si hubiera estado el puntal, los sucesos habrían sido la décima o la quinta parte. Mucho más
que este puntal estaba formado de penas voluntarias y queridas por Mí, y en las penas
voluntarias entra una fuerza divina, podría decir que Yo mismo en tus penas me hacía puntal
para sostener mi Justicia, ahora faltándome tus penas me falta la materia para formar el puntal,
y por eso mi Justicia queda libre de hacer lo que quiera. De esto deberían comprender el gran
bien que he hecho a todos y al mundo entero al tenerte por tantos años en el estado de penas
voluntarias. Por eso si no quieres que mi Justicia continúe a destrozar la tierra, no me niegues
tus penas voluntarias, y Yo te ayudaré, no temas, déjame hacer”.
(5) Después de esto me he abandonado toda en el Fiat Divino, con temor de que yo pudiera
negar alguna cosa a Jesús y de poder negarme a hacer siempre la Divina Voluntad. Este temor
me desgarra el alma y me inquieta, y sólo en la presencia de Jesús me siento en paz, pero en
cuanto lo pierdo de vista regreso bajo la tempestad de los temores, de los miedos y
repugnancias, y mi dulce Jesús para animarme ha agregado:
(6) “Hija buena, ánimo, levántate, no te abatas; ¿quieres saber cómo se forma la Luz de mi
Divina Voluntad en tu alma? Los deseos repetidos son como tantos soplos que soplando sobre
tu alma llaman la flama, las gotitas de luz a encenderse dentro de ella, y por cuanto más
intensamente deseas, tanto más sopla para alimentar la llama y engrandecerla de más, si cesa
el soplo hay peligro que la llama se apague. Así que para formar y encender la llama se
requieren los deseos verdaderos e incesantes, y para madurar y engrandecer la luz se requiere
el amor que contiene el germen de la luz, en vano soplarías con tus deseos si faltara la materia
inflamable sobre tus soplos repetidos. Pero ¿quién puede poner al seguro esta llama en modo
de hacerla imperecedera, sin peligro de apagarse? Los actos hechos en mi Divina Voluntad,
ellos toman la materia para encender la llama de nuestra luz eterna que no está sujeta a
apagarse, y la mantienen siempre viva y siempre creciente, y la voluntad humana ante esta luz
se eclipsa y se vuelve ciega, y viéndose ciega no siente más el derecho de actuar y da la paz a
la pobre criatura. Por eso no temas, Yo te ayudaré a soplar, soplaremos juntos, así la llama
será más bella y más brillante”.
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29-11
Abril 4, 1931
El te amo es trueno, la Divina Voluntad es Cielo, nuestra humanidad
es tierra. Las penas del corazón de Jesús. Intercambio de vida.
La Divina Voluntad principio, medio y fin.
(1) Continúa mi abandono en los brazos de la Santísima Voluntad Suprema, y si bien me
siento bajo las densas nubes de amarguras inenarrables, las cuales me quitan lo bello de la Luz
divina, y si la siento está atrás de las nubes, sin embargo en cuanto digo mi ‘te amo’ y hago mis
actos en el Fiat, se forma el trueno, y haciendo salir su luz deslumbrante desgarra las nubes, y
por entre aquellos desgarros entra la luz brillante en mi alma y me lleva la luz de la verdad que
Jesús quiere manifestar a su pequeña criatura. Me parece que por cuanto más repito mi te amo,
tanto más seguido trueno y relampagueo, y estos relámpagos rasgando las nubes hieren a mi
sumo Bien Jesús, el cual herido me manda su luz como anunciadora de su visita a su hija
amargada. Después, mientras me encontraba en este estado, mi amado Jesús ha venido en un
estado que daba compasión, y afligido tenía los brazos destrozados por las graves ofensas
recibidas, y lanzándose en mis brazos me pedía ayuda en tantas penas; yo no he sabido resistir,
y mientras me lo he estrechado entre mis brazos, me he sentido comunicar sus penas, pero
tantas de sentirme morir, entonces he caído en el abismo de mi estado doloroso. ¡Fiat...! ¡Fiat...!
1753 sig