(2) “Hija mía, si tú no has cesado de repetir, de unirte con nuestra Mamá Celestial, de arrullarme,
de poner tu ‘te amo’ para Mí en lo que Ella hacía, ¿podría Yo cesar de decir: ‘Mis dos Mamás’?
En tal caso sería menos que tú en el amarte, mientras que Yo no me dejo superar jamás por el
amor de la criatura; y no solo esto, sino que tú debes saber que todo lo que la criatura hace en
mi Voluntad, Ella tiene la virtud de convertir en naturaleza el bien que hace, y el verdadero bien,
por naturaleza, no se pierde jamás, ni hay cansancio en repetirlo cuantas veces se quiere,
¿acaso te cansas de respirar o latir? Porque está en la naturaleza, es más, si no quieres hacerlo
debes hacer un esfuerzo, pero un esfuerzo que si lo pudieras hacer te costará la vida. Y es éste
el más grande prodigio de mi Voluntad, convertir en naturaleza la plegaria, el amor, la santidad,
sus conocimientos, y Yo cuando veo que la criatura se ha dado en poder de mi Voluntad, pero
tanto que Ella ha podido cambiar en naturaleza los bienes divinos, mis palabras resuenan en el
alma con mi potencia creadora y dan en naturaleza la maternidad, y ¿cómo puedo no repetir,
mis dos Mamás? Cuando Yo hablo es realidad lo que digo, ¿no es acaso verdadero que mi
Mamá es mi Madre según el orden natural, y me es también Madre en el orden divino en virtud
de la Voluntad Divina que Ella poseía? Si Ella no poseyera mi Querer no podía ser mi Madre
en el orden humano, ni en el orden divino. ¡Oh! cuántas cosas sabe hacer en quien se hace
dominar por Ella, sabe hacer descender el orden divino en el humano, y convierte en naturaleza
el orden divino, y con eso hace tantos prodigios de sorprender Cielo y tierra, por eso hazte
dominar por mi Voluntad, y Yo haré resonar en ti mi dulce palabra: Mi querida mamá que mi
Fiat me tiene sobre la tierra”.
(3) Después de esto, seguía al Fiat Divino en la Creación y decía entre mí: “Quiero entrar en
el sol para vaciarlo del amor que Dios puso en él por amor de las criaturas, y sobre las alas de
su luz volverlo a llevar a mi Creador como correspondencia de mi amor; quiero vaciar el viento,
para llevarle la correspondencia del amor impetuoso, del amor gimiente, dominante, a fin de que
impere sobre el corazón divino para arrebatarle el reino de la Divina Voluntad sobre la tierra;
quiero vaciar el cielo del amor que contiene para volver a darle el amor que no termina jamás,
que jamás dice basta, para tomarlo por todos lados y llevarle la correspondencia de amarlo por
todas partes y en todos”. Pero, ¿quién puede decir todos los disparates que decía en cada cosa
creada? Sería muy largo, por eso no continúo. Y mientras esto hacía, mi dulce Jesús me ha
dicho:
(4) “Hija de mi Voluntad, cómo me es agradable el alma que entra en mi Querer para encontrar
en Él todas mis obras, y sobrevolando de una cosa creada a la otra, hace con su pequeña
capacidad sus cálculos para encontrar cuánta dosis de amor, de bondad, de potencia, de
belleza, y otras cosas más he puesto en cada cosa creada, y como quien está en mi Voluntad
lo que es mío es suyo, lo abraza todo y me lo lleva a mi seno, lo pone a mi alrededor como
correspondencia de su amor, y Yo me siento regresar el amor que sacamos al crear toda la
Creación, la bondad, la potencia, la belleza con que adornamos toda la Creación, y en nuestro
énfasis de amor decimos: ‘La hija de nuestra Voluntad nos regresa nuestras obras, nuestro
amor, nuestra bondad, y lo demás, y al mismo tiempo que nos las regresa las deja en su puesto’.
Y nos sentimos repetir la alegría, la felicidad, como si de nuevo pusiéramos fuera toda la
Creación. Ahora, tú debes saber que al crear todo el universo, la variedad de tantas múltiples
cosas, pusimos un acto determinado, un basta a cada cosa, de manera que no pueden
sobrepasar ningún límite del como fueron creadas, pero aunque fue un acto determinado y no
pueden ir más allá, pero fue un acto pleno, tanto, que las criaturas no pueden, ni tienen la
capacidad de tomar todo el bien que cada cosa creada contiene. Tan es verdad, que ¿quién
puede decir?: Yo puedo tomar toda la luz del sol, el cielo no basta sobre mi cabeza, no me
alcanzan todas las aguas para quitarme la sed, la tierra no es suficiente bajo mis pies, y tantas
otras cosas, y esto porque nuestra Divinidad al hacer un acto, al crear las cosas, es tanto nuestro
amor, la sobreabundancia que poseemos, que ponemos la suntuosidad, el lujo, la magnificencia,
ninguna obra nuestra se puede decir que es pobre, todas llevan con ostentación, quién un lujo