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Septiembre 7, 1931
El llamado a todas las obras salidas del Fiat. La vida palpitante
de la criatura en Ella. Defensas, voces parlantes, asaltantes.
(1) Mi pobre mente girando en los actos hechos por la Divina Voluntad, va encontrando todo
lo que Ella ha hecho, para reconocerlos, amarlos, apreciarlos y después ofrecerlos como el más
bello homenaje a la misma Divina Voluntad, como frutos dignos de sus obras. Pero mientras
esto hacía, mi dulce Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, cómo es agradable a mi corazón, y cómo me suena dulce al oído tu encontrar
todo lo que ha hecho mi Divina Voluntad, para reconocer sus obras, amarlas, y dárnoslas como
el más bello homenaje por el amor que hemos tenido por las criaturas al crear tantas cosas por
amor de ellas. Tu alma con encontrarlas suena la campana como para llamar a todas las obras
salidas del Fiat Divino, para decirnos: ‘Cuántas cosas bellas has creado para mí, para dármelas
como dones y prendas de vuestro amor, y yo haciéndolas mías te las doy nuevamente como
dones y prendas de mi amor por Vosotros’. Así que sentimos la vida palpitante de la criatura en
nuestras obras, su pequeño amor correr en el nuestro, y la finalidad de la Creación realizada.
Conocer nuestras obras y la finalidad por la cual fueron hechas, es el punto de apoyo de la
criatura, donde encuentra una Voluntad Divina en su poder, y es nuestro pretexto para dar otras
sorpresas de nuevos dones y gracias”.
(3) Y yo: “Amor mío, un pensamiento me aflige, temo que me falte la continuación de mis
actos en tu Divina Voluntad, e interrumpiendo el sonido de mi campana, Tú, ofendido por mí me
hagas a un lado, y no me des más la gracia de hacerme vivir en tu Voluntad”. Y Jesús ha
agregado:
(4) “Hija mía, no temas, tú debes saber que un paso da vida al otro paso, un bien es vida y
sostén del otro bien, un acto llama a vida al otro acto, y también el mal, la culpa, es vida de otros
males y de otras culpas; las cosas jamás quedan aisladas, sino que tienen casi siempre su
cortejo. El bien es como la semilla, que tiene la virtud generativa, con tal que se tenga la
paciencia de arrojarla en el seno de la tierra, ella producirá el diez, el veinte por ciento. Así la
criatura, si tiene paciencia y está atenta a encerrar en su alma la semilla del bien que ella misma
ha hecho, tendrá la generación, la multiplicidad, el céntuplo de los actos buenos que ha hecho;
¡y si tú supieras qué significa hacer un acto bueno! Cada acto es una protección que adquiere
y una voz que habla ante nuestro trono de quien ha hecho un bien, cada acto de más de bien,
tantos defensores de más tiene la criatura en su defensa, y si las circunstancias de la vida la
hacen encontrar en tales estrecheces y peligros que parece que quiera vacilar y caer, los actos
buenos que ha hecho toman el aspecto de asaltantes y nos asaltan a fin de que quien nos ha
amado y ha tenido un séquito de muchos actos buenos no vacile, y corren en torno a la criatura
como sostenedores a fin de que no ceda en la prueba. Y supón que hubiera habido una secuela
de actos hechos en nuestra Voluntad, ¡oh! entonces en cada acto hay un valor, una virtud divina
que defiende a la criatura, vemos en cada acto suyo como comprometida nuestra Voluntad, por
eso Nosotros mismos nos hacemos defensores y sostenedores de aquella que ha dado vida en
sus actos a nuestro Fiat Divino. ¿Podemos acaso negar nada a Nosotros mismos? ¿O
desconocer nuestra Voluntad obrante en la criatura? No, no, por eso no temas, más bien
abandónate como pequeña recién nacida en nuestros brazos, a fin de que sientas nuestro
sostén y la protección de tus mismos actos. ¿Crees tú que sea nada un bien repetido,
continuado? Son propiedades divinas que se adquieren, son ejércitos que se forman, que hacen
conquistar la Patria Celestial. Sucede a quien ha continuado tantos actos buenos, como a aquél
que ha adquirido muchas propiedades, si éste tiene un revés, no le podrá dañar tanto, porque