más que Yo no dejo jamás a la criatura en un punto, sino que la hago crecer siempre hasta
poder decir: ‘No tengo más qué darle, estoy contento porque le he dado todo’. Porque tú debes
saber que cada vez que la criatura hace un acto en mi Divina Voluntad se arroja en Ella, y Dios
se arroja en la criatura, entonces en el arrojarse recíprocamente Dios comunica su acto nuevo
jamás interrumpido, y la voluntad humana queda en poder de la Voluntad Divina y siente nuevo
amor, nueva potencia, nueva frescura, con todos los refrigerios divinos, de modo que en cada
acto se siente renacer nuevamente en la Vida Divina, sin perder lo que ha recibido en los otros
actos adquiere e incorpora en sí la nueva Vida que le ha sido comunicada, tanto que se siente
crecer, alimentar con nuevo crecimiento y con alimentos nuevos. Entonces quien vive en
nuestra Voluntad adquiere siempre nuevos conocimientos de su Creador, y el nuevo
conocimiento le lleva la corriente del continuo acto nuevo que Dios posee. No ves tú el cielo,
las estrellas, el sol, ¿ves acaso algún cambio en ellos? O bien después de tantos siglos, ¿no
están siempre frescos, bellos, nuevos, como fueron creados? ¿Y por qué? Porque están bajo
el imperio de la fuerza creadora de nuestro Fiat que los creó, y permanece en ellos como vida
perenne. Por eso la permanencia de mi Voluntad en la criatura produce con su imperio
dominante vida nueva de paciencia, de oración, de paz, de sacrificio y de alegrías infinitas. Así
como es mi Voluntad, tal quiere volver a quien vive en Ella”.
(3) Después continuaba pensando en el Querer Divino, y mi dulce Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, cuando mi Divina Voluntad hace un acto, Ella no lo retira jamás, más bien se
hace vida perenne de su acto. La misma Creación lo dice, con el hacer continuamente aquellos
actos que mi Querer puso en las cosas al crearlas, las cosas creadas se pueden llamar las
repetidoras de los actos de mi Divina Voluntad, el cielo está siempre en su lugar, no se retira
jamás de ningún punto, y con el estar siempre extendido hace siempre repetidos actos de
Voluntad Divina; el sol da siempre luz y está todo afanado en cumplir los innumerables actos de
Voluntad Divina que le fueron confiados en su luz, y conforme da el color y el perfume a cada
flor, la múltiple dulzura y sabores a los frutos, el desarrollo a las plantas, la luz y el calor a cada
criatura, y tantos otros actos que hace, tantos actos de mi Voluntad va cumpliendo, parece que
hace su curso con toda la majestad imperante al cumplir tantos actos confiados a él, verdadero
símbolo del modo majestuoso e imperante de mi Voluntad. El mar cuando murmura, el agua
cuando se da a las criaturas, la tierra cuando reverdece y produce plantas y flores, tantos
múltiples actos de mi Voluntad cumplen, Ella es la motriz de todo y tiene a toda la Creación en
acto de hacer cumplir su Voluntad, y por eso son todos felices, no pierden jamás su lugar de
honor ni están sujetos a morir, porque mi Voluntad obrante en las cosas creadas les da vida
perenne. Sólo la criatura, quien debía ostentar más en el hacer un continuado acto de mi
Voluntad, es la única que sale del motor de Ella y llega hasta ponerse en contra de un Querer
tan Santo, ¡qué dolor! Y ¿qué cuentas no me dará?”
(5) Mi dulce Jesús ha hecho silencio, y retirándose me ha dejado en la luz de su Voluntad, y
¡oh! cuántas cosas comprendía; pero, ¿quién puede decirlas todas? Mucho más que en Ella se
habla con palabras celestiales, y al encontrarme en mí misma debo adaptar las palabras
celestiales a las humanas, y temiendo hacer un embrollo me contento con pasar adelante,
esperando que si Jesús quiere se adaptará a hablar con las palabras del bajo mundo. Después
de esto continuaba mis actos en el Fiat Divino, y mi pobre mente se ha detenido en la pequeña
casa de Nazaret, donde la Reina del Cielo, el Celestial Rey Jesús, y San José, estaban en
posesión y vivían en el reino de la Divina Voluntad, así que este reino no es extraño a la tierra,
la casa de Nazaret, la pequeña familia que vivía en Ella, pertenecían a este reino y lo tenían en
pleno vigor; pero mientras esto pensaba, mi gran Rey Jesús me ha dicho:
(6) “Hija mía, cierto que el reino de mi Divina Voluntad ha existido sobre la tierra, y por eso
hay la esperanza cierta que regrese de nuevo en su pleno vigor; nuestra casa de Nazaret era
su verdadero reino, pero estábamos sin pueblo. Ahora tú debes saber que cada criatura es un
reino, por eso quien hace reinar mi Voluntad en ella se puede llamar un pequeño reino del Fiat