Supremo, así que es una pequeña casita de Nazaret que tenemos sobre la tierra, y por cuan
pequeña, estando en ella nuestra Voluntad reinante, el Cielo no está cerrado para ella, observa
las mismas leyes de la patria celestial, ama con el mismo amor, se alimenta con los alimentos
de allá arriba, y es incorporada en el reino de nuestras regiones interminables. Ahora para
formar el gran reino de nuestra Voluntad sobre la tierra, haremos primero las tantas casitas de
Nazaret, esto es las almas que la querrán conocer para hacerla reinar en ellas. Yo y la Soberana
Reina estaremos a la cabeza de estas pequeñas casitas, porque habiendo sido Nosotros los
primeros que hemos poseído este reino en la tierra, es nuestro derecho que no cederemos a
ninguno el ser los dirigentes de ellas. Entonces estas pequeñas casitas, repetidoras de nuestra
casa de Nazaret, formarán tantos pequeños estados nuestros, tantas provincias, que después
de que se hayan formado bien, y ordenadas como tantos pequeños reinos de nuestra Voluntad,
se fundirán juntos y formarán un solo reino y un gran pueblo. Por eso para tener nuestras obras
más grandes, nuestro modo de actuar es el de comenzar primero solos, al tú por tú con una sola
criatura; cuando hemos formado a ésta, la hacemos canal para encerrar en nuestra obra otras
dos, tres criaturas, después agrandamos formando un pequeño núcleo, y después lo
agrandamos tanto de tomar todo el mundo entero; nuestras obras comienzan en el aislamiento
de Dios y el alma, y terminan continuando su vida en medio a pueblos enteros. Y cuando está
el principio de una obra nuestra, es señal cierta que no morirá al nacer, a lo más podrá vivir
escondida por algún tiempo, pero después saldrá y tendrá su vida perenne. Por eso siempre
adelante te quiero en mi Divina Voluntad”.
+ + + +
29-20
Junio 5, 1931
Cómo es necesario hacerse de amigos en los buenos
tiempos. Dolor de Jesús por el abandono de los
apóstoles. La voluntad humana, cárcel de la criatura.
(1) Estoy siempre en el mar del Querer Supremo, ¡oh! cuántas cosas bellas se encuentran en
Él, están todos los actos de Jesús como en acto, están aquellos de la Soberana Señora, los de
nuestro Padre Celestial, que ha hecho y que hará; es un mar no dividido, sino único,
interminable, es todo. En este mar no hay peligros, ni temores de caídas, porque la feliz criatura
que entra en él deja sus vestiduras y toma las vestiduras divinas. Entonces, mientras estaba en
este mar, mi dulce Jesús me ha hecho presente cuando en su Pasión los apóstoles se
dispersaron, huyeron de Él dejándolo solo y abandonado en medio a los enemigos. Y mi Sumo
Bien Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, el dolor más grande que tuve en mi Pasión, el clavo que más me traspasó el
corazón, fue el abandono y la dispersión de mis apóstoles, no tenía un ojo amigo en el cual
pudiera poner mi mirada; el abandono, las ofensas, la indiferencia de los amigos, supera, ¡oh!
por cuánto a todos los dolores e incluso la muerte que pueden dar los enemigos. Yo sabía que
los apóstoles me debían dar este clavo, y vilmente habrían huido de Mí, pero no puse atención
a esto, porque hija mía, quien quiere hacer una obra no debe preocuparse por sus penas, más
bien debe hacerse de amigos en los buenos tiempos, cuando todo le sonríe alrededor, paso a
paso siembra triunfos y prodigios, y no sólo esto, sino que comunica la fuerza milagrosa a quien
se hace su amigo y discípulo, entonces todos se vanaglorian de ser amigos de quien está
rodeado de gloria y honor, todos esperan, y cuantos amigos y discípulos se quieren, se tienen,
porque la gloria, los triunfos, los buenos tiempos, son imanes potentes que atraen a las criaturas
a seguir al triunfador. ¿Quién quiere seguir y ser amigo o discípulo de un pobre calumniado,