cuántos sacrificios, cuántas gracias no he derramado para convertir una criatura en mi
habitación, y cuando tomo posesión, más que todo amo y quiero la libertad en mi casa, y cuando
encuentro, ahora la repugnancia, ahora las restricciones, en vez de adaptarse la habitación a
Mí, Yo me debo adaptar a ella, por eso no puedo desarrollar mi Vida, ni mis modos divinos, ni
me es dado el cumplir la finalidad para la cual con tanto amor, me he escogido esta habitación.
Por eso quiero libertad, y si quieres hacerme feliz déjame libre de hacer lo que quiero”.
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29-15
Mayo 10, 1931
Quien quiere recibir debe dar. Modos que tiene Jesús. Los dones divinos,
portadores de paz. La Divina Voluntad tiene la virtud de fermentar.
Bien que encierra un acto completo de Divina Voluntad.
(1) Estoy siempre en la querida heredad de la Divina Voluntad, a donde quiera que dirijo la
mente, el paso, la encuentro como Reina imperante, que con su dulce imperio quiere reinar
sobre mi pobre alma, y con la voz más elocuente, suave y fuerte, me dice emanando amor, de
poder convertir en fuego todo el mundo entero: ‘Como Reina te espero en cada obra mía, para
que tú vengas a formar y extender tu pequeño reino divino en mis mismas obras; mírame, soy
Reina, y quien es Reina tiene el poder de dar a sus hijos lo que quiere, mucho más que mi reino
es universal, mi poder es sin límites, y como Reina amo el no estar sola en mi reino, sino que
quiero el cortejo, la compañía de mis hijos, y de dividir con ellos mi imperio universal. Por eso
tu camino sean mis obras, que como tantas señales te llevarán a tantos encuentros con tu
Celestial Reina que te espera para darte sus dones como prenda cierta de su reino”.
(2) Entonces, mientras mi pobre mente se perdía en la inmensa luz de la Divina Voluntad, mi
siempre amable Jesús me ha dicho:
(3) “Hija mía, quien quiere recibir debe dar; el dar dispone a la criatura a recibir, y a Dios a
dar. Muchas veces también tu Jesús tiene este modo, cuando quiero algo de la criatura doy, y
si quiero grandes sacrificios, doy mucho, para que ella viendo lo mucho que le he dado, se
avergonzará y no tendrá el ánimo de negarme el sacrificio que le pido. El dar es casi empeñar
a la persona que recibe, es atraer su atención, su amor, el dar es apreciar, el dar es esperanza,
el dar es hacer surgir en el corazón el recuerdo del donador; y ¿cuántas veces personas que no
se conocían se vuelven amigos por medio de un regalo? Ahora, en el orden divino el donador
siempre es Dios, quien es el primero en mandar sus dones a la criatura, pero si ella no se mueve
a dar nada a su Creador, aunque sea su pequeño amor, su gratitud, un pequeño sacrificio,
porque si habíamos dado es porque queríamos, no enviamos más otros dones, porque con no
darnos nada ha cerrado la correspondencia y ha interrumpido la bella amistad que debía hacer
surgir nuestro don. Ahora hija mía, dar y recibir son actos primeros e indispensables que
claramente indican que Nosotros amamos a la criatura y ella nos ama; pero no basta, se debe
saber recibir convirtiendo en naturaleza el bien recibido, comiéndolo y masticándolo muy bien,
de modo de convertir el don en sangre del alma. Este es nuestro propósito al dar nuestros
dones, querer ver convertido en naturaleza el don que hemos dado, porque entonces nuestros
dones no corren peligro, y nos disponen a dar dones más grandes; y la criatura habiéndolo
convertido en naturaleza, pone al seguro nuestro don, queda poseedora y sentirá en sí el bien,
la fuente, y convertido en naturaleza el don recibido. Y así como nuestros dones son portadores
de paz, de felicidad, de fortaleza invencible, de aire celestial, por eso sentirá en sí la naturaleza
de la paz, de la felicidad, de la fuerza divina, que formarán en sí el aire del Cielo. Ésta es la
causa por la que cuando te hago el gran don de mi palabra después hago silencio, es porque