma y me ha dicho:
(2) “Hija buena, ánimo, tú te oprimes demasiado, y tu opresión te reduce a los extremos y te
hace surgir la triste duda de que tu Jesús no te ama, y que tal vez no vendrá más a ti. No, no,
no quiero esa duda; las opresiones, las dudas, los temores, son heridas a mi amor y debilitan tu
amor por Mí, quitándote el arrojo y el vuelo de correr siempre hacia Mí para amarme, e
interrumpida la corriente continua de amor hacia Mí, tú quedas como una pobre enferma, y Yo
no encuentro más el imán potente de tu amor continuo que me atrae a ti. Ahora, tú debes saber
que todos los actos de mi Divina Voluntad, que son innumerables, se reducen todos a un punto