bienes, nuestras obras, y sentirás nuestra Paternidad en el cielo adornado de estrellas, que en
su callado centelleo te llaman hija y te atestiguan el amor de tu Padre; nuestra Paternidad se
extiende en el sol, que con su luz vibrante te llama hija y te dice: ‘Reconoce en mi luz el gran
don de tu Padre, que te ama tanto que quiere que seas la poseedora de esta luz’; nuestra
Paternidad se extiende por todas partes, en el agua que bebes, en el alimento que tomas, en la
variedad de las bellezas de toda la naturaleza, todas tienen una voz común, todas te llaman hija
del gran Padre Celestial, y como hija suya quieren ser poseídas por ti. Ahora, cuál sería nuestro
contento si en todas las cosas creadas por Nosotros, a nuestra voz tierna de llamarte hija,
oyéramos tu voz que nos llamara Padre y nos dijera: Esto es don de mi Padre, ¡oh! cómo me
ama, y yo quiero amarlo mucho, mucho”.
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29-24
Junio 30, 1931
La gracia más grande que Dios hizo al hombre en la Creación, fue
el poder hacer sus actos en la Divina Voluntad. Cómo este reino
existe, y hay Humanidades que han vivido y lo han poseído.
(1) Estaba pensando en el Santo Querer Divino: “¿Cómo podrá venir su reino sobre la tierra,
dados los tiempos tempestuosos que amenazan tempestades, y las tristes condiciones de las
generaciones humanas? Es imposible. Y me parece que aumenta la imposibilidad la
indiferencia e indisposición de aquellos que al menos se dicen buenos, porque no tienen ningún
interés de hacer conocer un Querer tan santo, y su Voluntad que quiere dar la gran gracia de
querer reinar en medio de las criaturas, entonces, ¿cómo podrá tener vida un bien que no se
conoce?” Pero mientras esto pensaba, mi amable Jesús sorprendiéndome me ha dicho:
(2) “Hija mía, lo que es imposible a la vista humana, para Dios todo es posible. Tú debes
saber que la gracia más grande que hicimos al hombre en su creación, fue que podía entrar en
nuestra Voluntad Divina para poder hacer sus actos humanos, y como el querer humano era
pequeño y el Divino grande, por eso tenía virtud de absorber el pequeño en el grande, y de
cambiar el humano en el Divino Querer. Por eso Adán, en el principio de su creación entró en
el orden de nuestra Voluntad Divina, y en Ella hizo muchos de sus actos, y mientas con
sustraerse de nuestro Querer él salió de dentro de Él, pero sus actos humanos hechos en
nuestro Querer quedaron como prenda y derecho del hombre, y como principio y fundamento
de un reino divino que él adquiría; en la Divina Voluntad, lo que se hace en Ella es imborrable,
Dios mismo no puede cancelar un solo acto de la criatura hecho en el Fiat Supremo. Ahora,
siendo Adán el primer hombre creado, era como consecuencia, siendo él como la raíz, el tronco
de todas las generaciones humanas, que ellas heredaran, casi como ramas, lo que poseyera la
raíz y el tronco del árbol del hombre; y así como todas las criaturas, como por naturaleza
heredaron el germen del pecado original, así heredaron los primeros actos suyos hechos en
nuestro Querer, que constituyen el principio y el derecho del reino de nuestro Querer Divino para
las criaturas. Para confirmar esto vino la humanidad de la Virgen Inmaculada a obrar y a seguir
los actos de Adán, para cumplir por completo el reino de la Divina Voluntad, para ser la primera
heredera de un reino tan santo y para dar los derechos a sus queridos hijos de poseerlo; y para
completar todo esto vino mi Humanidad que poseía en naturaleza mi Divina Voluntad, lo que
Adán y la Soberana Reina poseían por gracia, para confirmar con el sello de sus actos este reino
de la Divina Voluntad. Así que este reino existe en realidad, porque humanidades vivientes han
formado sus actos en Ella, como materiales necesarios para formar este reino, para dar el
derecho a las otras humanidades de poseerlo. Y para confirmarlo mayormente enseñé el Padre