forma en mí la celestial morada de la paz perenne. ¡Oh! potencia del Querer Supremo, Tú que
sabes cambiar lo humano en divino, lo feo en bello, las penas en alegrías, aun cuando quedaran
penas, no me dejes un instante, tus brazos de luz me tengan tan estrechada, que todas las otras
cosas, ahuyentadas por tu luz, no osen molestarme e interrumpir mi felicidad. Pero mientras
esto pensaba, mi dulce Jesús, como si quisiera aprobar y confirmar lo que yo pensaba me ha
dicho:
(2) “Hija mía, cómo es bella mi Divina Voluntad ¿no es cierto? ¡Ah! es Ella sola la portadora
de la verdadera felicidad, y de la más grande fortuna a la pobre criatura, la cual con hacer su
voluntad no hace otra cosa que interrumpir su felicidad, interrumpir la corriente de la luz, y
cambiar su fortuna en la más grande desventura; y conforme la criatura se dispone a hacer mi
Voluntad, así la va rehabilitando en los bienes perdidos, porque la sustancia de mi Divina
Voluntad es luz, y todo lo que obra se puede llamar efectos de esta luz. Así que quien se hace
dominar por Ella, uno será el acto, pero como posee sustancia de luz, sentirá sus tantos efectos,
que producirá como efecto de su luz las obras, los pasos, la palabra, los pensamientos, los
latidos de mi Voluntad en la criatura; por eso puede decir: ‘Soy un acto solo de Voluntad
Suprema, todo el resto no es otra cosa que los efectos de su luz’. Los efectos de esta luz son
admirables, toman todas las similitudes, todas las formas: De obras, de pasos, de palabras, de
penas, de plegarias, de lágrimas, pero todas animadas por la luz, que forman tal variedad de
bellezas, que tu Jesús queda raptado por ellas. Semejanza del sol que anima todo con su luz,
pero no destruye ni cambia las cosas, sino pone en ellas de lo suyo y comunica la variedad de
los colores, la diversidad de las dulzuras, haciéndolas conquistar una virtud y belleza que no
poseían. Tal es mi Divina Voluntad, sin destruir nada de lo que hace la criatura, sino que las
anima con su luz, las embellece y les comunica su potencia divina”.
(3) Después de esto continuaba mi abandono en el Fiat Divino siguiendo sus actos, y mi
amado Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, cada bien sale de Dios madurado, y esta maduración se forma entre Dios y el
alma. Mira, con hacer tus actos te expones a los rayos del Sol Divino, y conforme recibes el
calor y la luz, tus actos no permanecen áridos, insípidos, sino madurados, y tú junto con ellos
quedas madurada en el amor, en los conocimientos divinos, en todo lo que haces. Y Yo viéndote
madurada en aquellos actos, preparo en Mí otro amor para darte, y otras verdades para decirte,
y como de todo lo que sale de Mí nada es estéril, sino que todo es fecundo y bien madurado en
la viva llama de mi amor, tú recibes la virtud de formar en ti nuevas maduraciones. Por eso
muchas veces estoy esperando el cumplimiento de tus actos para darte la sorpresa de hacerte
conocer otras verdades; éstas, como tantos soplos de luz y de calor acaban de madurar en tu
alma los bienes y las verdades que tu Jesús te ha comunicado. Ve entonces la necesidad de
tus actos para disponerte a recibir otros conocimientos sobre mi Fiat Divino, es para hacerme
encontrar en ti la continuación de tus actos para volverlos maduros, de otra manera, ¿qué cosa
podrías hacer? Quedarías como sol que mientras recorre la tierra no encuentra ni una flor que
colorear, ni un fruto que madurar, así que todos los admirables efectos que contiene el sol
quedarían en su luz, y la tierra nada recibiría. Por eso el Cielo se abre sobre las almas obrantes,
la fuerza milagrosa de la luz de mi Querer Divino, no sobre las almas ociosas, sino sobre aquellas
que trabajan, que se sacrifican, que aman, que tienen siempre que hacer alguna cosa por Mí.
Es más, tú debes saber que las bienaventuranzas del Cielo se derraman sobre la tierra y van a
depositarse en el alma que vive y obra en mi Voluntad, porque no quieren dejarla privada de las
alegrías y felicidad celestiales, mientras forma una sola Voluntad con el Cielo; los
bienaventurados, mientras nadan en las alegrías divinas nada adquieren de mérito, en cambio
para el alma viadora no sólo la felicitan, sino agregan el mérito, porque para quien hace mi
Voluntad en la tierra, todo es meritorio, la palabra, la oración, el respiro y las mismas alegrías se
convierten en mérito y en nuevas adquisiciones”.
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1792 sig