para hacer que jamás le falte la vida, el conocimiento siempre nuevo y el alimento sustancioso
de mi Querer Divino. Así que el interior debe ser como tantas páginas para formar este libro:
Página la inteligencia, página la voluntad y la memoria, página el deseo, el afecto, el latido,
página la palabra que debe saber decir lo que ha leído, de otra manera quedará un libro que no
hará bien a ninguno, mientras que quien hace un libro, su primer objetivo es propagarlo. Por
eso todo el interior debe estar escrito de páginas de mi Divina Voluntad, y debe estar tan lleno
este libro, de no poder encontrar otra cosa que leer sino sólo mi Voluntad. Ahora, cuando el
alma tiene lleno su libro interior, conocerá muy bien el libro exterior de la Divina Voluntad; toda
la Creación no es otra cosa que un libro de Ella, cada cosa creada es una página que forma un
libro grandísimo y de muchos volúmenes. Por eso habiendo formado su libro interior y
habiéndolo leído muy bien, sabrá leer muy bien el libro exterior de toda la Creación, y en todas
las cosas encontrará mi Divina Voluntad en acto de darle su Vida, sus lecciones altísimas y
sublimes, y su alimento exquisito y santo. Sucederá a quien ha formado en su interior este libro
del Fiat Divino y leído muy bien, como a quien ha poseído un libro, lo ha leído y releído, ha
estudiado bien las cosas más difíciles, ha superado todas las dificultades, dilucidado los puntos
más oscuros, de manera que ha consumido su vida sobre aquel libro, si una persona le diera
otro libro similar, lo sabrá leer con certeza y reconocerá en aquel libro al suyo. Mucho más que
mi Divina Voluntad ha encerrado a la criatura en su cerco santísimo, y ha puesto en el fondo del
alma el libro de su Fiat, y en la Creación ha repetido su libro divino, de modo que uno hace eco
en el otro y se entienden admirablemente. Por esto es necesario reconocer el libro del Fiat
Divino en el fondo de la propia alma, leerlo muy bien para hacer de él vida perenne, y así con
facilidad podrá leer las bellas páginas y el gran libro de mi Voluntad de toda la Creación”.
(3) Después de esto continuaba mis actos en la Divina Voluntad, y mi dulce Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, mi Querer Divino tiene su acto continuo que no cesa jamás de derramar sobre
todas las criaturas su acto continuo y de investirlas con su acto de luz continuo, de santidad, de
belleza, de amor, de ayuda, de potencia, de felicidad; es tanto su amor que un acto no espera
al otro y a torrentes, más que tupida lluvia, se derraman sobre todas las criaturas. Este acto
continuo es reconocido y recibido por todos los habitantes de la Patria Celestial, de modo que
forma la siempre y nueva sorpresa de alegrías inefables y de felicidad sin fin, se puede decir
que forman la vida y la sustancia de la bienaventuranza de todos los bienaventurados. Ahora,
como mi Divina Voluntad posee en naturaleza este acto continuo, no puede ni quiere cambiar
régimen, así como da en el Cielo este acto continuo de bien, así lo da a toda la Creación y a
todas y a cada una de las criaturas, para que todos reciban vida de este su acto continuo; si éste
cesara, cesaría la vida de todos, a los más puede haber cambio de efectos, porque obra según
las disposiciones de cada uno, y por eso su mismo acto continuo, en quién produce un efecto,
en quién otro, y quién, desgraciadamente mientras está bajo la lluvia de este acto continuo de
luz, de santidad, de belleza, y de otras cosas, no queda ni siquiera bañado, ni iluminado, ni
santo, ni bello, y convierte en sí mismo el acto continuo de bien en tinieblas, en pasiones e
incluso también en pecado. Pero con todo esto mi Querer no cesa jamás su acto continuo de
hacer llover sus bienes divinos sobre todos, porque se encuentra en las condiciones en que se
encuentra el sol, que a pesar de que los seres humanos no quisieran recibir su luz, ni árboles,
ni plantas, ni flores, a los que podría comunicar los admirables efectos que contiene su acto de
luz continuo, es decir, de dulzura, sabor, el bello arco iris de todos los colores, continuaría su
acto de dar siempre luz; pero si el sol tuviera razón, lloraría con lágrimas de luz ardiente por el
dolor de ver en la gran rueda de su luz todos los bienes que en realidad da, pero no son recibidos.
Más que sol es mi Querer Divino, tiene envuelto en su luz infinita a todos y a todo, su naturaleza
es de querer siempre dar, y de hecho da; si todos tomasen todos serían santos, el mundo se
cambiaría en felicidad, pero con sumo dolor sus bienes no son recibidos, sino rechazados en su
misma luz, pero no se detiene, con amor tierno e insuperable continúa su acto continuo de dar
lo que su luz posee”.
1778 sig