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Mayo 19, 1931
Escenas del Edén. Caída del hombre. La Reina del Cielo aplasta
la cabeza a la serpiente infernal. Las palabras de Jesús tienen la
virtud comunicativa. Habla acerca de las dudas y dificultades.
(1) Continuaba haciendo mis actos en el Querer Divino uniéndome a sus actos que hizo en la
Creación, para darle el homenaje, el amor, la adoración por cada cosa creada por amor de las
criaturas, y mi pobre mente se ha transportado al Edén, en el acto de la caída del hombre,
cuando la serpiente infernal con su astucia y mentira indujo a Eva a sustraerse de la Voluntad
de su Creador, y Eva con sus modos lisonjeros indujo a Adán a caer en el mismo pecado. Y
mientras esto pensaba, mi amado Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi amor no se extinguió por la caída del hombre, sino que se encendió de más,
y si bien mi justicia justamente lo castigó y lo condenó, mi amor besando mi justicia, sin dejar
pasar un solo instante prometió el futuro Redentor y dijo a la serpiente engañadora con el imperio
de mi potencia: ‘Tú te has servido de una mujer para arrancarme al hombre de mi Divina
Voluntad, y Yo por medio de otra mujer que tendrá en su poder la potencia de mi Fiat, abatiré tu
orgullo, y con su pié inmaculado te aplastará la cabeza’. Estas palabras quemaron más que el
mismo infierno a la serpiente infernal, y encerró tanta rabia en su corazón, que no podía estar
más quieto, no hacía otra cosa que girar y girar la tierra para descubrir a Aquella que debía
aplastarle la cabeza, no para hacérsela aplastar, sino para poder con sus artes infernales, con
sus astucias diabólicas, hacer caer a Aquella que debía derrotarlo, debilitarlo, y atarlo en los
oscuros abismos. Por eso por cuatro mil años anduvo siempre girando, y cuando veía mujeres
más virtuosas y buenas, armaba su batalla, las tentaba en todos los modos, y sólo las dejaba
cuando se aseguraba, por medio de cualquier debilidad o defecto, que no era Aquella por medio
de la cual debía ser derrotado, y seguía su girar. Entonces vino la Celestial Criatura que le
aplastó la cabeza, y el enemigo sentía tal potencia en Ella, que lo arrojaba por tierra y no tenía
la fuerza de acercársele; esto lo consumía de rabia y ponía todas sus armas infernales para
combatirla, ¡pero qué! Hacía por acercarse y se sentía paralizado, se sentía romper las piernas
y obligado a retroceder, y desde lejos espiaba sus admirables virtudes, su potencia y santidad,
y Yo para confundirlo y hacerlo dudar le hacía ver a la Soberana Celestial, sus cosas humanas,
como el tomar alimento, el llorar, el dormir y las demás cosas, y él se persuadía de que no era
Aquella, porque siendo tan poderosa y santa no debía estar sujeta a las necesidades naturales
de la vida, pero después volvía a dudar y quería regresar al ataque, pero en vano. Mi Voluntad
es potencia que debilita todos los males y todas las potencias infernales, es luz que se hace
conocer por todos, y donde Ella reina hace sentir su potencia, que ni siquiera a los mismos
demonios les es posible desconocer, por eso la Reina del Cielo era y es el terror de todo el
infierno. Ahora la serpiente infernal siente sobre su cabeza mi palabra fulminante dicha en el
Edén, mi condena irrevocable de que una mujer le aplastará la cabeza, por eso sabe que con
ser aplastada la cabeza será derrotado su reino sobre la tierra, perderá su prestigio, y todo el
mal que él hizo en el Edén por medio de una mujer, será rehecho por otra mujer, y si bien la
Reina del Cielo lo debilitó, le aplastó la cabeza, y Yo mismo lo até a la cruz, y por eso no es más
libre de hacer lo que quiere, sino sólo a quien desafortunadamente se acerca, de él hace
desgarro; mucho más que ve que la voluntad humana no está sujeta a la Divina, y su reino no
está formado todavía, teme que otra mujer tenga que terminar de quemarle las sienes para hacer
que la condena divina tenga sobre su cabeza aplastada por el pié de la Inmaculada Reina su
cumplimiento, porque sabe que cuando Yo hablo mi palabra tiene la virtud comunicativa a otras
criaturas. Entonces, cuando se aseguró que Aquella a la que él temía era la Virgen Santísima,
y no pudiéndola combatir más retomó su giro, está observando y como vigía para ver si otra
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