había creado, y que ahora tocaba mi turno de amarlo en cada cosa creada, para corresponderle
con otros tantos actos míos de amor, a fin de que su amor y el mío no estuvieran aislados, sino
que se hicieran dulce compañía. Ahora, mientras esto hacía, mi dulce Jesús ha salido del fondo
de mi alma, que parecía que estaba tan adentro de ella, que no me era dado verlo y me ha dicho:
(2) “Hija mía, nuestro amor por la criatura fue ‘ab eterno’, dentro de Nosotros la amamos
siempre, pero fuera de Nosotros fue externado nuestro primer amor en la Creación. Conforme
nuestro Fiat se iba pronunciando y paso a paso creaba el cielo, el sol, y todo lo demás, así iba
externando en cada cosa creada, casi paso a paso nuestro amor contenido desde la eternidad
por amor de las criaturas. Pero debes saber hija mía, que un amor llama al otro; habiéndose
externado en la creación del universo y habiendo probado cómo es refrescante, cómo es dulce
el desahogo del amor, y sólo con externarlo se desahoga, y se siente cómo es dulce amar, por
eso nuestro amor habiéndose comenzado a externar no se dio más paz si no creaba a aquél,
por causa del cual había dado principio a externar su amor, como sembrándolo en todas las
cosas creadas. Por tanto rebosaba fuerte dentro de Nosotros, queriendo hacer acto cumplido
de amor, llamándo de la nada a aquél para darle el ser y crear en él nuestra misma Vida de
amor; si no creábamos en él la Vida de amor para ser amados, no había ninguna razón, ni divina
ni humana de externar tanto amor hacia el hombre; si tanto lo amamos era razonable y con
derecho que él nos amara, pero no teniendo nada de sí mismo, convenía a nuestra sabiduría el
crear Nosotros mismos la Vida del amor para ser amados por la criatura. Pero escucha hija el
exceso de nuestro amor, antes de crearlo no estábamos contentos de haber externado nuestro
amor en la Creación, sino que llegó a tanto que poniendo fuera de nuestro Ser Divino nuestras
cualidades, pusimos fuera mares de potencia y lo amamos en nuestra potencia, mares de
santidad, de belleza, de amor, y así de lo demás, y lo amamos en nuestra santidad, en nuestra
belleza, en nuestro amor, y estos mares debían servir para investir al hombre, a fin de que
encontrara en todas nuestras cualidades el eco de nuestro amor potente, y nos amara con amor
potente, con amor santo, y con amor de belleza raptora. Por eso cuando estos mares de
nuestras cualidades divinas fueron puestos fuera de Nosotros, creamos al hombre
enriqueciéndolo de nuestras cualidades por cuanto más podía contener, a fin de que también él
tuviera un acto que pudiera hacer eco en nuestra potencia, en nuestro amor, en nuestra bondad,
para podernos amar con nuestras mismas cualidades. Queríamos al hombre, no siervo, sino
hijo; no pobre, sino rico; no fuera de nuestros bienes, sino dentro de nuestra heredad, y como
confirmación de esto le dábamos por vida y por ley nuestra misma Voluntad. Ésta es la causa
por la que amamos tanto a la criatura, porque tiene de lo nuestro, y no amar las cosas propias
es contra la naturaleza y contra la razón”.
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29-7
Marzo 16. 1931
El cielo y toda la Creación simbolizan la jerarquía
celestial. Cómo se forma un acto de amor puro.
(1) Mi pobre mente me la sentía inmersa en la luz interminable de la Divina Voluntad, y trataba
de seguir sus actos hechos en la Creación y decía para mí: “Quisiera ser cielo para poder
extender en todos y por todas partes, y en todos los puntos, y sobre todos, mi amor, mi
adoración, mi gloria hacia mi Creador; quisiera ser sol, y tener tanta luz de llenar cielo y tierra y
convertir todo en luz, y en esta luz tener mi grito continuo: te amo, te amo”. Pero mientras mi
mente decía disparates, mi dulce y sumo bien Jesús, haciéndose ver me ha dicho:
(2) “Hija mía, toda la Creación simboliza a Dios, el orden de la diversidad de los santos y de
las almas. Su armonía, la unión que posee toda la Creación, el orden, la inseparabilidad,