(2) “Hija mía, nuestro obrar divino, si bien sobreabunda, pero tanto que la criatura no puede
llegar a tomar toda la sobreabundancia de los bienes que ponemos en nuestras obras creadoras,
sin embargo para obrar requerimos siempre el pequeño obrar de la criatura, y según el más o el
menos obrar de ella, así disponemos el más o el menos de los bienes que queremos dar en la
obra que queremos hacer en provecho de las criaturas, porque el obrar de ellas nos sirve como
pequeño terreno o espacio donde apoyar nuestros bienes; si un terreno o espacio es pequeño,
poco podemos poner, si es grande podemos poner mucho, y si queremos poner de más, será
incapaz de tomarlo y de comprender lo que Nosotros le hemos dado. Mira entonces cuán
necesario es el pequeño obrar de la criatura para hacer que nuestras obras tengan vida en
medio a las humanas generaciones, mucho más que en cuanto la criatura comienza sus
pequeños actos, sus plegarias, sus sacrificios para obtener el bien que le queremos dar, así se
pone en comunicación con su Creador, abre una especie de correspondencia, y todos sus actos
no son otra cosa que cartitas que le hace llegar, en las cuales ahora ruega, ahora llora, y ahora
le ofrece su misma vida para moverlo a dar el bien que le queremos dar. Esto dispone a la
criatura a recibirlo, y a Dios a darlo; si esto no fuera faltaría el camino y todas las comunicaciones
estarían cerradas, faltaría el conocimiento de Aquél que quiere dar el don, y sería dar y exponer
nuestros dones a personas enemigas, que no son ni amadas por Nosotros, ni amantes de
Nosotros, lo que no puede ser; mientras que cuando Nosotros queremos hacer una obra
elegimos siempre a quien nos ama y amamos, porque el amor es el germen, la sustancia, la
vida de nuestras obras, y cuando falta el amor falta la respiración, el latido de una obra y no se
aprecia el don recibido, y con no apreciarlo corre peligro de morir al nacer. He aquí la necesidad
de tus actos y del sacrificio, incluso de tu vida, para hacer conocer mi Querer Divino y hacerlo
reinar; no hay obra más grande de Ella, y por eso quiero tus actos repetidos, tus oraciones
incesantes, y tu sacrificio prolijo de una vida sepultada viva, no es otra cosa que el terreno amplio
donde apoyar tanto bien. Cada acto tuyo es una cartita que nos mandas, y Nosotros leyéndola
decimos: ¡Ah sí, hay quien quiere nuestro Querer sobre la tierra y quien nos quiere dar su misma
vida para hacerlo reinar! Con esto disponemos las cosas, las gracias, los eventos, para llenar
tu pequeño terreno, y esperamos que lo agrandes de más para apoyar el gran don del reino de
nuestra Voluntad. Esto sucedió en la Redención, esperé largo tiempo para descender del Cielo
a la tierra para dar el tiempo suficiente al pueblo elegido para preparar con sus actos, plegarias
y sacrificios, el pequeño terreno donde podía apoyar los frutos de la Redención, que fueron tan
sobreabundantes, que las criaturas todavía deben tomar todo, y si más hubieran hecho, más
habría dado; y si hubiera querido dar más, sin ni siquiera una coma, un punto de sus actos,
habría sido para ellos como un libro ilegible del cual no se conoce la lengua, como un tesoro sin
llave que no se conoce lo que está adentro, porque el acto de la criatura es el ojo que lee y la
llave que abre para tomar mis dones. Y además, dar sin ser conocido el bien que se da, habría
sido un dolor, y no habría sido digno de nuestra sabiduría. Por eso sé atenta en seguir mi
Voluntad Divina, cuanto más la sigas más la reconocerás y más será sobreabundante en dar
sus bienes”.
(3) Después de esto estaba siguiendo mi giro en la Creación para unirme a los actos hechos
por la Divina Voluntad en ella, y mi dulce Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, el respiro, el latido, la circulación de la sangre de la Creación es el amor, la
adoración, la gloria nuestra. Nosotros poníamos en ella lo que Nosotros somos en Nosotros
mismos; nuestra Naturaleza es amor purísimo, y nuestra santidad es tanta, que lo que produce
este amor no es otra cosa que adoración profunda y gloria perenne a nuestro Ser Divino. Por
eso poniendo fuera la Creación debíamos poner lo que Nosotros poseemos, no podíamos poner
cosas que a Nosotros no pertenecieran, por eso el latido de la Creación es el amor, y conforme
late, así la adorna con nuevo amor, que dándole la carrera de la circulación repite
incesantemente: ‘Adoración y gloria a nuestro Creador.’ Ahora la criatura, si gira en las cosas
creadas poniendo su amor, pone el suyo y toma nuestro amor, y hace surgir otro amor para
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