de luz, quién hace ostentación de belleza, quién de variedad de colores y más, parece que dicen
en su mudo lenguaje: ‘Nuestro Creador es inmensamente rico, bello, poderoso, sabio, y por eso
todas nosotras como obras dignas de Él, hacemos derroche de lujo en el oficio dado a nosotros
por Dios”.
(5) Ahora hija mía, no fue así al crear al hombre, en él no fue puesto un acto determinado,
sino un acto siempre creciente, nuestro amor no quiso decir un basta al hombre, habría sido
como obstaculizar nuestro amor, detener nuestro arrebato, no, no, nuestro basta no se pronunció
en la creación del hombre, no puse un límite, sino un acto siempre creciente, dejando casi a su
elección hasta donde quería llegar, poniendo a su disposición nuestro acto creciente a fin de
que nuestro desahogo de amor no tuviera un término, sino que pudiera hacer ostentación de
lujo, de gracia, de santidad, de belleza, de bondad y demás, por cuanto más le agradara;
atábamos nuestro acto creciente a su libre voluntad, para que no tuviera ningún obstáculo para
hacer cuanta más ostentación pudiera. Y para hacer que este nuestro acto creciente tuviera en
el hombre todas las ayudas posibles e imaginables, le dábamos también nuestra Voluntad Divina
a su disposición, para que pudiera mantener a sus expensas todo el lujo que quisiera, y la
sobreabundancia de los bienes de su Creador. Nuestro amor no quiso decir basta al hombre,
decirle, hijo nuestro, hasta aquí puedes llegar; no, no, habría sido como si un padre quisiera
decir a su hijo: ‘Hasta tal día te sentarás en mi mesa, y después basta’. Esto no sería amor de
paternidad sino de autoridad; que el hijo pueda poner un término de recibir los alimentos de su
padre, puede darse, pero que el padre le diga que estará en ayunas, no lo hará jamás. Así es
nuestra bondad, jamás diremos basta a la criatura, nuestro acto creciente le servirá de alimento
continuo para crecer siempre y conservarse, y si ingrata no se servirá de nuestro acto creciente,
don grande dado por su Creador, tendremos el dolor de ver a nuestro querido hijo en ayunas,
pobre, y nuestro acto obstaculizado y sin vida, y cambiará nuestro arrebato de amor en arrebato
de dolor. Por eso si quieres que nuestro acto creciente tenga vida en ti, no salgas jamás de
nuestra Divina Voluntad, la cual será celosa de hacerte crecer siempre, siempre”.
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29-26
Julio 6, 1931
El libro del Fiat en el fondo del alma. El libro del
Fiat en la Creación. La Divina Voluntad tiene bajo
la lluvia de su acto continuo a todas las criaturas.
(1) Mi pobre mente parece que no sabe hacer otra cosa que pensar en la Divina Voluntad, en
cada cosa que veo voy encontrando su Vida, y haciendo esto en lo interno, en lo externo no
encuentra otra cosa que aquel Fiat Divino que tanto la ama y quiere amor. Siento la necesidad
de encontrarla en todas las cosas para respirarla, para sentir su latido de luz que como sangre
circula en el alma, y se constituye vida primaria de mi pobre ser, y donde no sé encontrarla me
siento que me falta un latido continuo, una bocanada de aire para facilitar la Vida de la Divina
Voluntad en mi alma. Y rogaba a Jesús que me enseñara a encontrarla en todas las cosas, para
hacer que en mí jamás pudiera faltar su Vida perenne. Y mi sumo Bien Jesús con toda bondad
me ha dicho:
(2) “Hija mía, quien hace mi Voluntad y vive en Ella, forma en su alma el libro del Fiat Divino,
pero este libro debe de estar lleno, no vacío, o bien alguna página escrita, si no está lleno
terminará pronto de leerlo, y no teniendo qué leer se ocupará de otra cosa, y entonces la Vida
de mi Divina Voluntad será interrumpida y como destrozada en la criatura. En cambio si está
lleno, tendrá siempre qué leer, y si parece que termina Yo agregaré otras páginas más sublimes
1777 sig