eso también tú sígueme y no retrocedas. Del resto se ve del modo de pensar de ellos que han
calculado sólo tu persona, pero no han calculado lo que puede hacer mi Divina Voluntad, y lo
que sabe hacer, y cuando decide obrar en una criatura para cumplir sus más grandes designios
en medio a las humanas generaciones no se deja dictar leyes por ninguno, ni quién debe ser, ni
el tiempo, ni el modo, ni el lugar, sino que en modo absoluto actúa, no toma en cuenta a ciertas
mentes cortas que no se saben elevar en el orden divino y sobrenatural, ni inclinar la frente ante
las obras incomprensibles de su Creador, y mientras quieren razonar con su razón humana,
pierden la razón divina y quedan confundidos e incrédulos”.
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29-18
Mayo 27, 1931
La vida del bien no muere y es defensa de todas las
criaturas. Un bien prolijo pone al seguro a Dios y al alma.
(1) Mi pobre mente nadaba en el mar inmenso del eterno Fiat, yo corría en Él como un
pequeño río, y en mi pequeñez quería abrazar su Inmensidad para llenarme toda de un Querer
tan santo, para poder tener el contento de poder decir: “Mi pequeño ser no es otra cosa que un
acto solo de Voluntad Divina, mi pequeño querer está lleno dentro y fuera de aquel Querer que
llena Cielo y tierra. ¡Oh! Querer Santo, sé tú la Vida, el Actor y el Espectador de todos mis actos,
a fin de que resurgiendo todos en Ti, puedan ser la llamada a todos los actos de las criaturas
para hacerlos resurgir en tu Fiat, a fin de que su reino se extienda en todas las criaturas”. Pero
mientras esto hacía, el pensamiento me ha dicho: “¿Cuál es el bien que hago con llamar a los
actos de las criaturas a resurgir en la Divina Voluntad?” Y mi amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, el bien no está sujeto a morir, y en cuanto la vida del bien surge, se pone en
defensa de todas las criaturas, y si las criaturas dispuestas toman aquel bien, no sólo quedan
defendidas, sino que toman la vida de aquel bien, y el bien surge y forma tantas otras vidas por
cuantas criaturas lo toman; y para las indispuestas queda siempre en su defensa, esperando
que se dispongan. Los actos hechos en mi Querer adquieren el germen de la luz, y así como la
luz, si bien una, tiene virtud de dar luz a cualquier ojo que quiere el bien de la luz para hacerla
suya, así los más pequeños actos hechos en mi Querer Divino, como es inmenso y envuelve a
todos, el más pequeño acto se convierte en luz y defensa de todos, y no sólo esto, sino que
corresponde a su Creador del amor, gloria y adoración que con derecho espera y exige de las
criaturas. Los actos hechos en mi Querer tienen siempre lo prodigioso, y por sí mismos dicen:
‘Somos la defensa de todos, estamos entre el Cielo y la tierra para defender a las criaturas, y
con nuestra luz somos luz de cada mente, somos los defensores de nuestro Creador con
repararle con nuestros actos perennes las ofensas que de la tierra se elevan’. Y además, el
bien es siempre bien, ¿crees tú que todo lo que Yo hice estando sobre la tierra ha sido tomado
todo por las criaturas? ¡De ningún modo, cuánto queda todavía! Pero con esto no se puede
decir que no hay bien, pasarán siglos y siglos y vendrá el tiempo que todo el bien que Yo hice
tendrá vida en medio a las criaturas, lo que no se toma hoy, otras criaturas lo pueden tomar
mañana, en otras épocas, por eso la verdadera vida del bien no se cansa de esperar, y con aire
de triunfo dicen: ‘No estamos sujetos a morir, por eso con certeza vendrá el tiempo en que
daremos nuestros frutos, los cuales harán resurgir tantas otras vidas que nos asemejen’. ¿Tú
crees que por no ver ningún efecto de todos tus actos en nuestro Fiat Divino no habrá nada de
bien? De ninguna manera, hoy así parece, pero espera los tiempos y ellos dirán el gran bien
que vendrá, por eso continúa y no retrocedas, porque tú debes saber que la prolijidad del bien
es sólo la prueba más cierta, que asegura a Dios y al alma del estado en que se encuentra. Un
estado prolijo de paciencia en los sufrimientos y encuentros dolorosos de la vida, una oración
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