no estuvo”. Es más, quien debía sostenerme y darme un respiro de ánimo lo sentía cambiado,
como si fuera mi más cruel enemigo. ¡Ah! Sí, muy bien puedo repetir con mi dulce Jesús: “Una
jauría de perros me ha circundado para despedazarme y devorarme”. Creo que los cielos han
llorado sobre mi dura suerte, como tantas veces ha llorado conmigo mi dulce Jesús. ¡Oh! cómo
es verdad que sólo Jesús permanece en el dolor y humillaciones, las criaturas saben estar a
nuestro alrededor cuando todo nos sonríe y nos trae alegría y honor, pero cuando sucede lo
contrario huyen y dejan a la pobre víctima sola y abandonada. ¡Oh! mi Sumo Bien Jesús, no me
dejes sola en un periodo tan doloroso de mi vida, o quédate conmigo o llévame Contigo, me
siento ahogada, me faltan las fuerzas, ¡ah, ayúdame, ayúdame oh Jesús! Pero lo que más me
atormenta son las mismas luchas que debo sostener con mi dulce Jesús; por causa de la
publicación de la Divina Voluntad me acusan al Santo Oficio de cosas que yo no conozco, ni
donde habitan, ni donde están, y están lejanas de mí tanto como el cielo de la tierra; hace
cuarenta años que vivo en la cama, se puede decir que soy una pobre sepultada en vida, la
tierra no la conozco, no recuerdo haber tenido jamás amor al interés, mi dulce Jesús ha vigilado
siempre mi corazón y me lo ha tenido en pleno desapego, sean siempre dadas las gracias al
Señor; han acudido también al Santo Oficio por la venida del sacerdote que viene a llamarme a
la obediencia en el estado de mis sufrimientos, por consiguiente imposiciones y prohibiciones.
Debido a esto, aquí se inicia una lucha con mi amado Jesús, yo le ruego que me libere o bien
que todo lo hiciera Él, esto es, el hacerme caer en las penas y el liberarme cuando a Él le agrade.
Y Jesús todo bondad decía:
(2) “Hija mía, ¿pero crees tú que no lo puedo? Lo puedo, pero no lo quiero, a Mí me cuesta
más el querer que el poder, para Mí el poder es nada, en un instante puedo hacer cielo y tierra,
en otro instante lo puedo destruir, tanta es la fuerza de mi Poder, pero destruir un acto de mi
Querer, ni lo quiero ni lo puedo, destruiría el orden de los actos de mi Voluntad, que desde la
eternidad han sido establecidos por la Divinidad, iría contra mi sabiduría, contra mis mismos
designios, contra mi amor, actuaría no como Dios sino como hombre, que fácilmente cambia
según las cosas son de su gusto o disgusto, y si le parece y le agrada. Yo soy el Inmutable, y
no cambio en los designios y actos que ha establecido hacer, con suma sabiduría, mi Santa
Divina Voluntad. Y además, no obraría como Dios, sólo porque han querido acusarte de negras
calumnias sirviéndose de su autoridad y malvada perfidia, hasta llegar al Santo Oficio, (porque
ahí se llega cuando un mal llega al exceso, y que ninguna otra autoridad puede poner remedio,
y sólo por esto se ve suma perfidia) ¿Yo debería cambiar mis designios y los modos que por
tan largos años he tenido sobre ti? ¡Oh! si tú supieras qué dolor han dado a mi corazón, que no
pudiendo soportar el desgarro, estoy obligado a golpear a todos aquellos que han contribuido a
una acusación tan negra, y no creas que lo haré propiamente hoy, sino que a tiempo y
circunstancia mi Justicia está armando su brazo en contra de ellos, ninguno, ninguno será
perdonado, es demasiado el dolor que me han dado”.
(3) Y yo: “Amor mío, si Tú me dejas caer y no me ayudas a liberarme, ¿cómo haré? Tú no
quieres cambiar tus modos que has tenido sobre de mí, y si la autoridad, que quieren
diversamente, no querrán ceder a lo que Tú quieres, ¿cómo haré? Al menos asegúrame que
me llevas al cielo y quedaremos Tú, yo y ellos, todos contentos; no ves en qué laberinto me han
puesto, soy la acusada, la condenada, como si hubiese llegado a ser la criatura más infame que
existe sobre la tierra, y una maldición llueve sobre mi pobre existencia. ¡Jesús, Jesús, ayúdame,
no me abandones, no me dejes sola, si todos han sido tan bárbaros que me han dejado, no me
lo harás Tú! ¿No es verdad, oh Jesús?” Y era tanto mi dolor que rompía en llanto amarguísimo,
y Jesús desahogándose en llanto también Él, me decía:
(4) “Hija mía buena, ánimo, tú debes saber que mi Voluntad Divina obra en dos modos, en
modo querido y en modo permisivo; cuando obra en modo querido son designios que cumple,
santidad que forma, y la criatura que recibe este acto querido de mi Voluntad, lo recibe dotado
de luz, de gracia, de ayuda, nada debe faltar a esta afortunada criatura para cumplir este acto