(3) Y (pero Jesús estaba más sufriente que yo) así me ha dado un beso, y como estaba
crucificado me atrajo fuera de mí misma y ha puesto mis manos en las suyas, mis pies en los
suyos, mi cabeza apoyaba sobre la suya y la suya sobre la mía. ¡Cómo estaba contenta al
encontrarme en esta posición! Si bien los clavos y las espinas de Jesús me causaban dolor,
eran dolores que me daban alegría porque eran sufridos por amor a mi amado Bien; es más,
hubiera querido que aumentaran. También Jesús parecía contento de mí porque me tenía en
aquel modo atraída a Él. Me parecía que Jesús me consolaba y yo era consuelo para Él.
(4) Entonces, en esta posición hemos salido fuera, y habiendo encontrado al confesor,
enseguida pedí por sus necesidades y le he dicho al Señor que se dignara hacer oír al confesor
cómo es dulce y suave su voz. Jesús para contentarme se dirigió a él y le habló de la cruz
diciéndole:
(5) “La cruz absorbe en el alma mi Divinidad, la asemeja a mi Humanidad y copia en sí misma
mis mismas obras”.
(6) Después hemos continuado girando otro poco y, ¡oh, cuántas escenas dolorosas que
traspasaban el alma de lado a lado! Las graves iniquidades de los hombres, que ni siquiera se
doblegan ante la justicia, al contrario, se arrojan con mayor furor, como si quisieran dar dobles
heridas por cada herida, y la gran miseria que ellos mismos se están preparando. Entonces, con
suma amargura nuestra nos hemos retirado; Jesús ha desaparecido y yo me he encontrado en
mí misma.
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3-83
Junio 17, 1900
Ponerse en Dios y no salir de los confines de la paz, es lo mismo.
(1) Como esta mañana el bendito Jesús no venía, en mi interior me sentía suscitar alguna
sombra de turbación sobre el por qué no venía; Entonces al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, contenerse en Dios y no salir de los confines de la paz es todo lo mismo. Así
que si tú adviertes un poco de turbación, es señal de que sales un poco de dentro de Dios,
porque contenerse en Él y no tener perfecta paz es imposible, mucho más que los confines de
la paz son interminables, más bien todo lo que pertenece a Dios, todo es paz”.
(3) Después ha agregado: “¿No sabes tú que las privaciones al alma sirven como el invierno
a las plantas, que hace que profundicen más las raíces, las fortifica y las hace reverdecer y
florecer en mayo?”
(4) Después de esto me ha transportado fuera de mí misma, y habiéndole encomendado
varias necesidades, desapareció, y yo me he encontrado en mí misma, con el deseo de
mantenerme siempre dentro de Dios, a fin de que me pudiera encontrar dentro de los confines
de la paz.
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