su modo de actuar divino, y queda comprometido en el acto perenne de la criatura, y apremiado
a hacer lo que ha establecido para ella, encontrando en virtud de sus actos incesantes el
espacio, los preparativos necesarios y la misma vida donde poder formar sus admirables
designios, y cumplir sus obras más bellas. Mucho más que cada acto hecho en mi Voluntad es
una unión de más que viene formada entre la Voluntad Divina y humana, es un paso de más
que hace en el mar del Fiat, es un derecho mayor que el alma conquista”.
(5) Después de esto seguía rogando ante el Tabernáculo de amor, y en mi interior decía para
mí: “¿Qué haces Amor mío en esta prisión de amor?” Y Jesús todo bondad me ha dicho:
(6) “Hija mía, ¿quieres saber qué hago? Hago mi jornada, tú debes saber que toda mi Vida
pasada acá abajo la encierro dentro de un día. Comienza mi jornada al concebir y nacer, los
velos de los accidentes sacramentales me sirven de fajas para mi infancia, y cuando por la
ingratitud humana me dejan solo y buscan ofenderme, hago mi exilio, dejándome sólo la
compañía de alguna alma amante, que como segunda madre no se sabe separar de Mí, y me
hace fiel compañía. Del exilio paso a Nazaret, haciendo mi Vida oculta en compañía de aquellos
pocos buenos que me rodean. Y siguiendo mi jornada, en cuanto las criaturas se acercan a
recibirme hago mi vida pública, repitiendo mis escenas evangélicas, dando a cada uno mis
enseñanzas, las ayudas, los consuelos que le son necesarios, hago de Padre, de Maestro, de
Médico, y si se necesita también de Juez; por tanto paso mi jornada esperando a todos y
haciendo bien a todos. Y ¡oh! cuántas veces me toca quedarme solo, sin un corazón que palpite
cerca de Mí, siento un desierto a mi alrededor y quedo solo, solo a orar, siento la soledad de mis
días que pasé en el desierto acá abajo, y ¡oh! ¡cómo me es doloroso! Yo que soy para todos
latido en cada corazón, que celoso estoy en guardia de todos, sentirme aislado y abandonado.
Pero mi jornada no termina sólo con el abandono, no hay día que almas ingratas no me ofendan
y me reciban sacrílegamente, y me hacen terminar mi jornada con mi Pasión y con mi muerte
de cruz. ¡Ah! la muerte más despiadada que recibo en este Sacramento de amor es el sacrilegio.
Así que en este Tabernáculo hago mi jornada al cumplir todo lo que hice en los treinta y tres
años de mi Vida mortal. Y así como todo lo que Yo hice y hago, el primer objetivo, el primer acto
de vida es la Voluntad de mi Padre, que se haga como en el Cielo así en la tierra, así en esta
pequeña Hostia no hago otra cosa que implorar que una sea mi Voluntad con mis hijos; y te
llamo a ti en esta Divina Voluntad en la cual encuentras toda mi Vida en acto, y tú siguiéndola,
rumiándola y ofreciéndola, te unes Conmigo en mi jornada Eucarística para obtener que mi
Voluntad se conozca y reine sobre la tierra. Y así también tú podrás decir: Hago mi jornada
junto con Jesús”.
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29-37
Septiembre 16, 1931
Admirables efectos de la luz de la Divina Voluntad. Cómo el Cielo
se abre sobre las almas actuantes. Cómo nuestros actos son como
tantos soplos que hacen madurar el bien.
(1) Mi pobre mente parece que no sabe hacer otra cosa que perderse en el Fiat Divino, y ¡oh!
cómo me resulta doloroso, cuando aun por breves instantes estoy afligida por cualquier sombra
o pensamiento que no sea todo Voluntad de Dios; ¡oh! entonces me siento interrumpir mi
felicidad, interrumpir la corriente de la luz, de la paz. ¡Pobre de mí! Siento el peso de mi infeliz
voluntad. Por el contrario, si nada que no sea Voluntad de Dios entra en mí, me siento feliz, vivo
en la inmensidad de su luz, es más, no sé ni siquiera ver dónde debe terminar esta luz, la cual
1791 sig