Divino, pusimos en él cuanto podía contener de nuestra Vida, dándole libertad de hacerla crecer
cuanto más pudiera y quisiera, pero nuestra Vida en el hombre, para crecer, tenía necesidad de
alimento, he aquí la necesidad de poner en él una Voluntad Divina; nuestra Vida Divina no se
habría adaptado a alimentos de voluntad humana. Por esto todos los actos de la criatura hechos
en virtud, y en nuestra Voluntad Divina, servirían para alimentar y hacer crecer nuestra Vida
Divina en ella, de modo que conforme iba haciendo sus actos en nuestro Fiat, ahora tomaba
nuestro amor y nos alimentaba, ahora tomaba nuestra fuerza, ahora nuestra dulzura infinita,
ahora nuestras alegrías divinas para alimentarnos. Qué orden, qué armonía poníamos al crear
al hombre entre él y Nosotros, hasta pedirle nuestros mismos alimentos por medio suyo, no
porque tuviéramos necesidad, no, sino para mantener el ímpetu de amor, la correspondencia,
la unión inseparable entre él y Nosotros; y mientras él se ocupaba de Nosotros, Nosotros nos
ocupábamos de alimentarlo a él y de conservar nuestra amada habitación, y no sólo eso, sino
que le dábamos otros dones más bellos para hacerlo más feliz, amarlo de más y hacernos amar
más. ¿Pero quieres saber tú cuáles son nuestros dones más bellos que dimos a la criatura?
Manifestarle un conocimiento de nuestro Ser Supremo, una verdad que nos pertenece, un
secreto nuestro, esto es el don más bello que les hacemos; cada uno de estos dones es un
vínculo de más que ponemos entre ella y Nosotros, cada verdad nuestra es una propiedad que
ponemos en su alma. Es por esto que en el alma donde reina nuestra Voluntad, encontramos
nuestros alimentos divinos, nuestras propiedades por cuanto a criatura es posible, nuestra
habitación, por tanto nos encontramos en nuestra casa, en nuestro centro, en medio de nuestras
propiedades. Mira entonces qué significa hacer reinar nuestra Voluntad y el gran bien de hacerte
conocer nuestras verdades, cada conocimiento nuestro lleva cada uno un don distinto: Quién
lleva la luz, quién la fuerza, quién la bondad, quién la sabiduría, quién el amor, y así de lo demás,
cada uno de ellos vincula a la criatura en modo especial a Dios, y Dios a ella. Por eso debes
saber corresponder a los tantos dones que tu Jesús te ha hecho, y vive siempre en nuestro
Querer”.
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29-32
Agosto 10, 1931
Fealdad de la naturaleza humana sin la Divina Voluntad;
belleza de quien vive en Ella. Sonrisa del Cielo sobre la tierra.
(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, siento su fuerza raptora que dulcemente se
impone sobre mí, pero sin forzarme, porque las cosas forzadas no le agradan, no son para Él,
son cosas que no le pertenecen. Por eso es todo ojos para hacer que todos mis actos reciban
la Vida de la Divina Voluntad y se vuelvan como si fueran actos suyos, y me parece que cada
acto mío hecho en su Voluntad adorable es una victoria que hace sobre la pequeñez de mi
voluntad. Entonces pensaba entre mí: “Cómo es fea la naturaleza humana sin la Divina”. Y mi
dulce Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, fea es la naturaleza humana que vive sin mi Voluntad, porque ella fue creada
por el Ente Divino para vivir unida con el Fiat Divino, así que con vivir sin Él se da un cambio en
la naturaleza humana, en éste viene cambiado el orden, la fuerza, el amor, la luz, la santidad, la
misma razón; todas estas bellas dotes están en la criatura, porque fueron puestas por Dios como
dentro de un sagrario, pero están fuera de su lugar, todos en desorden, y como están fuera de
su lugar, una está contra otra, las pasiones combaten a la santidad, la debilidad combate a la
fuerza, el amor humano combate al divino, la criatura al Creador, y así de lo demás. La
naturaleza humana sin la Divina Voluntad se transforma en fea, se trastorna, y en su desorden
1784 sig