no tendrá con qué quitarse el hambre, por eso la vida de los actos buenos, santos y divinos
morirá en ella; si los actos no son continuados, sino de vez en cuando, tendrá escasos alimentos,
y cuando el alimento no es suficiente la vida del bien crece débil, y la debilidad hace perder el
gusto y el apetito de nutrirse. En cambio cuando los actos son continuados, cada acto tiene su
ejercicio, quién se hace alimento, quién agua, quién fuego para cocinarlos, quién condimento
para hacerse saborear, de manera de estimular el apetito. En suma, los actos repetidos no son
otra cosa que cocina divina, que forman la mesa celestial a la criatura. Y ¡oh! cómo es bello ver
a la criatura que con la continuación de sus actos en nuestro Fiat se prepara alimentos divinos,
y se alimenta de los alimentos de su patria celestial; porque tú debes saber que un pensamiento
santo llama a otro, una palabra, un acto bueno llama a otro, y uno se sirve del otro para
alimentarse, y el alimento forma la vida”.
(3) Después continuaba pensando en la Divina Voluntad y en el gran bien que se recibe con
vivir toda abandonada en sus brazos. Y mi dulce Jesús ha agregado:
(4) “Hija buena, el gran bien de vivir de un Querer Divino es sorprendente y casi
incomprensible a la criatura humana. Tú debes saber que todo lo que se hace de bueno, de
santo en mi Divina Voluntad, no son otra cosa que semillas que germinan en el campo del alma,
poniendo como tantas semillas de luz divina, que ponen un principio que no tendrá fin, porque
todo lo que se hace en mi Divina Voluntad se siembra, germina, crece de manera admirable
sobre la tierra mientras se vive, pero el cumplimiento será formado en el Cielo, el último
desarrollo, la variedad de las bellezas, los matices, los colores más bellos y hermosos, le serán
dados en la patria celestial. Así que cada acto hecho en la tierra será un tomar más puesto en
el Cielo, un derecho de más, y una posesión anticipada en la morada Celestial. La criatura, por
cada acto de más que haya hecho, llevará consigo nuevas beatitudes, nuevas alegrías
comunicadas por mi Querer. Mi Fiat Divino jamás dice basta a la criatura, la quiere hacer crecer
en santidad, en gracia, en belleza, hasta el último respiro de la vida acá abajo, y por eso se
reserva de dar la última pincelada y cumplimiento como su pleno triunfo en las regiones
Celestiales. Así que en mi Voluntad no hay pausas, y las circunstancias de la vida, ahora de
penas, ahora de humillaciones, y ahora de gloria, forman las carreras para poder siempre correr
en Ella, para darle el campo libre de hacerla poner en la criatura nuevas semillas divinas, que el
Fiat Divino tomará el empeño de cultivarlas y hacerlas crecer de manera admirable, y darles el
cumplimiento en la gloria Celestial. Así que en el Cielo nada se inicia, sino que todo se comienza
en la tierra, y en el Cielo se cumple”.
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29-22
Junio 16, 1931
Jesús ruega. La necesidad de poseer un bien para
poderlo comunicar a los demás. Las pequeñas luces
se entrelazan a la gran luz de la Divina Voluntad.
(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, si bien bajo la opresión de las privaciones de
mi dulce Jesús; pobre de mi corazón, cómo es torturado, afligido porque no encuentra a Aquél
que le hace respirar su aire celestial, y palpitar la vida de su mismo latido. Jesús mío, Vida mía,
¿no me decías Tú mismo que querías que viviera y respirara tu aire divino, y que formara mi
vida en tu mismo latido a fin de que la mía se perdiera en la tuya y viviera de tu latido, y por lo
tanto de tu amor, de tus penas y de todo Tú mismo? Pero mientras mi pobre corazón se
desahogaba por el dolor de la privación de mi amado Jesús, lo he sentido moverse