detengo jamás, tienes que seguir a los ángeles porque quieren cumplir su cometido asignado,
tienes qué cumplir tu misión de hija de la Divina Voluntad”.
(3) Después de esto me sentía pensativa, y temiendo pensaba entre mí: “Las circunstancias
de mi vida son dolorosísimas, tanto, que muchas veces me siento sucumbir bajo una tempestad
tan grande que no da señas de terminar, más bien parece que arrecia más, y si Nuestro Señor
no me da ayuda y gracia sobreabundante, mi debilidad es tanta, que me siento como si quisiera
salir de la Divina Voluntad, y si, jamás sea, esto sucede, pobre de mí, todo se perderá”. Pero
mientras esto pensaba, mi adorable Jesús extendiéndome sus brazos para sostenerme me ha
dicho:
(4) “Hija mía, tú debes saber que los actos hechos en mi Divina Voluntad son imperecederos
e inseparables de Dios, y permanecen como continuo recuerdo de que el alma ha tenido el bien
de obrar junto con una Voluntad Divina, y que Dios ha tenido junto con Él a la criatura para
hacerla obrar con su misma Divina Voluntad. Este recuerdo feliz, obrante y santo, nos hace
tener siempre ante la vista a Dios y al alma, de modo que quedamos inolvidables el uno y el
otro, tanto, que si la criatura tuviera la desventura de salir de nuestra Voluntad, irá vagando,
girará lejana, pero sentirá el ojo de su Dios sobre sí que la llama dulcemente, y su ojo mirará
hacia Aquél que la mira continuamente; y si bien va vagando, siente la irresistible necesidad, las
fuertes cadenas que la atraen a los brazos de su Creador. Esto le sucedió a Adán, porque el
principio de su vida fue hecho en mi Voluntad Divina; a pesar de que pecó y fue expulsado del
Edén, que estuvo vagando toda su vida, pero ¿acaso él se perdió? ¡Ah no! Porque sentía sobre
de sí la potencia de nuestra Voluntad en la cual él había obrado, sentía nuestro ojo que lo miraba
y que atraía su ojo a vernos, y el amado recuerdo que las primicias que sus actos habían tenido
vida en nuestra Voluntad. Tú no puedes comprender todo el bien y qué significa obrar en nuestra
Voluntad; con obrar en Ella el alma adquiere tantas prendas de valor infinito por cuantos actos
hace en nuestro Fiat, y estas prendas quedan en Dios mismo, porque la criatura no tiene
capacidad ni lugar dónde tenerlas, tanto es el valor que contienen, y además ¿puedes tú creer
que mientras tenemos estas prendas de valor infinito de la criatura, debemos permitir que se
pierda aquél a quien pertenecen estas prendas tan preciosas? ¡Ah no! ¡No! Por eso no temas,
los actos hechos en nuestro Querer son vínculos eternos, cadenas no sujetas a romperse, y
supón que tú salieras de nuestro Querer Divino, lo que no será, tú puedes salir, pero tus actos
quedan, no pueden salir, porque han sido hechos en nuestra casa, y la criatura tiene derechos
sobre ellos hasta en tanto está en nuestra casa, esto es en nuestra Voluntad, en cuanto sale
pierde sus derechos, pero estos actos tendrán tal potencia de hacer volver a aquella que era
poseedora de ellos. Por eso no quieras estropear la paz de tu corazón, abandónate en Mí y no
temas”.
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29-13
Abril 24, 1931
Dios en el obrar requiere de los actos de las criaturas como
pequeño terreno donde apoyar sus obras. Quién forma el respiro,
el latido de la Creación. Las obras de Dios son portadoras de vida.
(1) Continuaba haciendo mis actos en el Fiat Divino, ¡oh! cómo desearía no dejar escapar
nada de lo que ha hecho, tanto en la Creación como en la Redención, para poder hacer
competencia con mi pequeño ‘te amo’ incesante, te adoro, te agradezco, te bendigo, y te ruego
que venga el reino de la Divina Voluntad sobre la tierra. Pero mientras esto pensaba, mi amable
Jesús me ha dicho:
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