se adapta a un amor interrumpido, Él es eterno y jamás dice basta. Así que Adán en cuanto
rompió con nuestra Voluntad Divina, se jugó toda la Creación y también nuestra Vida en él; es
tan grande la ofensa de sustraerse de nuestra Divina Voluntad, que ponemos a un lado todos
nuestros preparativos, el gran bien que habíamos puesto fuera, y nos retiramos del hombre, y
con Nosotros queda ofendida toda la Creación. Así que en cuanto Adán formó la ruptura con
nuestra Voluntad, se ofendió el cielo, las estrellas, el sol, el aire que respiraba, el mar, la tierra
que pisaba, todos se sintieron ofendidos, porque mi Divina Voluntad es como latido y circulación
de sangre de todas las cosas creadas, por eso todos sintieron el dolor de la ruptura del querer
humano, sintiéndose tocar el latido del que recibían vida y conservación. Ahora, si jamás sea,
hubiera habido ruptura de voluntad entre la tuya y la mía, habría hecho a un lado mis tantos
preparativos hechos en tu alma, mis tantas gracias derramadas y me habría retirado haciéndote
a un lado. Si continúas oyéndome es señal de que mi Voluntad está firme en ti, y la tuya está
en su puesto.
(3) ¡Si tú supieras qué significa no hacer mi Divina Voluntad! La criatura trataría de impedir y
de hacer morir aquel movimiento que jamás termina, y dar muerte a los actos santos que mi
Voluntad Divina ha establecido cumplir en la criatura. Ella quiere dar Vida Divina, y mientras
está por darla, si la voluntad humana no la recibe y se opone, se hace cuchillo para matar y
sofocar esta Vida Divina en su alma; parece que sea nada el no hacer mi Voluntad, mientras
que es todo el mal de la criatura, es la ofensa más grande para nuestra Majestad Suprema. Por
eso sé atenta, y tu abandono en Ella sea continuo.
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29-31
Agosto 3, 1931
Cada acto hecho en el Querer Divino forma el alimento
para hacer crecer la Vida Divina en la criatura. El
don más grande que hace Dios: “La verdad.”
(1) Estoy siempre ahí, en el centro del Fiat Divino, si bien bajo la opresión de la privación de
mi dulce Jesús, ¡oh! cómo es doloroso sentirse huir a aquel Jesús que me ama y amo, y que
formando mi vida de fuerza, de amor, de luz, huye de dentro de mi vida su Vida de amor, de
fuerza, de luz. ¡Oh Dios, qué pena, sentir la vida, pero la verdadera Vida no está, qué tortura,
qué tormento! ¡Oh, cómo siento el deseo de repetir: “No hay dolor similar a mi dolor, cielo y
tierra lloren conmigo, y todos imploren el regreso de aquel Jesús que me ama y amo!” Entonces
me abandonaba más que nunca en aquel Fiat Divino que ninguno me puede quitar, ni siquiera
el mismo Jesús; si Él se esconde, se me escapa, pero su Querer Divino jamás me deja, está
siempre conmigo, y mi pobre mente gira entorno a todo lo que el Fiat Divino ha hecho y hace
por amor nuestro, y como pensaba en su gran amor al crearnos, mi amado Jesús saliendo de
su escondite me ha dicho:
(2) “Hija mía, la creación del hombre fue el centro donde nuestra Divinidad concentraba todos
los bienes que debían surgir en la criatura, poníamos en ella Vida Divina y Voluntad Divina, vida
humana y voluntad humana; la vida humana debía servirnos de habitación, y las dos Voluntades
fundidas juntas debían hacer vida en común, con sumo acuerdo, más bien la voluntad humana
debía tomar de la nuestra para formar sus actos, y la nuestra debía estar en acto continuo de
dar de lo suyo para hacer que la voluntad humana quedase modelada y toda uniformada en la
Divina Voluntad. Ahora, no hay vida, tanto humana, espiritual y Divina, que no tenga necesidad
de alimento para crecer, para fortalecerse, embellecerse y felicitarse. Nosotros poníamos
nuestra Vida Divina en el hombre porque era incapaz de recibir toda la plenitud de nuestro Ser
1783 sig