querido por mi Voluntad. En cambio cuando obra en modo permisivo, y esto sucede cuando las
criaturas con el libre albedrío de la voluntad que tienen, buscan atar las manos al Omnipotente,
como en esto que quieren de ti, que quieren cambiar las cosas a su modo y no como Yo con
tanto amor y para bien de todos he dispuesto hasta hoy, y me obligan a obrar en modo permisivo,
y mi Voluntad permisiva es, con justicia y castigo, enceguecedora, y quién sabe a donde irán a
precipitarse; así que obraré con mi Voluntad permisiva. Ya que no quieren en el modo querido
por Mí, te tendré suspendida del estado de víctima, y mi Justicia no encontrando su apoyo, se
desahogará libremente contra las gentes, estoy haciendo el primer giro por todas las naciones,
tanto que frecuentemente te suspendo del estado de víctima porque te veo demasiado
amargada por causa mía y por causa de lo que quieren, y por tanta perfidia que han tenido
contra ti, y al verte así tan amargada no me da el corazón ponerte en tu habitual estado de
penas, que tú con tanto amor recibías, y Yo con amor más grande te comunicaba; por eso paso
adelante, pero si tú supieras mi dolor, y en mi dolor voy repitiendo: ‘Ingratitud humana, cómo
eres horrenda’. Y estoy por reemprender el segundo giro de los castigos por todas las naciones,
repitiendo terremotos, mortalidad, fenómenos imprevistos, males de todo género, de arrojar
terror y espanto; los castigos lloverán como neblina densa sobre los pueblos y muchos quedarán
desnudos y en ayunas, y cuando haya terminado el segundo giro, haré el tercero, y donde más
se recrudecerán los castigos, allá serán más encarnizadas las guerras y las revoluciones.
(5) Hija mía, te recomiendo paciencia, ¡ah! no me des el dolor de que tu voluntad se opone a
la mía, recuerda cuántas gracias te he dado, con cuánto amor te he querido para vencer tu
voluntad para hacerla mía; si quieres hacerme contento asegúrame que no harás jamás, jamás
tu voluntad”.
(6) Y yo mientras le aseguro a Jesús que no haré jamás mi voluntad, las circunstancias
presentes son tantas, que vivo con un temor continuo que me envenena continuamente, que
pudiese incurrir en la gran desgracia de no hacer siempre la Divina Voluntad. Dios mío, qué
pena, qué desgarro a mi pobre corazón, mucho más por mi estado inconstante, porque paso
días sin caer en el estado de sufrimientos, y sólo soy torturada porque Jesús me ha dejado, no
tendré más el bien de verlo, y en mi dolor voy repitiendo: “Adiós oh Jesús, no nos veremos más,
todo ha terminado”. Y lloro a Aquél que era para mí más que mi misma vida, y paso dos o tres
días en estas torturas. Y cuando me persuado de que no caeré más en aquél estado de penas,
entonces Jesús de improviso me sorprende y me hace caer en los sufrimientos, y entonces soy
torturada, ¿cómo haré para obedecer? Así que, o en un modo o en otro, siento tal tristeza y
amargura que no sé yo misma cómo puedo continuar viviendo, y en mi dolor espero que mi
dulce Jesús tendrá piedad de mí y llevará a su pobre exiliada a su patria celestial. Sólo te pido
¡oh! Jesús, que pongas fin a esta tempestad, con tu potencia ordena que se calme y dando luz
a quien la ha suscitado, puedan conocer el mal que han hecho, a fin de que se puedan servir
para santificarse.
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Deo Gratias.