cruz similar a aquella que con tanto amor tu Jesús había preparado para ti. Por eso mi dolor es
indescriptible al verme contrariado por las criaturas, por cuanta autoridad tienen, en los modos
que quiero tener con las almas quieren imponerme las leyes como si ellos las entendieran mejor
que Yo. Por eso mi dolor es grande, y mi Justicia quiere castigar a aquellos que han sido causa
de tanto dolor mío”.
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29-4
Marzo 2, 1931
Cómo el ofrecer el sacrificio de los santos duplica la gloria. La Divina
Voluntad tiene la virtud de hacer resurgir. Quien hace la Divina
Voluntad adquiere los derechos a los bienes divinos.
(1) Estaba continuando mis actos en la Divina Voluntad, e iba ofreciendo los sacrificios que
hicieron los santos del antiguo testamento, los de mi Mamá Celestial, todos los sacrificios de mi
amado Jesús, y así uno a uno de todo el resto. El Divino Querer me los ponía todos en orden
ante mi mente, y yo los iba ofreciendo como el más bello homenaje a mi Creador. Pero mientras
esto hacía, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, no hay cosa sufrida y obrada por todos los santos de la historia del mundo, en
que mi Voluntad no haya tomado parte haciéndose actora y concurrente de fuerza, de ayuda,
de sostén en aquel sacrificio u obra que hayan hecho. Ahora, el alma ofreciéndolos a Dios como
homenaje de gloria, trae a la memoria aquel sacrificio y obra, y mi Divina Voluntad reconoce lo
que ha puesto de suyo en tales actos, y da la virtud de duplicar la gloria de aquel sacrificio, para
Dios y para quien ha tenido el bien de sacrificarse y obrar para cumplir mi Divina Voluntad. El
verdadero bien no cesa jamás, ni en el Cielo ni en la tierra, basta una criatura que lo recuerde y
lo ofrezca, y se renueva la gloria en el Cielo y descienden los efectos de aquel bien en la tierra
a favor de las criaturas. Por eso la vida del verdadero bien no está sujeta a morir, de hecho,
¿quién es la vida de mi Iglesia? ¿Quién la alimenta y le hace de Maestro? Sino el breve curso
de mi Vida acá abajo; puedo decir que son mis penas que la sostienen, es mi doctrina quien la
enseña, son los sacramentos que la alimentan, así que todo el bien que Yo hice no murió, sino
que permanece con la plenitud de la vida, y vida que vivifica, conserva, alimenta y hace crecer
continuamente, y se da a quien la quiera. Y en cuanto la criatura lo recuerda, se pone en relación
con mis bienes, y conforme los va ofreciendo así se duplican para darse a ella, y Yo me siento
duplicar la gloria de lo que hice por amor de las criaturas. Mucho más que quien obra en mi
Divina Voluntad adquiere la virtud de hacer resurgir; conforme el alma va haciendo sus actos,
sus ofrecimientos en Ella, así mi Fiat corre para poner el germen de la luz, y su luz posee la
virtud de surgir en cada instante y acto. Parece como el sol que surge para cada plantita, para
cada flor, porque no da la misma cosa a todos, como si surgiera para cada una; da a la plantita
un efecto, a la flor un color, y colores distintos uno del otro. Así son los actos hechos en mi
Divina Voluntad, se exponen a los rayos de mi Sol Divino, y reciben el germen de luz, la cual
hace surgir en cada acto de criatura tal variedad de bellezas y colores distintos, y un acto llama
a surgir al otro. Así que quien vive en mi Voluntad con el germen renovado de mi luz, me da
siempre cosas nuevas, y ella está siempre en acto de resurgir continuamente en el amor, en la
gloria y en la misma Vida de su Creador”.
(3) Después continuaba mis actos en la Divina Voluntad, quería abrazar todo para poner en
cada cosa creada mi adoración, mi amor, mi gratitud para Aquél que tanto me había amado y
que tantas cosas había creado por amor mío. Y mi dulce Jesús ha agregado:
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