que estoy con ustedes y no me conocen todavía’. Tratan de conocer tantas cosas que no forman
la vida de la criatura, y mi Voluntad que forma la vida y es acto continuo de vida, de otra manera
no podría vivir, no la conocen en nada. Por eso hija mía sé atenta, reconócela en ti y fuera de
ti, en todo, más que tu misma vida, y sentirás cosas admirables, su acto continuo que con amor
incansable te ama, y sólo porque te ama te da la vida”.
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29-29
Julio 23, 1931
Fecundidad de luz. La Creación, fiesta de Dios y de
la criatura. La Divina Voluntad régimen y regla.
(1) Estoy de regreso en los brazos del Fiat Divino, me parece que su luz inmensa corre como
mar a mi alrededor, y conforme yo hago mis actos de amor, de adoración, de agradecimiento,
tomo de dentro de esta luz, el amor que posee la Divina Voluntad, pero tomo cuanto puedo
tomar, porque como criatura no me es dado el tomarlo todo, pues es inmenso y yo no tengo ni
capacidad ni espacio donde encerrar este amor interminable, sin embargo me lleno toda, de
modo que a pesar de que soy criatura, mi amor hacia quien me ha creado es pleno y total; así
mi adoración, porque los actos hechos en el Querer Divino deben poseer tal plenitud, que la
criatura debe poder decir: “Mi ser se ha resuelto todo en amor, en adoración, nada me ha
quedado”. Y el Creador debe poder decir: “Todo el amor que podía darme me ha dado, nada
se ha quedado para sí”. Ahora, conforme hacía mis pequeños actos en este mar se formaban
las pequeñas olas, que descargándose en mi inteligencia se cambiaban en luz de conocimientos
sobre la Divina Voluntad. Y mi siempre amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, quien vive en mi Divina Voluntad tiene siempre qué hacer con la luz, jamás con
las tinieblas; y como la luz es fecunda, da a luz en el alma las verdades que ella posee. La virtud
de la luz es maravillosa y milagrosa, y mientras que al mirarla no se ve otra cosa que luz, por
dentro posee la plenitud de los bienes, pero comunica estos bienes no a quien sólo la ve, sino a
quien se hace tocar, modelar, estrechar, besar con sus besos ardientes; conforme toca purifica,
conforme modela transforma, conforme estrecha así encierra su luz en el alma, y con su
fecundidad que no sabe estar jamás ociosa, su trabajo es incesante, comunica el bello arco iris
de los colores y bellezas divinas, y con sus besos infunde las verdades más bellas y los secretos
inefables de su Creador. Vivir en la luz de mi Divina Voluntad y no estar al día de las cosas
divinas, de nuestros secretos, no sentir la virtud fecundadora de esta luz, sería como si Dios
quisiera hacer vida separada de su criatura; en cambio fue este el único objetivo, que queremos
que nuestra Voluntad sea también la de la criatura, porque queremos hacer vida junto y
permanente con ella. Por eso sería absurdo vivir en mi Querer y no sentir la fecundidad de los
bienes que esta luz posee, la cual es la de hacer vivir del mismo Dios a la criatura”.
(3) Después ha agregado: “Hija mía, por eso en la Creación hubo tantos preparativos, como
preparación a una de las más grandes fiestas solemnes, que nuestra Divinidad quería
solemnizar con la criatura; desde el principio de su existencia, ¿qué cosa no preparamos para
hacer que esta fiesta fuera una de las más solemnes? Cielos tapizados de estrellas, sol
resplandeciente de luz, vientos refrescantes, mares, flores y frutos encantadores con la variedad
de tantos sabores y dulzuras. Después de haber preparado todo creamos al hombre para que
festejara, y Nosotros junto con él; era justo que el Señor de la fiesta, que con tanto amor la había
preparado, asistiera y gozara junto con él. Mucho más que la sustancia de la fiesta la forman la
compañía de los invitados que se quisieron en la fiesta, y para hacer que esta fiesta no fuera
jamás interrumpida entre Nosotros y el hombre, le dábamos nuestra misma Voluntad que
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