hace guerra a su Creador. Sucede como al alma y al cuerpo, que han sido creados por Dios
para hacer vida juntos, si el cuerpo quisiera hacer vida separada del alma, ¿no le tocaría la triste
suerte de sufrir tal transformación de no reconocerse más por lo que era? Al crear al hombre
nuestra Divinidad, concurrió nuestra infinita sabiduría, que como artífice y como perito que posee
toda la ciencia del arte de saber crear, en nuestra Omnividencia vio que para hacer que este
hombre fuera nuestro honor, y obra digna de nuestras manos creadoras, y nuestra gloria y
también la suya, debía ser formado cuerpo y alma, y poníamos nuestra Voluntad como vida
primaria del alma y del cuerpo, así que lo que es el alma al cuerpo, nuestra Voluntad debía ser
para la una y para el otro. Así que la criatura ha sido creada y ha tenido en su principio: Cuerpo,
alma, voluntad humana y Divina, todo junto, los cuales debían hacer vida en común con sumo
acuerdo. Y nuestra Voluntad que tenía el primado debía hacerse alimentadora, conservadora y
dominadora de esta criatura.
(3) Ahora, si la naturaleza humana sin nuestra Voluntad Divina es fealdad, unida con la nuestra
es de una belleza singular y encantadora; en su creación le fue puesto por Nosotros el germen
de la luz, y nuestro Fiat, más que madre ternísima, se extiende con sus alas de luz sobre este
germen y lo acaricia, lo alienta, lo besa, lo alimenta, lo hace crecer y le comunica con su calor y
luz todas las variedades de las bellezas divinas, y la naturaleza humana recibe la participación,
si está bajo el influjo impetuoso y continuo de una fuerza, de una santidad, de un amor todo
Divino, y crece bella, amable y admirable a todos. Por eso, la naturaleza humana tal como fue
creada por Nosotros, no es fea sino bella, ni Nosotros sabemos hacer cosas feas, pero se puede
volver fea con no estar en los modos como fue creada y querida por Nosotros. Ve entonces
cómo es necesario que las criaturas hagan y vivan en nuestra Voluntad, porque Ella entra en el
primer acto de su creación. Entonces, destruido esto, queda desfigurada y sin verdadera vida.
Todas las cosas creadas fueron creadas con dos, e incluso con tres elementos juntos: El sol
posee luz y calor, si la luz quisiera vivir aislada sin calor, sería luz estéril, sin fecundidad, y si el
calor quisiera aislarse de la luz, se cambiaría en tinieblas, y quedaría desfigurado el más bello
planeta que forma el encanto de todo el universo, y con su luz domina y hace bien a todos. La
tierra esta formada del elemento de tierra y agua, si la tierra quisiera apartar el agua se volvería
polvo, y no formaría el sólido pavimento donde el hombre podría levantar edificios, caminar con
paso firme, todo vacilaría bajo sus pies; pero no basta, si la tierra no quisiera recibir la semilla
en su seno no formaría las bellas flores, la abundancia de los frutos; así que tierra, agua y
semilla, deben vivir juntas, una debe ser vida de la otra, deben estar unidas como fue en el
principio de su creación, de otra manera darían terror y quedarían sin la vida del bien asignado
a ellas por Dios, que debían hacer a las criaturas. Todas las cosas no fueron creadas aisladas,
y todo el bien está en mantenerse como fueron creadas por Dios. Y también las ciencias, si una
persona quisiera aprender a leer y no quisiera aprender las vocales, y también la unión de las
consonantes, que son los principios, el fundamento, la sustancia, de la que derivan las ciencias,
¿podría aprender a leer? ¡Jamás! Podría volverse loco sobre sus libros, pero aprender, nunca.
Ve entonces la estrecha necesidad de ajustarse al modo como han sido formadas las cosas al
principio de su existencia, si no se quieren cambiar de bellas en feas, de bien en mal, de vida
en muerte. Ahora, ¿qué cosa puede esperar de bien la criatura si no vive unida con nuestra
Voluntad Divina, en la cual fue establecido el principio de su creación? ¡Oh! si todos lo
comprendieran, cómo estarían atentos en hacerse dominar, alimentar, crecer por mi Voluntad,
que siendo principio de su existencia formaría en ellos todo lo bello, lo bueno, lo santo y la gran
fortuna de la vida acá abajo, y después la gran gloria de su vida allá arriba”.
(4) Después de esto continuaba mis actos en la Divina Voluntad, y me parecía que estos actos
hechos en Ella tenían virtud de unir Cielo y tierra, y de atraer a todos los habitantes celestiales
a mirar a la criatura que se hace investir por el Querer Divino, para darle el campo de acción en
sus actos. Y mi dulce Jesús ha agregado: