3-75
Mayo 27, 1900
El amor y la gracia penetran en las más íntimas partes del hombre.
(1) Esta mañana, sintiéndome más que nunca afligida por la privación de mi sumo Bien, en
cuanto se ha hecho ver me ha dicho:
(2) “Así como un viento impetuoso inviste a las personas y penetra hasta en las vísceras, de
modo de sacudir a toda la persona, así mi amor y mi gracia volando sobre las alas de los vientos,
invisten y penetran en el corazón, en la mente y en las más íntimas partes del hombre. Con todo
esto, el hombre ingrato rechaza mi gracia y me ofende, ¡oh! ¿cuál no es mi acerbo dolor?”
(3) Yo estaba toda confundida y aniquilada en mí misma y no osaba decir una sola palabra,
sólo pensaba: “¿Como es que no viene?” Y también: Si viene no lo veo claro, parece que he
perdido la claridad, ¿quién sabe si veré develado su hermoso rostro como antes?” Mientras así
pensaba, mi benigno Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, ¿por qué temes, si tu estado está en los Cielos por la unión de nuestros
quereres?”
(5) Y queriéndome animar y compadecer mi estado doloroso me ha dicho:
(6) “Tú eres mi nuevo Job. No te oprimas demasiado si no me ves con claridad, te lo dije desde
el otro día, que no vengo según lo acostumbrado porque quiero castigar a las gentes, y si tú me
vieras con claridad comprenderías lo que Yo estoy haciendo, y tu corazón, como ha recibido el
injerto del mío, por eso conozco lo que tú vendrías a sufrir, como está sufriendo mi corazón
porque me veo obligado a castigar a mis criaturas. Así que para ahorrarte estas penas no me
hago ver con claridad”.
(7) ¿Quién puede decir las heridas que ha dejado a mi pobre corazón? ¡Ah Señor, dame la
fuerza para sostener el dolor!
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3-76
Mayo 29, 1900
Amenaza de castigos.
(1) Continuo estando en el mismo estado, me sentía toda oprimida y tenía toda la necesidad
de un apoyo para poder soportar la privación de mi sumo Bien. El bendito Jesús, teniendo
compasión de mí, por algunos minutos ha mostrado su rostro desde dentro de mi corazón, pero
no con claridad, y haciéndome oír su suavísima voz me ha dicho:
(2) “Ten ánimo otro poco hija mía, déjame terminar de castigar y después vendré como antes”.
(3) Mientras decía esto, en mi mente pensaba: “¿Cuáles son los castigos que ha comenzado
a mandar?” Y Él ha agregado:
(4) “La lluvia continuada es más que granizada, que está haciendo y traerá tristes
consecuencias sobre las gentes”.
(5) Dicho esto ha desaparecido y yo me he encontrado fuera de mí misma, dentro de un jardín,
y desde ahí dentro se veían las cosechas y las viñas secas, y dentro de mí iba diciendo: “Pobres
gentes, pobres gentes, ¿cómo harán?” Mientras esto decía, dentro de aquel jardín estaba un
niñito que lloraba y gritaba tan fuerte que ensordecía Cielo y tierra, pero ninguno tenía
compasión de él, si bien todos lo oían que lloraba tanto, no lo tomaban en cuenta y lo dejaban
solo y abandonado. Un pensamiento me ha pasado por la mente: “¿Quién sabe? A lo mejor es
Jesús”. Pero no estaba segura. Entonces, acercándome a Él le dije: “¿Qué tienes que lloras niño
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