hace otra cosa que externar la extensión del amor que tienes dentro de ti; pero si dentro no es
todo amor, faltando la fuente pura de adentro, no puede ser ni amor puro, ni completo”.
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29-8
Marzo 23, 1931
Sentir la propia voluntad es una cosa, quererla es
otra. El más bello reposo que quiere dar la Divina
Voluntad. Actos triples en el acto de la criatura.
(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, pero son tales y tantas las circunstancias en
las que actualmente me encuentro, que mi pobre voluntad humana quisiera como salir de todas
las partes de mi ser para tener algún acto de vida, y yo siento todo el peso enorme, me siento
aplastar, triturar bajo mi humano querer, ¡oh! cómo es verdad que es el más cruel tirano. Jesús
mío ayúdame, no me abandones, no me dejes en poder de mi voluntad, si Tú quieres puedes,
ponla bajo el dulce imperio de tu Divina Voluntad. Y mi amado Jesús haciéndose ver y oír me
ha dicho:
(2) “Hija mía, ánimo, no te preocupes tanto, sentir el peso de la propia voluntad dice nada, es
una pena más dolorosa que todas las otras penas, y si tú lo hubieras querido no sería más pena,
sino que la pena se cambiaría en satisfacción; sentir es una cosa, querer es otra, por eso quítate
el pensamiento de que cometes siempre pecados porque sientes tu voluntad. Por eso no temas,
Yo te estoy mirando, y cuando veo que ella quiere la vida en tus cosas, Yo te doy la pena para
hacerla morir de pena, por eso fíate de tu Jesús, porque lo que te hace más mal es la
desconfianza, ¡ah! es siempre ella la que me hace estar inquietas a las almas, aun cuando las
tengo estrechadas en mis brazos. Y además, esta pena de sentir el peso de la voluntad humana,
¡oh! cuánto la sintió más a lo vivo tu Jesús, me duró toda la vida, por eso la mía y la tuya
unámoslas, y ofrezcámoslas por el triunfo de mi Voluntad en las almas. Haz todo a un lado y
ven a reposarte en mi Divina Voluntad, Ella con todo amor te espera en el centro de mi corazón
para amarte, y el más bello amor que quiere darte es el reposo en las penas que tú sufres, ¡oh!
cómo es dulce y refrescante ver reposar a nuestra hija que amamos y nos ama, y mientras
reposa quiere hacer llover sobre ti el celestial rocío de la luz de mi Divina Voluntad; Ella en la
unidad de su luz hace siempre un acto, no cesa jamás de hacerlo, y un acto solamente se puede
llamar completo cuando no está sujeto a interrupciones, este acto jamás interrumpido dice todo,
abraza, ama a todos; desde la altura en la cual este acto jamás dice basta, hace salir una
infinidad de efectos, que le hace tener como en un puño cielo y tierra, y comunica a las criaturas
el rocío celestial de los efectos de su santidad, de su amor y de su Vida Divina, pero estos
efectos para las criaturas se convierten en actos, de modo que siente en sí el acto de la Vida
Divina, de la luz, de la santidad, del amor, y la criatura que vive en mi Voluntad de ellos forma
su vida, su alimento, y crece bajo la lluvia del rocío celestial, del acto único de su Creador. Y
estos efectos cambiados en actos en la criatura, forman su pequeño sol, que con sus pequeños
reflejos dice: ‘Amor, gloria, honor continuos a quien me ha creado’. Así que el Sol Divino y el
sol formado por mi Voluntad Divina en la criatura se encuentran continuamente, se hieren, se
trasforma el pequeño sol en el inmenso Sol del Eterno y forman vida juntos, amándose con amor
recíproco y jamás interrumpido. Este amor continuo embriaga y adormece al querer humano, y
da el más bello reposo a la criatura”.
(3) Después de esto continuaba mis actos en la Divina Voluntad, y comprendía cómo cuando
nos disponemos a hacer un acto, el Querer Divino antes que nosotros hagamos el acto pone su
acto primero para dar la vida del acto en la criatura; y mi dulce Jesús ha agregado:
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