y no te sirvieran para hablar, para obrar y caminar, ¿no serías digna de condena? Ahora, así
como doy los dones en naturaleza al cuerpo, así cuando hablo, mi palabra creadora tiene la
potencia de dar al alma, como en naturaleza, el don que intento dar con mi palabra, porque un
Fiat mío puede encerrar un cielo, un sol, una plegaria incesante por don, con la cual mi Fiat tiene
la potencia de convertir como en naturaleza del alma estos dones. Por eso lo que tú haces en
tu interior son dones en naturaleza que mi palabra ha formado en ti, por eso estarás atenta para
no tener inútiles mis dones, Yo los he puesto en ti para hacer que con estos actos repetidos en
mi Querer podamos juntos impetrar el gran don de que mi Divina Voluntad venga a reinar sobre
la tierra. Mucho más hija buena, que los actos repetidos son como la sabia a la planta, si la
planta no tiene sabia está seca y no puede producir ni flores ni fruta, la sabia es como la sangre
vital de la planta, que circulando en ella la conserva, la hace crecer y le hace producir los frutos
más bellos y sabrosos, que llegan a formar la gloria y la utilidad del agricultor; pero esta sabia
no se forma por sí misma en la planta, es el agricultor que debe estar atento a regarla y cultivarla,
pero no una vez, sino siempre, dándole como en naturaleza la sabia suficiente para hacer que
la pobre planta encuentre el alimento diario para vegetar y crecer, para poder dar sus frutos a
aquél que la cultiva, pero si el agricultor es un holgazán, la planta pierde la sabia y muere. Ve
entonces qué cosa son los actos repetidos, son la sangre del alma, el alimento, la conservación
y el crecimiento de mis dones, a los cuales Yo, como Agricultor Celestial no ceso jamás de
regarte, por lo que no hay peligro de que pueda ser holgazán, pero tú debes recibir esta sabia
vital, y sólo la recibes cuando repites los actos en mi Voluntad en el fondo de tu alma, entonces
abre la boca, y Yo regándote te doy la sangre en tu alma para darte el calor divino, el alimento
celestial, y agregándote otras palabras mías te conservo y te acreciento mis dones. ¡Oh! si la
planta tuviera razón y rechazara ser regada por el agricultor, ¿qué suerte correría la pobre
planta? ¡La suerte de perder la vida! Y ¡qué dolor del pobre agricultor! Por eso el repetir los
actos es querer la vida, es tomar el alimento; el repetir es amar, apreciar y apagar las ansias y
contentar a tu Agricultor Celestial, que con tanto amor ha trabajado en el campo de tu alma, y
conforme te siento repetir tus actos junto Conmigo, o sola, me das los frutos de mi trabajo, y Yo
me siento amado nuevamente y correspondido por los tantos dones que te he dado, y me
dispongo a darte dones mayores. Por eso sé atenta y haz que tu constancia sea la fuerza
vencedora, que vence y domina a tu Jesús”.
(3) Después de esto me sentía como si debiera caer en mi acostumbrado estado de
sufrimiento, y dadas las imposiciones que hay, sentía repugnancia de aceptar, mi pobre
naturaleza temblaba y sentía la necesidad de decir junto con mi dulce Jesús: ‘Padre, si es
posible pase de mí este cáliz, pero hágase tu Voluntad no la mía’. Y mi amado Jesús ha
agregado:
(4) “Hija mía, no quiero en ti las penas forzadas, sino voluntarias, porque las penas forzadas
pierden la frescura, la belleza y el dulce encanto de la semejanza con las penas de tu Jesús,
que todas fueron sufridas por Mí en forma voluntaria, y son como aquellas flores marchitas,
como aquellos frutos inmaduros que la vista desdeña y la boca no puede comer, tanta es la falta
de sabor y dureza de aquellas frutas. Tú debes saber que cuando elijo un alma, Yo formo en
ella mi habitación, y quiero ser libre de hacer en mi casa lo que Yo quiero, y de estar como me
agrada, no quiero restricciones de parte de la criatura, quiero absoluta libertad, de otra manera
me volvería infeliz y estaría obstaculizado en mi modo de actuar; sería la más grande
desventura, incluso al más pobre, el no gozar la libertad en su pequeño tugurio, e incurriría en
la desventura de un pobre individuo que habiéndose formado con tanto amor una habitación,
cuando la ha acondicionado y puesto en orden, entra para habitarla, pero con su dolor le vienen
hechas imposiciones y restricciones, y se le dice: ‘En esta habitación no puedes dormir, en ésta
no puedes recibir, en ésta otra no puedes pasar’. En suma no puede estar como quiere ni hacer
lo que quiere, así que pobrecito, se siente infeliz porque ha perdido su libertad, y está arrepentido
de los sacrificios que ha hecho para fabricarse esta habitación. Así soy Yo, cuántos trabajos,