Nuestro, a fin de que con la plegaria se dispusieran y adquirieran los derechos para recibirlo, y
Dios se sintiera como con el deber de darlo. Con enseñar el Padre Nuestro, Yo mismo ponía
en sus manos el derecho de recibirlo, y me empeñaba en dar un reino tan santo, y cada vez que
la criatura recita el Padre Nuestro adquiere una especie de derecho de entrar en este reino,
primero porque es oración enseñada por Mí, que contiene el valor de mi oración; segundo,
porque es tanto el amor de nuestra Divinidad hacia las criaturas, que ponemos atención en todo,
registramos todo, incluso los más pequeños actos, los santos deseos, las pequeñas oraciones,
para corresponderlos con grandes gracias; podemos decir que son pretextos, ocasiones que
vamos buscando para decirle: ‘Tú has hecho esto, y Nosotros te damos esto, tú has hecho lo
pequeño, y Nosotros te damos lo grande.’ Por eso el reino existe, y si tanto te he hablado de mi
Divina Voluntad, no ha sido otra cosa que los preparativos de tantos siglos de mi Iglesia, las
oraciones, los sacrificios y el continuo recitar el Padre Nuestro lo que ha inclinado a nuestra
bondad a escoger una criatura para manifestarle los tantos conocimientos sobre nuestra
Voluntad, sus grandes prodigios, así vinculaba mi Voluntad a las criaturas dándoles nuevas
prendas de su reino. Y conforme tú escuchabas y tratabas de modelarte a mis enseñanzas que
te daba, así formabas nuevos vínculos para vincular a las criaturas en mi Voluntad.
(3) Tú debes saber que Yo soy el Dios de todos, y cuando hago un bien no lo hago jamás
aislado, lo hago a todos, a menos que, quien no quiere tomar, no toma, y cuando una criatura
me corresponde Yo la veo no como una sola, sino perteneciente a toda la familia humana, y por
eso el bien de una viene comunicado a las otras. Ahora, sí existe el reino, humanidades que
han vivido lo han poseído y han hecho vida en él, y ahora mi Voluntad quiere reinar en medio
de las criaturas, mis mismos conocimientos lo dicen claramente, ¿cómo entonces tú piensas
que es imposible que venga este reino? Para Mí todo es posible, me serviré de las mismas
tempestades y de nuevos sucesos para preparar a aquellos que deben ocuparse en hacer
conocer mi Voluntad. Las tempestades sirven para purificar el aire malo, y también para quitar
cosas nocivas; por eso Yo dispondré el todo, sé hacer todo, tengo los tiempos a mi disposición.
Por eso deja hacer a tu Jesús, y verás cómo mi Voluntad será conocida y cumplida”.
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29-25
Julio 2, 1931
La Divina Voluntad tiene virtud de convertir en naturaleza el bien que
se hace. El regreso de las obras a su Creador. La Creación tiene un
acto determinado, la criatura un acto creciente.
(1) Estaba haciendo mi giro en la Divina Voluntad para seguir sus actos, y habiendo llegado
al punto donde el Celestial Niño se encontraba en Egipto, y la Celestial Mamá arrullándolo
trataba de hacerlo dormir, y al mismo tiempo se ocupaba con sus manos maternas de hacer la
ropita al divino Niño, yo uniéndome con su Mamá hacía correr entre sus dedos y en el hilo, mi
‘te amo’ a Jesús, para hacer formar y tejer la ropita junto con mi ‘te amo’, y sobre el pie de la
Reina que movía la cuna ponía el mío, para poder también yo arrullar a Jesús y hacerle lo que
le hacía su Mamá. Y mientras esto hacía, el Celestial Niño entre la vigilia y el sueño decía: ‘Mis
dos Mamás.’ Entonces yo, recordando esto que está escrito en el volumen 24, pensaba entre
mí: ¿Pero repite todavía mi querido Jesús las dulces palabras, mis dos Mamás? Después de
una tempestad tan terrible, que como granizada devastadora ha golpeado mi pobre alma, quién
sabe cuántos defectos he cometido, Jesús no sentirá más aquel tierno amor de decir tan
dulcemente, mis dos Mamás. Y mientras esto pensaba, mi amable Jesús me ha dicho: