corazón y todo se vierte sobre las penas y sobre el corazón de mi criatura amada. Por eso estoy
contigo en el sufrir y hago dos oficios, de actor de penas y espectador, para gozarme los frutos
de mis penas que en ella voy desarrollando; por eso para quien vive en mi Divina Voluntad soy
Sol y centro de su vida, así que somos inseparables, Yo siento su vida palpitante en Mí, y ella
siente mi Vida palpitante en lo íntimo de su alma. En cambio para quien vive en la circunferencia
de la luz que el Sol de mi Divina Voluntad expande por todas partes, no es dueña de la luz,
porque se dice verdadera dueña cuando un bien reside en sí misma, y el bien de adentro ninguno
se lo puede quitar, ni en vida ni después de muerta, por el contrario el bien de afuera está sujeto
a peligro, no tiene poder de tenerlo al seguro, y el alma sufre debilidad, inconstancia, pasiones
que la atormentan, y llega a sentirse como lejana de su Creador. Por eso siempre en mi Voluntad
te quiero, para hacerme continuar mi Vida sobre la tierra”.
(4) Después continuaba mis pequeños actos de adoración, de amor, de alabanza, de
bendiciones en el Fiat Divino a mi Creador, y conforme hacía mis actos así el Querer Divino los
extendía por dondequiera y por todas partes donde se encontraba la Divina Voluntad, que no
hay punto donde no se encuentre; y mi siempre amable Jesús ha agregado:
(5) “Hija queridísima de mi Voluntad, tú debes saber que mi Querer no sabe hacer actos a
medias, sino completos, y con tal plenitud que puede decir: ‘Donde está mi Voluntad está mi
acto’. Y nuestra Divinidad, viendo en nuestra Voluntad Divina extendida la adoración, el amor
de su criatura, encuentra su apoyo en su Inmensidad, en cualquier punto quiere apoyarse;
entonces sentimos nuestra adoración profunda que la criatura nos ha puesto en nuestra
Voluntad y nos apoyamos y reposamos, sentimos que dondequiera nos ama y nos apoyamos
en su amor, y así de sus alabanzas y bendiciones. Así que la criatura en nuestra Voluntad se
vuelve nuestro apoyo y nuestro reposo, no hay cosa que más nos agrade que el encontrar
nuestro reposo en nuestra criatura, símbolo del reposo que tomamos después de haber creado
toda la Creación.
(6) Además de esto, nuestra Divina Voluntad está por todas partes, y Cielo y tierra, y todo,
están llenos hasta el tope de Ella, así que todos son velos que la esconden, pero velos mudos,
y si en su mutismo elocuentemente hablan de su Creador, no son ellos, sino mi misma Voluntad
escondida en las cosas creadas, habla por vía de signos como si no tuviera palabra, habla en el
sol por vía de signos de luz y de calor, en el viento dando signos penetrantes e imperantes, en
el aire da signos mudos al formarse respiro de todas las criaturas; ¡oh!, si el sol, el viento, el aire,
y todas las otras cosas creadas tuvieran el bien de la palabra, cuántas cosas dirían de su
Creador. En cambio, ¿quién es la obra parlante del Ser Supremo? Es la criatura, Nosotros al
crearla la amamos tanto que le dimos el gran bien de la palabra, nuestra Voluntad se quiso hacer
palabra de la criatura, quiso salir del mutismo de las cosas creadas, y formando el órgano de la
voz en ella formó la palabra para poder hablar, por eso la voz de las criaturas es velo hablante
en el cual mi Voluntad habla elocuentemente, sabiamente, y como la criatura no dice ni hace
siempre la misma cosa, como las cosas creadas que no cambian jamás acción, sino que están
siempre en su puesto para hacer aquella misma acción que Dios quiere de ellos, por eso mi
Voluntad mantiene la actitud continua de la multiplicidad de modos que hay en la criatura.
Entonces, se puede decir que no sólo habla en la voz, sino que se hace hablante en las obras,
en los pasos, en la mente y en el corazón de las criaturas. Pero, ¿cuál no es nuestro dolor al
ver esta creación parlante servirse del gran bien de la palabra para ofendernos, servirse del don
para ofender al donador e impedir el gran prodigio que puedo hacer de gracias, de amor, de
conocimientos divinos, de santidad que puedo hacer en la obra hablante de la criatura? Pero
para quien vive en mi Voluntad, son voces que hablan, y ¡oh! cuántas cosas le voy manifestando,
están en movimiento y actitud continua, gozo la plena libertad de hacer y decir cosas
sorprendentes y cumplo el prodigio de mi Voluntad hablante, amante y obrante en la criatura.
Por eso dame plena libertad y verás lo que sabe hacer mi Querer en ti”.
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