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Septiembre 21, 1931
Cómo la Divina Voluntad forma el día en el acto de la criatura, y
cómo con hacer su voluntad se forma el camino para salir; los
pasos dolorosos, la noche de las vigilias.
(1) Estaba siguiendo mis actos en el Querer Divino y rogaba a mi sumo Bien Jesús que hiciera
surgir en cada acto mío el Sol de la Divina Voluntad, a fin de que pudiera darle en cada acto mío
el amor, el homenaje, la gloria, como si le formara en cada acto mío un día de luz divina, de
amor, de adoración profunda, comunicado a mí, en mi acto, por su misma Voluntad. ¡Oh! cómo
quisiera decir en cada acto mío, grande o pequeño: “Hago un día a Jesús para amarlo más”.
Pero mientras esto pensaba, mi amado Jesús me ha dicho al repetir su acostumbrada visita a
mi alma:
(2) “Hija mía, mi Divina Voluntad es el verdadero día para la criatura, pero para formar este
día quiere ser llamada en el acto de ella, porque en cuanto es llamada se encierra en el acto
para hacer surgir su día divino, tiene virtud de cambiar el acto, la palabra, el paso, las alegrías
y las penas, en días esplendidísimos y encantadores. Así que mi Voluntad está esperando, en
cuanto la criatura surge de su reposo nocturno, para ser llamada a formar su jornada de acción
en ella, y como es luz purísima no se adapta a trabajar en el acto oscuro de la voluntad humana,
sino que con su luz cambia el acto en día, y forma en él su espléndida jornada llena de acciones
heroicas y divinas, con tal orden y belleza, digna sólo de su virtud vivificadora y operadora. Se
puede decir que está esperando detrás de las puertas del acto de la criatura, así como el sol
detrás de las ventanas de las habitaciones, en que a pesar de que afuera hay mucha luz, las
habitaciones están a oscuras, porque todavía no se abren las puertas; así mi Divina Voluntad, a
pesar de que es luz que todo llena, el acto humano esta siempre oscuro si no se le llama a surgir
en él. Por eso llámala a surgir en cada acto tuyo si quieres que forme en ti su bella jornada, y
Yo pueda encontrar en ti y en cada acto tuyo mis días de amor que me circunden de alegría y
de delicias, que me harán repetir: ‘Mis delicias son el estarme con los hijos de mi Divina
Voluntad’. Pasaré en ti mis días feliz, no en la infeliz noche de tu voluntad humana, sino en la
plena estancia de mi luz y de la paz perenne de mi Patria Celestial. ¡Ah! sí, repetiré: ‘Soy feliz
en esta criatura, en ella oigo el eco de mi jornada pasada acá abajo sobre la tierra, y el eco de
mi jornada que hago en mi prisión en el Sacramento de amor, jornada toda llena de mi Divina
Voluntad’. Así que si quieres hacerme feliz, haz que encuentre en ti la virtud obrante de mi
Divina Voluntad, que me sabe formar mis bellos días de luz fulgidísima, todos empapados de
alegrías inefables y de felicidad celestial.
(3) Mucho más que la criatura desde el principio de su creación fue puesta por Dios en el día
feliz y pacífico de nuestra Voluntad Divina, dentro y fuera de ella todo era luz, mejor dicho pleno
medio día, dentro de su corazón, ante sus ojos, sobre su cabeza, y hasta bajo de sus pasos veía
y sentía la Vida palpitante de mi Santo Querer, el cual, mientras la tenía inmersa en la plenitud
de la luz y de la felicidad, le cerraba todos los caminos y los pasos de la infelicidad humana. Y
la criatura con hacer su voluntad humana se formó las salidas, los caminos infelices, los pasos
dolorosos, las densas oscuridades, en las cuales ella misma se formaba la infelicidad, las
torturas, el dolor, la noche oprimente, no de reposo, sino de desvelos, de pasiones, de
agitaciones y de tormentos, y esto en mi misma Voluntad Divina, y esto porque habiendo sido
creada la criatura sólo por Ella y para vivir de Ella y en Ella, no hay lugar para la criatura, ni en
la tierra ni en el Cielo, ni en el mismo infierno, fuera de mi Fiat Divino. Entonces quien trata de
vivir en mi Voluntad Divina cierra estas salidas, cada acto suyo en Ella suprime los caminos
infelices que se ha formado, hace desaparecer los pasos dolorosos, sofoca la noche, surge el